miércoles, 1 de julio de 2020
lunes, 29 de junio de 2020
La vela sigue y sigue encendida sin parar.
Ésta mañana le echaba el aceite que necesitaba a nuestra lamparita para
que no dejase de arder. ¡Es tan necesario en éste tiempo! Es ese fuego que arde
y arde y que lleva al Cielo de nuestro pequeño altar de casa, los sentimientos más
hermosos y puros para que no debamos pararle su ardiente llamita. Esa llamita que va cargada de montones
y montones de Rosarios, Letanías, Coronillas, Oración, jaculatorias que rezamos
cada uno de nosotros hacia Dios y a su Madre Inmaculada; a nuestra Madre Santísima que será
la que salve al mundo de tantas y tantas inmundicias. Esa llamita arde cada día y cada noche; arde cada día y lleva todas y cada una de nuestras intenciones y peticiones,
de nuestros esfuerzos, de nuestros trabajos, de nuestras lágrimas, súplicas y
ruegos. Es el fuego más grande del amor que sale de una familia que ama al
Santísimo Amor de Dios nuestro Señor y su Santísima Madre.
Lo demás es nada. ¡De verdad! No sirve para nada. Lo sé de muy buena
tinta.
+Capuchino de Silos
.
domingo, 19 de abril de 2020
…y la vela sigue hasta la noche.
En realidad la vela sigue encendida.
Siempre, desde ese día, "Miércoles de ceniza” se
enciende todos los días antes del rezo del Ángelus, (ahora Regina Coeli). Rezamos
con ella encendida toda la familia; mis hermanos, mi marido, mi hija y yo conectándonos
por wasap. Nos saludamos, hablamos entre nosotros, reímos con alguna
bobada, y cuando va a dar el primer toque de las 12, el reloj de mi hermano el pequeño nos llama al orden como buenos hijos de militar, y comenzamos
saludando a la Virgen.
-REGÍNA Coeli, laetáre, alleluia;
Luego, seguimos rezando el Santo Rosario todos
juntos. Al llegar a la letanía, tomo mi turno y la rezo en latín sin aumento alguno de advocación y sigo con tres Padrenuestros, Avemarías y
gloria.
El primer Padrenuestro por: el Papa, (se oye al
fondo muy bajito: Benedicto), el obispo, las necesidades de la Iglesia y
España.
El segundo por: el Patriarca San José para que
nos conceda una buena y santa muerte.
El tercero por: las almas benditas del
Purgatorio.
Antes de terminar alguien sigue con un “Bendita sea tu
pureza”
A mí me gusta ofrecer algo al Señor y rezo:
“Tomad Señor y recibid…” sin dejar un suspiro para que todos lo hagamos y,
además, subo la voz.
La vela sigue y sigue hasta la noche con su llamita resplandeciente e infinita. No se cansa. Generalmente la apago sobre la una y media o las dos de la madrugada cuando le pido perdón al Señor por todos los pecados de mi vida y las faltas del día que nunca faltan.
¡Qué más quisiera!
Generalmente, a media tarde ponemos música a tope;
¡pero a tope!; cantamos y escuchamos música en la biblioteca que, con
cinco bafles, suena a auditorio importante sin molestar a ningún vecino. Mi marido disfruta como un niño escuchando jazz sentado en el centro de la habitación
para dejarse envolver por la buena música; mi hija y yo, cambiamos a otro
tipo de música y bailamos y bailamos hasta caer rendidas.
¡Oh, Dios mío qué tiempo tan difícil estamos viviendo!
.
viernes, 17 de abril de 2020
Mi buganvilla.
Cuando he abierto mi
blog y veo: “Miércoles de ceniza”; mi vela sigue encendida… le digo a María que
no voy a escribir nunca más.
…y aquí estoy.
Ella me mira fijamente.
No cree lo que le estoy diciendo.
Y, cree
bien.
Mientras he estado meditando un poco sobre lo que está ocurriendo en el mundo, pienso que, si verdaderamente es un castigo permitido por Dios, el mundo entero debería darse cuenta que se vive mucho mejor así. Muchísimo mejor sin lugar a duda. El bullicio de los coches se ha acabado, los árboles brillan muchísimo más porque la lluvia los ha limpiado hasta de pequeñas partículas, y los nuevos retoños recién nacidos, se besan silenciosamente, como la sordina que nos acompaña. Todo es quietud y calma en la calle.
Mientras he estado meditando un poco sobre lo que está ocurriendo en el mundo, pienso que, si verdaderamente es un castigo permitido por Dios, el mundo entero debería darse cuenta que se vive mucho mejor así. Muchísimo mejor sin lugar a duda. El bullicio de los coches se ha acabado, los árboles brillan muchísimo más porque la lluvia los ha limpiado hasta de pequeñas partículas, y los nuevos retoños recién nacidos, se besan silenciosamente, como la sordina que nos acompaña. Todo es quietud y calma en la calle.
