jueves, 14 de abril de 2011

La cocina de Capuchino de Silos


        Gazpacho andaluz sevillano para un viernes de Cuaresma.


Cuando el Santo Padre Juan Pablo II vino a Sevilla en 1982 le dieron a probar este plato y quiso llevarse la receta.
Desde entonces se hizo en Vaticano.
Ingredientes:

2 kilos de tomates bien rojos, jugosos y que no sean de pera.
1 pimiento verde.
1 pepino medianito.
2 dientes de ajos grandes o 3 medianos.
1 vaso de los de agua, de aceite de girasol (nunca de oliva).
1 vaso de agua o dos dependiendo del jugo de los tomates.
Sal al gusto.
Vinagre, al gusto.

Realización:

Se pica y se tritura todo muy bien, con thermomix o con minipimer hasta obtener una crema finísima.
Se pasa por el chino (ver foto).

Se compaña, si se quiere, con jamón, huevo, cuadraditos pequeños de pan, uvas, pimientos, tomates y pepinos todo muy picaditos o se toma solo como en la foto.

Se sirve muy, muy frio.



¡¡¡Buen provecho!!!

+Capuchino de Silos


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domingo, 10 de abril de 2011

El Santo Rosario


Paseaba un día el apóstol Santo Tomás por los jardines del cielo, cuando vio pasar un alma que no resplandecía tanto como las demás... y luego vio otra... y una más... De inmediato fue a reclamarle a San Pedro...
Oye, Pedro, ¿por qué andan por ahí algunas almas que luego se ve que no tienen tantas cualidades y virtudes como las demás? Pedro le contestó un tanto nervioso, ya que Tomás era capaz de armarle un escándalo que hasta el puesto le podía costar. ¿Dime por dónde, Tomás? Por todos lados, indicó él quejoso. Vamos a ver -dijo Pedro-, y saliendo de la portería se dirigieron a los jardines.



En efecto, por doquier se veían almas que no resplandecían tanto. Sin embargo se veían felices de estar ahí.


Pues mira, esos no han pasado por la puerta. Yo no los hubiera dejado entrar... puntualizó Pedro. Pues entonces aquí está pasando algo raro, y más nos vale que investiguemos -dijo con determinación Tomás, el cual necesitaba ver el origen de la situación. Decidieron recorrer las vallas del Paraíso, y para su sorpresa encontraron un gran agujero en una de las vallas, la que quedaba más cerca de la Tierra.


¡Caramba! Es por aquí por donde se están colando -dijo con aire triunfal Tomás-. El que hizo esto, lo va a pagar caro con nuestro Dios, que aunque bueno, es muy justo... sentenció Pedro. Se acercaron ambos al agujero, y con sorpresa descubrieron que había atado de ahí un inmenso rosario que llegaba hasta la Tierra, y muchas almas por ahí venían subiendo.


Ambos apóstoles se giraron con cara de sorpresa y consternación... Tras un silencio, Pedro dijo: Ay, María no ha cambiado nada. Desde que la conocí en Caná supe que era de esas personas que no dejan de ayudar... (Jn 2, 1-11) Tomás resignado dijo: Si ni su Hijo se le escapa. ¿Te acuerdas de que no quería hacer el milagro de las bodas de Caná y con una sola mirada de Ella accedió? Pedro concluyó diciendo: Mira, Tomás, tú y yo no hemos visto nada....


¿Vosotros también?, resonó una voz que los sobresaltó... Con cara de asustados se volvieron hacia el Señor y percibieron una grata sonrisa. Él les dijo: "No os preocupéis... Son cosas de Mamá".


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jueves, 7 de abril de 2011

Irradiar a Cristo


Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que yo vaya, inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida; penetra en todo mi ser y toma posesión de tal manera, que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya.
Quédate en mi corazón con una unión tan íntima, que las almas que tengan contacto con la mía, puedan sentir en mí tu presencia y que, al mirarme, olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo. Así podré convertirme en luz para los otros.
Esa luz, oh Jesús, vendrá de Ti; ni uno solo de sus rayos será mío: yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines a las almas a través de mí.
Déjame alabarte en la forma que es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas.
Déjame predicar tu nombre con palabras o sin ellas… con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la sobrenatural influencia evidentemente del amor que mi corazón siente por Ti”.


