viernes, 23 de mayo de 2014
martes, 20 de mayo de 2014
Carta de santa Gema Galgani.
Padre mío: no puede imaginarse la de veces es que en estos días habré
tomado la pluma en la mano para escribirle. Me parece que son muchas las cosas
que tengo que decirle, pero siento tal repugnancia en decirlas, que no se lo
puede figurar. Y hace más de diez días, padre mío, que he recibido que
Jesús el mandato de decirle estas cosas que quiero decirle, pero que ni aún a
Jesús obedezco.
Antes de todo he pedido a las muchas almas buenas que rezasen a Jesús, para
que Jesús antes que nada me diese fuerzas para escribir cosas que tanta repugnancia
me causan; luego, que preparase el corazón de mi padre (si es verdaderamente
Jesús) para que esté dispuesto a contentar al Corazón Sacratísimo de mi Jesús,
y a darle la satisfacción que este Corazón tanto demanda; además... oh,
padre, padre, ahora mismo es tal mi repugnancia, que me parece imposible seguir
adelante. Acabo de estar con monseñor, que me ha dado permiso para
escribirle con toda libertad…
No sé por dónde empezar pero Jesús me ayudará. Hace varios días que después
de la Sagrada Comunión Se deja sentir de tal manera que apenas puedo
resistirlo, y me siento morir; me habla de ciertas cosas, que ha sido necesario
toda la buena voluntad de Jesús para hacérmelas entender. Hará unos diez días
que, apenas recibido, me hizo esta pregunta: "Dime, hija, ¿me amas
mucho?"... ¿Y que responder a esto, padre mío?... El corazón respondió con
sus palpitaciones. "Y si me amas -añadió-, ¿harás cuanto Yo quiero?”...
También a esto el corazón respondió, manifestando el deseo que tenía. “Es un
negocio importante, hija mía: tienes que comunicar cosas grandes a tu
director”… A lo que, padre mío, respondí con estas palabras: “¡Oh, Jesús! –le
dije- por caridad: no mandéis que vaya a monseñor; ya sabéis bien, ¡oh, buen
Jesús! que éste no hace caso de las cosas de mi fantasía”. Y Jesús entonces:
“No, no; quiero que te dirijas a tu padre (su director espiritual el P.
Germán). Espero que él ha de dar a mi Corazón la satisfacción que deseo”.
Y me parece que siguió diciendo: “Hija mía –exclamó suspirando-
¡cuánta ingratitud y malicia hay en el mundo! Los pecadores siguen viviendo
en la pertinaz obstinación de sus pecados. Mi Padre no les puede tolerar por
más tiempo. Las almas viles y flacas no se hacen ninguna violencia para
vencer la carne. Las almas afligidas se amedrentan y desesperan. Las almas
fervorosas poco a poco van cayendo en la tibieza. Los ministros de mi
santuario…” Al decir estas palabras Jesús se paró, y luego prosiguió: “A
ellos a quienes he confiado la continuación de la obra de la Redención…” Jesús
se volvió a callar de nuevo… “A esos tampoco mi Padre puede tolerarlos ya.
Yo les doy continuamente luz y fuerza, pero ellos… Ellos, a quienes yo he
tratado siempre con particular predilección; ellos, a los que siempre he mirado
como a la pupila de mis ojos”… Jesús se volvió a callar y suspiró.
“Constantemente, sólo recibo de las criaturas ingratitud y malos tratos; la
indiferencia va cada día en aumento, nadie se arrepiente. Y Yo, en cambio,
desde el cielo, no hago sino dispensar gracias y favores a todas las criaturas;
luz y vida a la Iglesia; virtud y poder a quien la dirige; sabiduría a los
encargados de ilustrar a las almas envueltas en tinieblas; constancia y
fortaleza a las que deben seguirme; gracias de todas clases a cuantos justos y
aún pecadores yacen escondidos en sus antos tenebrosos; hasta allá dentro hago
yo llegarles mi Luz, allí les enternezco y hago lo posible para convertirles…
Más ellos… ¿Cuál es el fruto de mis afanes? ¿Qué correspondencia hallo en
las criaturas por mí tan amadas? Al ver lo que veo, me siento traspar de nuevo
el corazón”… ¡Oh Jesús! Pero vayamos adelante, padre mío… “Nadie se cuida
ya de Mi amor; Mi corazón está olvidado, como si nada hubiese hecho por su
amor, como si nada hubiera padecido por ellos, como si de todos fuera desconocido.
Mi corazón está siempre triste. Solo Me hallo casi siempre en las iglesias,
y si muchos se reúnen, lo hacen con motivos bien distintos de los que Yo
quisiera; y así tengo que sufrir viendo a mi Iglesia convertida en teatro de
diversiones; veo que muchos, con semblante hipócrita, me traicionan con
comuniones sacrílegas”…
Jesús habría
continuado, pero yo me vi obligada a exclamar: “Jesús, Jesús, yo no puedo
más!... ¡Si pudiese!...”
Jesús estaba conmovido; se paró un poco, y luego prosiguió dulcemente: “Hija,
tengo necesidad de almas que Me consuelen, cuando son tantas las que Me
disgustan. Tengo necesidad de víctimas, pero víctimas de verdad. Para calmar
la ira divina y justa de mi Padre celestial, necesito almas que con sus
padecimientos, tribulaciones y asperezas, satisfagan por los pecadores y los
ingratos. ¡Oh, si pudiera hacer comprender a todos cuan irritado está mi divino
Padre contra el mundo!... Nada hay capaz de contenerlo. Esta preparando un
castigo terrible para todo el género humano. ¡Cuántas veces he tratado de
calmarlo! La vista de mi cruz y mis padecimientos no son ya bastante a
contenerlo. Muchas veces Le he calmado presentándole un grupo de almas
escogidas, de víctimas heróicas. Sus penitencias, sus asperezas y sus actos
heróicos Le han aplacado. También ahora para aplacarlo Le he presentado alguna
de estas almas, pero Él me dice: “ No, no puedo más.” Y es que estas almas,
hija mía, no pueden bastar para tanto. Son pocas.”