Solo una cosa nubla
mi estado de felicidad.
Es no poder asistir
a Misa cada día, confesar de cuando en vez, recibir a Cristo y estrecharlo; y
decirle que esta hormiguita, que apenas se sostiene en el suelo, tiene un rinconcito en su diminuto cuerpo
preparado para que viva y se quede a vivir en él; y en él sigue espiritualmente
con muchas más caídas y faltas que antes. Es lo único que resta mi felicidad.
Miro al cielo. Un
cielo ensortijado entre pequeñas nubes blancas que dejan entrever el azul
siempre brillante y bello donde habitan los ángeles, los santos y el mismísimo
Dios; allá arriba, muchísimos más arriba, casi inalcanzable. En ese instante,
sumerjo mi mente buscando ese huequito azul lo más intenso que encuentro, para
acercarme a lo que más amo. Y…, me doy cuenta que lo tengo a mi lado.
jueves, 27 de febrero de 2020
Miércoles de Ceniza
Doce en punto de la noche, como en el
cuento de La Cenicienta. Así fue llegando mi especial Miércoles de Ceniza. Llegaba
con el silencio y la mejor música que tiene la paz.
Antes, mucho antes, el prado había vestido
muy verde y brillante; como la intimidad y luz que vivía en mí en esa hora
de la noche comenzando la Cuaresma. Así me internaba en ella con la luz apagada
y una vela encendida iluminando mis primeros rezos cuaresmales.
Y… allí al fondo del prado verde, casi como
una gema, se dibujaban diminutas casitas en diferentes tonos de blanco cubiertas
por un manto azul intenso y profundo como el mar; pero... era el cielo que llegaba contando la
tarde en delicioso descanso.
Así llegaba también a mi sedienta alma, esa
gota de Cielo, algo ruborizada, por el exceso de un amor infinito y grande que recibía
como el mejor de los regalos del mismo Altísimo por mandato de Dios y Señor
mío.
¡Cuánto debería amarlo!
¡Cuánto debería amarlo!
+Capuchino de Silos
.https://capuchinodesilo.blogspot.com/view/flipcard
miércoles, 19 de febrero de 2020
La tierra seca
Los espíritus celestes despertaban con sus aleteos mi alma entumecida del sopor
del invierno casi ya pasado. Sostenida por ellos llegaba humildemente a ese nuevo y bendito misterio
que envolvía todo el halo en muda obediencia, bondad y lágrimas de
agradecimiento. Esas lágrimas eran como gotitas que se asientan
suavemente en la tierra y limpian las hierbas sucias y el forraje del mal
tiempo que nadie espera; mi campo se calaba y regaba sin dañarlo.
Dentro, muy dentro, aparecía la gracia hermosísima del Amor más grande, más
sublime y noble, que no espera nada de nada;la ternura que acaricia y
sana el alma más dormida de la tierra; blanda, calma; la hierba brillante en su mismo lugar de siempre.
La respuesta era recogimiento, adoración, oración de súplica de piedad y perdón.
Y…el aliento de tu Espíritu junto a mí más cerca que mi propio ser.
+Capuchino de Silos
viernes, 24 de enero de 2020
martes, 24 de diciembre de 2019
Fundida en Él
Sé que está aquí conmigo, ahora, en este instante, ahí
y allí, en todo lugar donde me encuentro.
Que calma y sosiega mi impaciencia y la falta de
templanza cuando ando tocada por el mundo inquieto que en mí vive.
Comprende más allá de lo que yo pueda comprender y
entender, todo lo que deseo querer y no quiero.
Sabe de mis imperfecciones, de mis debilidades, de mis
dudas, de mis penas, de mis miedos…
¿Qué puedo decir que no sepa lo que mi alma siente y guarda?
Sabe hasta qué punto lo quiero, y puedo quererle y fundirme en Él.
Sabe hasta qué punto lo quiero, y puedo quererle y fundirme en Él.
+Capuchino de Silos
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lunes, 16 de diciembre de 2019
Del pesebre a la cruz
Seguía hojeando mi diario y le comenté a María que aunque estábamos en tiempo de Adviento le iba a leer lo que siempre es necesario tener en cuenta.
-Te leo, le dije.
-Te leo, le dije.
“Hay que pedir la conversión continuamente. Es una
necesidad.
Entrañas de misericordia como las que tiene el Señor y
pedirle a Él la pureza de corazón para que no se meta nada dentro que no sea de
Cristo; todo lo que no sea de Él ¡fuera!
Ser diferentes. Discernir el bien del mal y desechar
lo que sea impedimento.
Vivir en un recogimiento interior manteniendo la
conciencia diferente, distinta, en nuestro santuario interior.
El desprendimiento es darse, desligarse de las cosas
de la tierra y darse a Dios nuestro Señor. La tierra sujeta.
Que la raíz sea profunda es una gracia que hay que
pedirle al Señor.
La estabilidad de corazón es fundirse en Cristo.