Oración escrita por el Beato John Henry Newman


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martes, 5 de abril de 2011

Alcanzando la luna

Fotógrafo profesional y periodista científico, Laurent Laveder creó la serie Moon Games, compuesta por diversas imágenes que muestran personas interactuando con la Luna. Capturando las escenas por un ángulo específico, el artista hace parecer que el satélite está realmente al alcance de las manos de nosotros, que posando para las cámaras del artista, juegan o posan con la taza de café.
Especializado en fotos del cielo, Laveder forma parte del colectivo The World At Night, que reúne a 30 de los mejores astro fotógrafos del planeta.










¿Verdad qué es precioso?

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sábado, 2 de abril de 2011

...volviéndome diminuta para poder entrar.


Esta es la casita de muñeca que imaginé elaborando uno a uno todos los enseres que hay en ella hace ya muuuuchos años.


Fueron momentos inolvidables, (más de tres meses), los que pasé convirtiéndome en personaje pequeñito recorriendo la casa de arriba abajo para poder entrar equipando toda la casa.


Un día hacía la cama donde descansaría y dormiría mis dulces sueños. Otro, la cómoda donde podría colocar la lencería, la colcha de encajes, la butaca, los cojines, las lámparas con su instalación para darle luz a todos los cuartos, los cuadros, que fueron muchos; así hasta acabar por completo esa habitación y comenzar con otra.


Cada vez que finalizaba un mueble, un cuadro, una cortina, una alfombra, una silla, una mesa, un chinero, un platito con su taza o cualquier otro utensilio, me volvía pequeñita, pequeñita, para poder así entrar en aquel lugar encantado para colocarlo.


Y saltaba de alegría allí dentro de mi fantasía mirando extasiada, arrastrada por mis sueños y viviendo la creación de mi propio cuento donde todos los personajes eran diminutos.

Era genial hacerse pequeñita. Disfrutaba enormemente soñando a ser pequeña para poder leer en aquel sofá o tomarme un chocolate sentada en la cocina escuchando al canario colgado en la ventana.



Cuando salía de aquél pequeño gran espacio y volvía a la realidad, me entristecía porque se acababa la ilusión vivida. Aquél lugar donde todo era cálido único y maravilloso para mí.



 Recuerdo como comencé a darle vida a aquel sueño de madera. Alguien me regaló un piano de cola en miniatura y pensé que había que colocarlo en un lugar para que no se estropease.

Este era el dormitorio con camita de "hierro" y colcha y cojines de encajes.




Colgado en la ventana de la cocina se encuentra Pavaroti, el canario.


Excepto los elementos importantes, el resto los realicé para que la casa tuviese un cuarto de baño bien equipado.



El piano era precioso; sonaba cromático todo él nota a nota.


Y soñé con hacerle una casita adaptada a sus dimensiones para colocarlo en el lugar preferente de aquel delicado ensueño. Le hice un estudio. Un estudio donde también había una mesa de trabajo, dos muebles bibliotecas y una mesita auxiliar con su butaca, aparte de un Van Gogh colgado en la pared Era el lujo de la casa, pues desde el ventanal salías a tomar el sol a la gran terraza.  


Quedó totalmente amueblada y perfilada para que mi pequeño personaje pudiese vivir cómodamente.

...volviéndome diminuta para poder entrar.

+C.


Casita, muebles y fotografías: Capuchino de Silos

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lunes, 28 de marzo de 2011

La figura del sacerdote


Cuando se piensa que solamente un sacerdote puede perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios...


Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote...


Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él...


Cuando se piensa que un sacerdote, cuando celebra en el altar, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios...


Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese pan y ese vino, y que eso puede ocurrir, porque están escaseando las vocaciones sacerdotales, y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese Pan, y no habrá quien se lo dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos...


Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales...


Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal...


Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se reflejaba en las leyes...


Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación...


Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo...


Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable...


Uno comprende que más que una iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado...


Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor...


Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre, que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la Tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

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viernes, 25 de marzo de 2011

Sólo el amor vence


"Soy Lucía Vetruse, una de las novicias violadas por las milicias serbias. Le escribo sobre lo que me ha acaecido a mí y a las hermanas Tatiana y Sendria. Permítame que no le dé detalles. Ha sido una experiencia atroz que no se puede comunicar más que a Dios, a cuya voluntad me entregué cuando me consagré a Él con los tres votos.

