
sigue el frío, pero aquí donde
vivo no llega la nieve. No podemos soñar ni disfrutar con ese velo blanco lleno
de pureza que lo cubre todo. ¡Lástima! No se debería perder esa inclinación
natural que nos lleva a disfrutar de todas las grandes y pequeñas cosas por
ínfima que éstas sean. Sí, no se debería perder, y aún en los peores momentos de
nuestra vida, deberíamos tener un pequeño resquicio por donde escapar para dar
riendas sueltas a ese deseo irrealizable, a esa esperanza, a ese pequeño gran sueño.
Cualidad que puede ser para algunos, y un
defecto para otros. Lo que sí es verdad es que esa ilusión para “volar” debería
vivir entre nosotros sin que tengamos que tener en cuenta la realidad.
Hoy, navegando por internet,
me encontré con ésta preciosa casita de madera que la nieve vistió de blanco por
entero. Ya en primavera mostrará otro aspecto igualmente bello y descubrirá esplendorosamente
toda su belleza y todo su color; ahora, sigilosamente lo guarda en su interior como
un auténtico tesoro.
Los cimientos de la casa son
los propios árboles. La sostienen en vilo y la mantiene en volandas, casi en el
aire, como si de una maravillosa leyenda se tratase.
Es casi seguro, que quien
la realizara era una persona fantasiosa, romántica, que ama el silencio, sueña
y que hizo posible sus más bellos deseos.
+Capuchino de Silos
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