Hoy he soñado con los geranios de mi
madre y el pan con chocolate que nos daba de merienda mientras la observaba
después de la siesta. No los perdía de vista un solo instante. Los geranios,
digo. Los miraba, les hablaba, como si fuesen, (que eran), lo más hermoso de la
casa. Mirar cualquier rincón de “mi respiro” como ella lo llamaba, era un sueño
en colores. Sólo, como un rey de los de nunca, en un espacio suficiente para
prestarle toda atención, había un jazmín bello como un adonis y cuidadísimo que
echaba unos jazmines tan grandes que parecían margaritas del campo. El jazmín
era de mi padre exclusivamente; lo adoraba. Cada día lo regaba con verdadero culto y
cuidado. Era todo un rito. Recogía los jazmines para su estampa del Sagrado
Corazón que tenía debajo del cristal de su mesa y con esas pequeñitas flores
blancas perfumaba las noches calurosas del verano. También había una jaula
grande donde vivían gozando dos periquitos; ellos también les pertenecían, y,
cuando vio en el suelo de la jaula el primer huevo, lanzó tal grito que mi
madre tuvo que sentarse del susto.
Pero hablaba del sueño de los geranios.
De los geranios que muchos tenían, pero no tantos como tenía ella. Siempre que
me invitaba a salir era por puro interés, y yo consentía porque me gustaba
tanto como a ella. Nos íbamos a Triana, un barrio sonado y querido
de Sevilla como sonada y querida es Sevilla. Los trianeros dicen que quieren a
la Virgen más que nadie, porque los trianeros quieren más que nadie a la
Virgen. Cuidan la sevillanía y a sus gentes más que nadie, porque los trianeros
cuidan la sevillanía y sus gentes más que nadie, y mi madre que lo sabía bien,
estaba al corriente que los balcones más bellos de Sevilla estaban en Triana;
porque eran y son de Triana. Allí no falta de “na”.
Íbamos las dos caminando y mirando los
balcones.
Ah, mira, me decía, ese no lo tengo. Así
que yo subía a la casa y le pedía a la señora de turno: un “tallito” para mi
madre que le gustan los geranios; ya antes le había puesto por las nubes su
balcón que lucía como el más bonito y mejor cuidado de Triana.
Así, pudo reunir en casa más de ciento y pico de
geranios. No los más bonitos de Triana. Los más bonitos de Sevilla.
Lástima,
porque solo los conocimos nosotros.
+Capuchino de Silos
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