domingo, 26 de noviembre de 2017

Dejando un sobre.



Se alejaban los pasos y dejaron un sobre sin cerrar, debajo de la puerta.
Era de mi amiga. Le di la vuelta y leí: “Luego vuelvo para que vayamos a Misa de 12. La niña se ha caído y se ha herido en la rodilla. La llevo a urgencias.
Puedes leer el interior. Hoy es la fiesta de Cristo Rey. No te olvides.
Abrí el sobre y con su letra algo nerviosa, leía:

Me consagro a ti ¡Oh dulcísimo Señor, Salvador del mundo y creador de todas las cosas!
¡¡¡Perdóname Señor y Rey mío por todos los pecados cometidos a lo largo de toda mi vida!!!
Me dirijo a ti con la humidad que quisiera tener, pero que no sé si alguna vez tengo.
Sea, o no sea así, en todo momento se haga tu santísima voluntad para poder darte gracias de la mañana a la noche.
¡¡¡Estoy viva Señor!!! Pude haber muerto, ¡Tú lo sabes! Me quieres aquí y aquí me encuentro con ganas de darte LO MEJOR de mí y agradecerte todo lo que me das cada día y lo que me has dado siempre, que es todo.
Darte, darte, darte quiero, sin pedirte nada.
Darte mi amor que nunca será algo.
Darte mi pensamiento, que vuela como lo hace el aire con furia y lleva a caídas una tras otra; ¡parece que no tenga ningún arrepentimiento!
Darte mi trabajo, Señor, que por más que quiera, nunca será lo suficientemente digno.
Darte mis penas y sufrimientos, también mis alegrías Señor…ponerlo todo a tus benditos pies, sin esperar nada más que poder tenerte, no abandonarte, no ofenderte… Cada noche te digo y cada día te ofendo. ¡¡¡Perdóname, Señor!!! No tengo arreglo.
Si me llega tu gracia, que sea para amarte con todas mis fuerzas. Ayúdame para que nunca sea yo, sino Tú quien reine en mi corazón.
Me consagro a ti Señor y Rey mío. Ayúdame a renovar esta consagración cada día para vivir dentro de tu Sacratísimo Corazón.
Ten piedad de todos los que te desprecian y se alejan de ti. ¡No te conocen! de todos los que te han abandonado, de los que pasan hambre y mueren sin haberte conocido. Socorre a los más necesitados.
La Santa Iglesia parece haber perdido la fe que Tú tanto desearía que tuviese.
Haz que ella brille en toda la tierra y pueda vivir el auténtico Evangelio.
Amén


La leí haciéndola mía también, y, mentalmente agregué algunas cosas más que quedaban para Él y para mí. 

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!



+Capuchino de Silos


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martes, 21 de noviembre de 2017

“… y serás así como huerto de regadío”


¿Lo crees?
Sí lo creo. En los seguidores del recogimiento.

Siempre confiada, contestaba que cuando las personas son devotas cierran las ventanas de los sentidos. Antes de eso, decía, el entendimiento queda entre sombras, oscuridades y desórdenes, pero si se recoge como se debe, esas sombras y oscuridades se vuelven más clara que antes habías visto, donde el Amor perfecciona, afina y pule la piedra más rugosa para llenarla de resplandores y luminosidades. No se conoce nada mejor ni nada igual. Así se llega al más puro y amado descanso queriendo volver de inmediato a él y  seguir buscando las fuerzas perdidas y liberarse de las debilidades, imperfecciones e impotencias.
Muchas cosas se pueden con Él, seguía diciendo. Él no se niega nunca. Jamás. Siempre da mucho más de lo que uno puede pedir. El alma recogida es como una fuente que emana sin cesar. Tiene tantos caminos como afluentes pueda tener un río, y si se está a solas dentro de la concha, mucho mejor. El corazón desea recogerse como haría un tímido caracol.
¿Cómo va a llenar el cielo y la tierra y dejar un corazón vacío? Viste los campos de flores, da de comer a las aves, cuida a los gusanitos, y, ¿se va a olvidar de lo que más quiere?
¿Qué es bueno llorar?  Diría que sí, que las lágrimas limpian los ojos que antes han estado empeñados. Quedan limpios y se puede mirar con claridad la serena y plácida lumbre que calienta el alma recogida en ese Espíritu de Dios. Él la va guiando. Les suele suceder a estas almas, lo mismo que ocurre antes de que llueva; todo el paisaje suele estar turbio y oscuro, confuso y borroso; más cuando llueve todo queda más claro, alegre y sereno. Es cuando todo se muestra brillante descubriendo su auténtica belleza; así ocurre después que las lágrimas han manado de nuestros ojos; desaparece la oscuridad y tiniebla, y queda tanta claridad en el interior del alma que todo aparece claro y cristalino como el agua más pura y limpia.

+Capuchino de Silos




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