lunes, 22 de abril de 2019

Esperanza




Uno de los paraguas se volvió y como era casi imposible salir por culpa del viento entramos en casa esperando a que escampara. No escampó. María seguía encontrándose mal pues la lluvia le recrudecía el asma aparte de todo lo demás. Estaba muy pálida y desmadejada. Así que preparé un café y nos sentamos en el salón.
Me puse a leerle un fragmento del gran poeta Charle Pèguy sobre la esperanza que renace sin cesar en nuestro corazón.

“Se preguntan, se dicen. Pero cómo es posible
Que esta fuente de la Esperanza fluya eternamente.
Fluya eternamente.
Eternamente joven, eternamente pura.
Eternamente fresca, eternamente fluida.
Eternamente viva.
De dónde toma esta criatura tanta agua pura, tanta agua clara.
Tanto caudal, tanta corriente.
¿Acaso lo crea ella? ¿Constantemente?
-No-dice Dios-. Sólo Yo creo.
-Entonces, de dónde toma tanta agua.
Para esta fuente viva.
Cómo es posible que esta fuente eterna
Mane eternamente.
Que ese manantial eterno
Corra eternamente.
Algún secreto ha de encerrar.
Algún misterio.
Para que a esta fuente no la enturbien eternamente las fuertes y densas lluvia del otoño.
Para que no la agoten eternamente los ardientes ardores de julio.
-Buenas gentes –dice Dios-, no es tan difícil.
Si hubiera querido formar manantiales puros con agua pura.
Manantiales de agua pura.
Nunca habría hallado suficiente en (toda) mi Creación.
Porque no hay suficiente.
Pero son precisamente las aguas malas con las que forma manantiales de agua pura.
Y por eso nunca falta.

Y por eso también es la Esperanza.

Entonces cómo se las ingenia para hacer agua pura con aguas malas
Agua joven con agua vieja,

Días jóvenes con días viejos.
Agua nueva con agua usada.

Fuentes de agua vieja,
Almas frescas con almas viejas.

Fuentes de alma con el alma vieja.
Agua fresca con agua tibia.

Ay del que sea tibio.

Mañanas jóvenes con noches viejas.
Almas claras con almas turbias.

Agua clara con agua turbia.
Agua, almas niñas con almas gastadas.

Almas que se levantan con almas que se acuestan
Almas que manan con almas estancadas.

Cómo lo consigue, cómo se las ingenia,
Ese es, hijos míos, mi secreto.
Porque Yo soy su Padre.

Almas nuevas con almas ya usadas
Días nuevos con días ya usados.

Almas transparentes con almas turbias.
Almas que se levantan con almas que se acuestan.
Días transparentes con días turbios.

Si fuese con días transparentes con los que hace días transparentes.
Si fuese con las almas, con el agua clara con la que hace fuentes.
Con agua clara con la que hace agua clara.
Si fuese con el alma pura con la que hace agua pura,
Entonces no sería difícil. Todo el mundo podría hacer lo mismo. Y no habría secreto.



Pero es con un agua impura, un agua envejecida, un agua cualquiera.
Pero es con un alma impura con la que hace un agua pura y es el más hermoso secreto que existe en el jardín del mundo”.

+Charles Péguy






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miércoles, 10 de abril de 2019

"La espera"


Boceto para un cuadro que hice - C. Alcántara

"Mi vida camina hacia el ocaso.

Estoy cansado, extenuado de la larga lucha.
Dios es la luz. He luchado por entrar en posesión de la Luz de Dios.
"Y será: al tiempo de la tarde habrá luz", así el profeta cuando habla de "Día del Señor".
Años, decenios de espera, de luchas, de búsqueda angustiosa.
Siempre orientado hacia el Eterno, el alma rebosando de poesía religiosa, peregrino de Dios, sediento de Dios.
Claridades deliciosas y sombras alargadas.
Qué se ocultase detrás  de estos contrastes de vivos destellos de luz y oscuridades densas, yo mismo lo ignoraba.
Yo llegaba, como peregrino de Dios, hasta las mismas puertas del Eterno, y las encontraba cerradas. Alguna vez, en un momento de Gracia, se entreabrían e instantáneamente volvían a cerrarse.
¡Qué tristeza! "Sentimiento" es "movimiento".
Mi alma estaba en movimiento, a veces en movimiento acelerado, pero ¿hacia qué meta? Yo no lo sabía. Hoy lo sé.
¡Qué difícil era este vagar sin rumbo! Estás aquí, estás cumpliendo tus obligaciones, mientras tu alma está lejos de ti. Al terminarse tu jornada, impregnada quizá de amargura, te preguntas: ¿Dónde reclinaré mi cabeza cansada?
¡Cuánta tristeza! La golondrina tiene un nido. También mi alma va en busca de una casa.
Ver ahí las lágrimas: gotas de rocío; caen sobre el fondo de tu alma ardiente, y se secan. Fíjate bien: el suelo está mojado, y, sin embargo, no despunta ninguna florecilla.
Llega la primavera.

María sentada, escuchaba atentamente el relato del bello libro de Zolli. 
Abstraída y muy seria me hizo callar con su gesto".


+Eugenio Zolli






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