Edificar nuestro edificio en Cristo. Si el edificio se
edifica fuera no se mantiene.
El corazón se edifica en Cristo para que se haga
firme, para que se fortalezca en cuerpo y alma, y para que podamos ser sólidos
en Cristo.
Cuando el edificio crece, aguanta y no se desmorona. Tiene
virtudes que el mundo desprecia.
El desprendimiento y la humildad se hermanan y van
juntas por Cristo y hacia Cristo.
El Señor nos humilla de muchas formas continuamente y
perdemos humildad.
Nunca se aprende bien, ni del todo y la soberbia no
puede crecer.
Sentir que no somos nada y que todo nos lo da Él.
¡Danos tu gracia Señor! Con el convencimiento de que no somos nada, que no
valemos nada, que no podemos nada, que no tenemos nada; pero Dios viene en
nuestro auxilio. ¡Señor, me tienes que ayudar porque no tengo nada!
El Señor es muy celoso. Nos quiere solos, sin nadie.
Todo es personal. Nos quiere para Él. Todo lo que nos
dice es personal.
Hay que despreocuparse. Quitarse de encima la propia
salud. Los pájaros no se preocupan. El Señor los cuida como cuida el campo.
¿Cómo no nos va a cuidar a nosotros y por la propia salvación? La salvación es
de Dios porque Él quiere. Él lo sabe.
Tiene un plan para nosotros. Debemos seguirle, amarle,
servirle; lo demás nos lo da Él.
El deseo nos viene de Dios. Dios es el que nos
santifica y pone cada cosa en su sitio. Lo accesorio no importa. Lo que importa
es estar pendiente de Cristo con libertad de espíritu.
Dios ofrece todo su cuerpo con su muerte. Desprendido
de las cosas de la tierra. El sacrificio que nos puede pedir es seguirlo con la
cruz de cada día. En ella está la vida y el consuelo. Participar en la pasión
del Señor que nos toque para completar su pasión.
Pedirle que nos conceda sabiduría encajando la cruz
con la esperanza de la Vida Eterna”
Amén
María, muy callada, contemplaba un cuadro de la Virgen
que tengo en el salón. De repente susurró:
-Santas palabras que dulcifican y llenan el alma para
poder amar al Señor más y con más fuerzas. Las meditaré en estos días.
+Capuchino de Silos
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sábado, 7 de diciembre de 2019
¡Un sello!
Ni un minuto pasó cuando me encontré leyendo en una libreta muy usada y cochambrosa algo que había escrito años atrás.
No era mío, pero me
pertenecía. Estaba escrito por mí con letra casi ilegible.
Entre otras muchas
cosas leí:
“Nunca estamos
convertidos del todo. No tenemos tope porque el Señor siempre tira de nosotros
en las Misas, en el Rosario, cuando rezamos; tenemos tendencia a no hacerlo
porque creemos haberlo hecho todo. Eso creemos.
Examinemos.
La llama debe estar
siempre limpia y el aceite debe ser cambiado por uno limpio.
Nos dormimos porque
la virtud no llega, y es que hay que recargar la llama y el aceite.
La puntualidad no es
virtud porque el Señor tarda en venir. No llega.
Buscar la
perfección. Limpiar la llama y el aceite.
Convertirnos
continuamente… ¡Señor dame…!
Es Padre porque
perdona, porque ama… y un día será el final.
Seamos los mismos,
pero nuevos, renovados…
Cualquier tiempo es
intensa actividad en todo.
Buscar el Reino de
Dios y su Justicia. ¡Dios está tan cercano!
Convertirse es dejar
de vivir como hacen todos, aunque sea incómodo. Un nuevo estilo de vida.
Estamos en un mundo
peligroso para que todos seamos iguales, y, ante el Señor, no somos iguales.
Nos quiere diferentes. Se interesa por cada uno de nosotros y no nos quiere
vulgares.
Tener signos diferentes.
Mi vida es distinta
a otra.
¡Distinción!
Calidad superior a
la vulgaridad.
¡Un sello!
El cristiano debe
ser un alma diferente y distinta.
Tener un ¡sello!; el
modelo, para que Él nos configure y modele. Las señales de Cristo Jesús,
parecidas a Cristo Jesús, como una victoria, como una gloria.
Cuando se es cristiano
no somos vulgares y tenemos que recuperar su sello: ¡la distinción! La
distinción no se borra nunca. Sin Dios somos nada. Nos volvemos polvo.
El pecado tapa,
sepulta.
Pidámosle al Señor
su gracia, un Jubileo de Misericordia.
Es algo muy profundo
el Corazón de Jesús que está herido por nosotros.
Reclinar nuestra cabeza en el pecho de Cristo como alma enamorada,
con confianza, sin explicaciones porque se hizo hombre para y por nosotros. Un
corazón que nos espera en conversión con la actitud y caridad del sello
cristiano"
+Capuchino de Silos (apuntes de mi diario)
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