miércoles, 10 de febrero de 2010

Verdadero amor


Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.
Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando se apaga, en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.
El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:
“Mis padres vivieron 55 años casados”
Una mañana mi madre bajaba las escaleras para prepararle a mi padre el desayuno y sufrió un infarto. Cayó.
Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta.
A toda velocidad, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, había fallecido.
Durante el sepelio mi padre no habló, su mirada estaba perdida.
Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él.
En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas.
Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento.
Mi hermano comentó de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella.
Mi padre escuchaba con gran atención.
De pronto pidió: “llévenme al cementerio”
Papá – respondimos-. ¡Son la 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora! Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: “No discutan conmigo, por favor. No discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa durante 55 años”.
Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más.
Fuimos al cementerio y con una linterna llegamos a la lápida.
Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:
“Fueron 55 buenos años…saben”
“Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”
Hizo una pausa y se limpió la cara. “Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis por cambio de empleo, hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad, compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores… hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿Saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera…
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas.
Lo abrazamos y él nos consoló: “Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día”.
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor.
Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas.
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle, ese tipo de amor era algo que no conocían.

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6 comentarios:

  1. Es una narración deliciosa con la que estoy totalmente de acuerdo.
    No se puede entender lo que es la dimensión del amor más allá del deseo y el enamoramiento hasta que no miras a tu pareja y le preguntas
    -¿Me quieres?
    - Claro que te quiero, no ves que hemos envejecido juntos y nos hemos perdonado tantas veces.

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  2. Siempre soñé con llegar a viejecita con mi maridito de la mano y queriéndole cada día más.
    Gracias por tu comentario.

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  3. Querido/a Capuchino/a:

    Me emocionó el relato, sobre todo la escena final en el cementerio.

    Creo que comprendo a qué se referían los estudiantes. Romanticismo sería espontaneidad, entusiasmo, verlo todo siempre claro, y si no dejarlo. ¿Es posible?

    La historia desmiente eso. Seguro que el matrimonio de la historia tuvo sus problemas, sus dudas, sus crisis, y pese a ello siguieron adelante, tantos años. ¿Qué hubiera pasado si cualquiera de los dos, en algún recodo del camino, hubiera dicho "éste ya no me provoca lo mismo que al inicio de nuestra relación"?

    Muy bonito texto, gracias.

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  4. Gracias, Fernando, por tu visita y por tu comentario.
    En el matrimonio siempre hay problemas y quien diga lo contrario miente. Pero se superan si uno comprende, ama y hay generosidad. Entonces es como los bizcochos, que aumenta y aumenta y se convierte en algo maravilloso y dulce.

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  5. Hola Capuchino!
    Me emocionó, porque el matrimonio de mis padres duró casi 50 años...falleció mi mamá.
    Creo en ese tipo de amor....algún dia lo encontraré.
    Un beso!

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  6. Siento mucho el fallecimiento de tu madre. Cuando uno queda huérfano, el corazón se parte en pedazos y no se encuentran palabras de consuelo. Tu madre vivirá siempre en ti, dentro de tu corazón. Lo sé por experiencia.
    Te mereces, Silvia, que encuentres el amor, pero el Amor con mayúscula como el de tus padres.
    Un abrazo ASI de grande.

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