"Salve, cruz vivificante, trofeo invencible de piedad, puerta del
paraíso, consuelo de los creyentes, muralla de la Iglesia. Por ti, la
corrupción ha sido anonadada, el poder de la muerte disipado y abolido, y somos
elevados de la tierra a las cosas celestiales. Tú eres el arma invencible. El adversario
de los demonios, la gloria de los mártires, el verdadero ornamento de los
santos, la puerta de la salvación.
Salve, cruz del Señor, por quien la humanidad ha sido liberada de la
maldición. Tú eres el signo del verdadero gozo. Te veneramos, eres nuestro
socorro, la fuerza de los reyes, la firmeza de los justos, la dignidad de los
pecadores.
Salve, cruz preciosa, guía de los ciegos, medicina de los enfermos, resurrección
de los muertos. Tú nos ha elevado cuando estábamos caídos en el barro. Por ti
se acabó la corrupción y floreció la inmortalidad; por ti los mortales hemos
sido divinizados, y el demonio fue completamente abatido.
Oh Cristo, hoy nosotros, que somos pecadores, veneramos tu cruz
preciosa con nuestros labios indignos. Te cantamos a ti, que has querido ser
clavado en ella, y como el ladrón clamamos: “¡Haznos dignos de tu reino!”
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