Mi drama no es sólo la humillación que he sufrido como mujer, ni la ofensa irreparable hecha a mi opción existencia y vocacional; sino la dificultad de insertar en mi fe un acontecimiento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad permisiva de Aquel a quien yo continúo considerando mi Esposo divino.
Había leído pocos días antes los Diálogos de carmelitas, de Bernanos, y me había surgido espontáneamente pedir al Señor morir mártir. Él me ha tomado la palabra, pero, ¡de qué manera!. Me encuentro ahora en una angustiosa oscuridad interior. Ellos han destruido mi proyecto de vida –que yo consideraba definitivo- y me han trazado de improviso otro nuevo que aún no acierto a descubrir.
Le escribo, madre, no para recibir su consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas mías –ofendidas- y a aceptar la maternidad no deseada...
Mi humillación se suma a la de las demás, y solo puedo ya ofrecerla por la expiación de los pecados cometidos por anónimos violadores y por la paz entre las dos etnias opuestas, aceptando la deshonra sufrida y entregándola a la piedad de Dios.
No se asombre de que le pida compartir conmigo unas gracias que pudiera parecer absurda. He llorado en estos meses todas mis lágrimas por mis dos hermanos, asesinado por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades. Pensé que ya no podría sufrir muchas cosas más: nunca creí que el dolor pudiera alcanzar tales dimensiones.
A la puerta de nuestros conventos, llamaban cada día centenares de criaturas famélicas, con la desesperación en los ojos. La semana pasada, una joven de dieciocho años me había dicho: “afortunada, usted, que ha escogido un sitio donde la milicia no puede entrar”; y añadió: “usted no sabe qué es la deshonra”. Lo pensé despacio y vi que se trataba del dolor de mi gente; y casi sentí vergüenza al estar excluida de su entorno.
Ahora soy una de ellas –una de tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo destrozado y el alma saqueada-. El Señor me ha admitido al misterio de la vergüenza; es más: a esta hermana suya, le ha concedido el privilegio de comprender hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.
Sé que, de hoy en adelante, las palabras de valor y consuelo que trataré de sacar de mi pobre corazón serán de verdad creídas por la gente, porque mi historia es la suya, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, sino de ejemplo, al menos de confrontación con sus reacciones morales.
Todo ha pasado, madre, pero ahora comienza todo.
En su llamada telefónica, después de decirme palabras de consuelo que le agradeceré toda la vida, me hizo usted una pregunta: “¿qué harás de la vida que te ha sido impuesta en tu vientre?”. Sentí que mi voz temblaba al hacerme esta pregunta, que no podía ser respondida de inmediato –no porque no haya reflexionado sobre la elección que tenía que hacer, sino porque usted no quería turbar con eventuales proyectos mis decisiones.
Lo he decidido ya: si soy madre, el niño será mío y de ningún otro. Lo podría confiar a otras personas, pero él tiene derecho a mi amor de madre, aunque no haya sido deseado, querido. No se puede arrancar una planta de su raíz. El grano que ha caído en una tierra tiene necesidad de crecer allí.
Realizaré mi vida religiosa, pero de otro modo. No pido nada a mi Congregación, que me lo ha dado ya todo. Estoy agradecida a la fraternidad de mis hermanas y a sus atenciones; sobre todo, por no haberme molestado con peticiones indiscretas.
Me iré con mi hijo. No sé adónde, pero Dios, que ha roto de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino que tendré que seguir para cumplir su voluntad.
Seré pobre; retomaré el viejo delantal y me pondré los suecos que usan las mujeres en los días de trabajo; e iré con mi madre a recoger resina de los pinos de nuestros grandes bosques...Haré todo lo posible por romper la cadena del odio que destruye nuestros países. Al hijo que espero le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo, a mi lado, de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

La cocina de Capuchino de Silos


 La cocina de Capuchino de Silo


MIGAS DE CUARESMA. Fáciles pero laboriosas.

Ingredientes para cuatro personas
Pan - 4 kilos
Ajos - 2 cabezas
Aceite - 175 g
Sal - al gusto
Agua - la que admita el pan

Realización:
Se corta el pan en rodajitas o como se ve en la foto con la thermomix y se le va añadiendo el agua, previamente salada al gusto por capas de unos 3 cm y se va aplastando con una espumadera hasta finalizar. Se deja reposar unas dos horas tapando la olla con un paño de cocina bien limpio.
En un recipiente amplio, para poder removerlas bien, se echa el aceite, se espera a que caliente y se le añaden los ajos enteros. Una vez fritos se pelan y se le añaden al aceite juntamente con el pan. Con la espumadera se va dorando y removiendo el pan con los ajos, parando de vez en cuando y tapando, SIEMPRE, con el paño hasta volverlas a trabajar y removiendo sin parar. Esta operación se repetirá las veces que haga falta hasta que las migas estén bien sueltas, doraditas y jugosas.

