martes, 24 de diciembre de 2019

Fundida en Él




Sé que está aquí conmigo, ahora, en este instante, ahí y allí, en todo lugar donde me encuentro.
Que calma y sosiega mi impaciencia y la falta de templanza cuando ando tocada por el mundo inquieto que en mí vive.
Comprende más allá de lo que yo pueda comprender y entender, todo lo que deseo querer y no quiero.
Sabe de mis imperfecciones, de mis debilidades, de mis dudas, de mis penas, de mis miedos…
¿Qué puedo decir que no sepa lo que mi alma siente y guarda?
Sabe hasta qué punto lo quiero, y puedo quererle y fundirme en Él.



+Capuchino de Silos




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lunes, 16 de diciembre de 2019

Del pesebre a la cruz



Seguía hojeando mi diario y le comenté a María que aunque estábamos en tiempo de Adviento le iba a leer lo que siempre es necesario tener en cuenta. 
-Te leo, le dije.
“Hay que pedir la conversión continuamente. Es una necesidad.
Entrañas de misericordia como las que tiene el Señor y pedirle a Él la pureza de corazón para que no se meta nada dentro que no sea de Cristo; todo lo que no sea de Él ¡fuera!
Ser diferentes. Discernir el bien del mal y desechar lo que sea impedimento.
Vivir en un recogimiento interior manteniendo la conciencia diferente, distinta, en nuestro santuario interior.
El desprendimiento es darse, desligarse de las cosas de la tierra y darse a Dios nuestro Señor. La tierra sujeta.
Que la raíz sea profunda es una gracia que hay que pedirle al Señor.
La estabilidad de corazón es fundirse en Cristo.
Edificar nuestro edificio en Cristo. Si el edificio se edifica fuera no se mantiene.
El corazón se edifica en Cristo para que se haga firme, para que se fortalezca en cuerpo y alma, y para que podamos ser sólidos en Cristo.
Cuando el edificio crece, aguanta y no se desmorona. Tiene virtudes que el mundo desprecia.
El desprendimiento y la humildad se hermanan y van juntas por Cristo y hacia Cristo.
El Señor nos humilla de muchas formas continuamente y perdemos humildad.
Nunca se aprende bien, ni del todo y la soberbia no puede crecer.
Sentir que no somos nada y que todo nos lo da Él. ¡Danos tu gracia Señor! Con el convencimiento de que no somos nada, que no valemos nada, que no podemos nada, que no tenemos nada; pero Dios viene en nuestro auxilio. ¡Señor, me tienes que ayudar porque no tengo nada!
El Señor es muy celoso. Nos quiere solos, sin nadie.
Todo es personal. Nos quiere para Él. Todo lo que nos dice es personal.
Hay que despreocuparse. Quitarse de encima la propia salud. Los pájaros no se preocupan. El Señor los cuida como cuida el campo. ¿Cómo no nos va a cuidar a nosotros y por la propia salvación? La salvación es de Dios porque Él quiere. Él lo sabe.
Tiene un plan para nosotros. Debemos seguirle, amarle, servirle; lo demás nos lo da Él.
El deseo nos viene de Dios. Dios es el que nos santifica y pone cada cosa en su sitio. Lo accesorio no importa. Lo que importa es estar pendiente de Cristo con libertad de espíritu.
Dios ofrece todo su cuerpo con su muerte. Desprendido de las cosas de la tierra. El sacrificio que nos puede pedir es seguirlo con la cruz de cada día. En ella está la vida y el consuelo. Participar en la pasión del Señor que nos toque para completar su pasión.
Pedirle que nos conceda sabiduría encajando la cruz con la esperanza de la Vida Eterna”
Amén

María, muy callada, contemplaba un cuadro de la Virgen que tengo en el salón. De repente susurró:
-Santas palabras que dulcifican y llenan el alma para poder amar al Señor más y con más fuerzas. Las meditaré en estos días.

+Capuchino de Silos






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sábado, 7 de diciembre de 2019

¡Un sello!


Ni un minuto pasó cuando me encontré leyendo en una libreta muy usada y cochambrosa algo que había escrito años atrás.
No era mío, pero me pertenecía. Estaba escrito por mí con letra casi ilegible.
Entre otras muchas cosas leí:

“Nunca estamos convertidos del todo. No tenemos tope porque el Señor siempre tira de nosotros en las Misas, en el Rosario, cuando rezamos; tenemos tendencia a no hacerlo porque creemos haberlo hecho todo. Eso creemos.
Examinemos.
La llama debe estar siempre limpia y el aceite debe ser cambiado por uno limpio.
Nos dormimos porque la virtud no llega, y es que hay que recargar la llama y el aceite.
La puntualidad no es virtud porque el Señor tarda en venir. No llega.
Buscar la perfección. Limpiar la llama y el aceite.
Convertirnos continuamente… ¡Señor dame…!
Es Padre porque perdona, porque ama… y un día será el final.
Seamos los mismos, pero nuevos, renovados…
Cualquier tiempo es intensa actividad en todo.
Buscar el Reino de Dios y su Justicia. ¡Dios está tan cercano!
Convertirse es dejar de vivir como hacen todos, aunque sea incómodo. Un nuevo estilo de vida.
Estamos en un mundo peligroso para que todos seamos iguales, y, ante el Señor, no somos iguales. Nos quiere diferentes. Se interesa por cada uno de nosotros y no nos quiere vulgares.
Tener signos diferentes.
Mi vida es distinta a otra.
¡Distinción!
Calidad superior a la vulgaridad.
¡Un sello!
El cristiano debe ser un alma diferente y distinta.
Tener un ¡sello!; el modelo, para que Él nos configure y modele. Las señales de Cristo Jesús, parecidas a Cristo Jesús, como una victoria, como una gloria.
Cuando se es cristiano no somos vulgares y tenemos que recuperar su sello: ¡la distinción! La distinción no se borra nunca. Sin Dios somos nada. Nos volvemos polvo.
El pecado tapa, sepulta.
Pidámosle al Señor su gracia, un Jubileo de Misericordia.
Es algo muy profundo el Corazón de Jesús que está herido por nosotros.
Reclinar nuestra cabeza en el pecho de Cristo como alma enamorada, con confianza, sin explicaciones porque se hizo hombre para y por nosotros. Un corazón que nos espera en conversión con la actitud y caridad del sello cristiano"



+Capuchino de Silos (apuntes de mi diario)




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