Se pueden tomar solas o acompañadas con azúcar, chocolate, café, huevos fritos, jamón, chorizo, morcilla, etc. Con cualquiera de estos alimentos están exquisitas.


 
¡¡¡Buen provecho!!!

+Capuchino de Silos


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viernes, 18 de marzo de 2011

Carta de mi amiga María


Los que no me conocíais antes, no podéis saber quién es María.
María es mi mejor amiga, mi amiga del alma de toda la vida. La conozco desde pequeñita. No os digo más que hicimos la Primera Comunión juntas, juntas estudiábamos y juntas jugábamos en el colegio.
Pues María, como la vez anterior, me ha escrito una carta para que la publique en el blog precisamente hoy.

La carta dice así:

Era el día anterior a San José. Me había levantado como cualquier otro día para todos, menos para mí, pues el nudo en la garganta subía y bajaba a gran velocidad de arriba abajo y de abajo arriba como un peso enorme traído del más profundo rincón de mi alma. Un peso revestido de una gran corteza lo cubría molestando desde hacía muchísimos años. Pero estaba convencida y sabía que ese día todo iba a cambiar y ese peso enorme iba a desaparecer gracias a mi querida amiga. Me lo decía el corazón con esperanza, alegría y un nerviosismo tremendo; no lo puedo negar.
Nadie en casa sabía nada y me fui con ella y su marido aquel 18 de marzo a la parroquia donde ellos suelen ir para asistir a la Santa Misa que el sacerdote suele celebrar a las 9.30 los días de labor.
Al finalizar la Santa Misa de aquel día 18, conocí personalmente al sacerdote; me envalentoné y fui a confesar. Desde entonces, mi vida ha dado un cambio radical.
Fue aquella Misa celebrada un domingo a las 12 de la mañana en San Francisco Javier por ese sacerdote, la que me acercó al Señor la primera vez que fui a Misa con mi amiga y su marido; aquel domingo 14 de marzo, que el evangelio hablaba del hijo pródigo. ¡Todo fue providencial!
Y ¿por qué os cuento todo esto? Porque fue ese día, aquel 18 de marzo el que eligió el Señor para que San José, el santo que ama el silencio, me llevase de la mano hacia Él: ese bendito día en el que decidí confesarme después de tantos años de distanciamiento con el Señor para poderlo recibir el 19, onomástica de su santo nombre. Además José también se llama el sacerdote. Todo venía del Señor. Sé que al día siguiente fui a Misa y recibí a Cristo por primera vez después de muchísimo tiempo. Nunca me había sentido más feliz en mi vida. Hoy hace un año de aquel bendito día y quiero celebrarlo de alguna manera, aquí con vosotros.
El año que coronó la década y de la santa mano del bendito padre de Jesús.
Él, que fue el primero en ver el color de los ojos y las lágrimas del Niño al nacer, el primero en oír su llanto, que se estremeció al contemplar la pobreza con la que venía al mundo el ser más grande que habría de nacer en la tierra. Con su padre Jesús aprendió a caminar, a hablar, a leer fijando su mirada en la suya siguiendo sus benditos pasos.
Dios lo escogió para que fuera el padre del Niño y lo escogió, también, para llevarme a mí a sus queridos brazos.
A ti, San José, te eligió Cristo para que yo fuese a postrarme como Mª Magdalena a sus pies arrepentida.
Y yo en este año que ha pasado, como el Niño que tuviste en tus brazos, he tenido que aprender a caminar hacia Jesús, he tenido que aprender a hablar con Jesús y a fijarme en los ojos de Jesús para leer lo que Jesús quiere de mí y crecer en educación espiritual para seguirlo el resto de mi vida.
San José ama a Jesús, pero yo me siento inmensamente querida por Él y por su bendito padre.
A ti, bendito San José, quiero agradecerte haber andado este camino hacia Cristo, para conocerle y amarle intensamente con este inmenso amor que ahora le tengo.

María

+Capuchino de Silos




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