Se me ocurrió entonces preguntarle: “¿Y cuales son esas almas?” A lo que
Jesús: “Las hijas de mi Pasión.” Quedé asombrada, porque yo pensaba si serían
las sepultadas vivas, por ser las más escondidas. Jesús continuó. “Si supieras,
hija mía, cuántas veces he visto calmarse a mi Padre, presentándole estas
almas!.. pero ahora son muy pocas, no son suficientes.”
Yo callaba: “Hija mía –me dijo- escribe inmediatamente a tu padre
y dile que vaya a Roma, que exponga este deseo mío al Santo Padre, que le diga
que un gran castigo amenaza al mundo, y que necesito víctimas. Mi padre
celestial está sobremanera indignado. Yo os aseguro que si dan a mi corazón
la satisfacción de hacer aquí en Lucas una nueva fundación de religiosas
Pasionistas, aumentando así el número de estas almas, las presentaré a mi
Padre, y Él se aplacará. Dile que éstas son mis palabras, y que será el último
aviso que Yo le doy, habiendo manifestado sobradamente mi voluntad. Di a tu
padre que me de esta satisfacción.”
+&
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sábado, 17 de mayo de 2014
Meditar con un santo
No hay nada mejor que
encontrar un santo que nos hable de Dios y enseñarnos cómo hacernos inseparable
de Él.
He encontrado estas frases para meditarlas. Me parecen oro molido.
“No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en ti mismo…
He encontrado estas frases para meditarlas. Me parecen oro molido.
“No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en ti mismo…
No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú
mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta
para que tú lo alcances…
No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela
con Él! y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos…
No le exijas a Dios que te gobierne a golpe de
milagros desde afuera; ¡gobiérnate tú mismo! con responsable libertad, amando,
y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!..
No le pidas a Dios que te responda cuando le
hablas; ¡respóndele tú!, porque Él te habló primero; y si quieres seguir oyendo
lo que falta escucha lo que ya te dijo…
No le pidas a Dios que te libere, desconociendo
la libertad que ya te dio. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue
posible porque tu Dios te quiere libre…
No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas
miedo de amar y de saberte amado. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es
porque hubo fuego, y que si tú puedes amar es porque Él te amó primero”
+San Agustín
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miércoles, 14 de mayo de 2014
Padre Santiago Martín - Cisma en la Iglesia Católica - Magnifica TV
Sin perder una coma de principio a fin.
jueves, 8 de mayo de 2014
Vuelve la primavera
Mis golondrinas han vuelto
a anidar con la misma alegría de ayer.
La lavanda ha despuntado
sus primeras flores lilas, y espero, inclinada y ansiosa, que nazca mi propia
primavera.
He abierto mi casa
ofreciéndole un pequeño regalo. Es lo que tengo.
Mi alma, desbordada,
camina junto a sus pasos sin verlo pero lo encuentro después de mucho andar.
Allí está, detrás de las oscuridades espesas del bosque, donde siempre hallo
nuevos destellos de luz, aunque a veces, distraída, no logro encontrarlo en
tantos días de espera y búsqueda.
Mi deseo no es otro que hallarlo...y
la luz se diluye haciéndose mucho mayor...y llega la oración que lo invade
todo porque Él se encuentra en aquella luz.
Y yo con un insignificante regalo.
A cambio, me lo da todo.
+Capuchino de Silos
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+Capuchino de Silos
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domingo, 4 de mayo de 2014
Contemplar no es estar a solas consigo mismo
No debemos aceptar una visión puramente quietista de la oración contemplativa. No es mera negación. Nadie se convierte en contemplativo sencillamente por "oscurecer" las realidades sensibles, y permanecer solo consigo mismo en la oscuridad.
En primer lugar, uno que hace eso es como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino consigo mismo. No está en presencia del Único trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en sí mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es "nada" no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada de místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a sí mismo en su propia trivialidad.
De esto dice Tauler: "Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de sí mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual.
+Thomas Merton
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En primer lugar, uno que hace eso es como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino consigo mismo. No está en presencia del Único trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en sí mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es "nada" no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada de místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a sí mismo en su propia trivialidad.
De esto dice Tauler: "Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de sí mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual.
+Thomas Merton
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miércoles, 30 de abril de 2014
Evitar las dicusiones interiores
"Observa, un solo día, el curso de tus pensamientos. Su sorprendente frecuencia y la viveza de tus discusiones interiores con interlocutores imaginarios, te sorprenderán.
Y esto será sólo si lo referimos en relación para con las personas que te rodean.
¿Cuál es su fuente habitual?
Nuestros disgustos acerca de personas que no nos quieren, que no nos estiman, que no nos comprenden; son severos, injustos o muy estrictos respecto de nosotros, o de otros que llamamos: “oprimidos”. Disgustos con nuestros hermanos “incomprensivos”, obstinados, desenvueltos, enredosos o insultantes...
Se erige un tribunal en nuestro espíritu, donde somos procurador, presidente, juez y jurado; raramente abogado, si no es para nuestra propia causa. Se exponen los agravios; se sopesan las razones; se pleitea; uno se justifica; pero se condena al ausente. Quizás se elaboran planes de revancha o tretas vengativas. Tiempos y fuerzas perdidas para quien todo es nada, fuera del amor de Dios. En el fondo, sobresaltos del amor propio, juicios prematuros y temerarios, agitación pasional que se paga con la pérdida de la paz interior, una disminución de la estima de nuestros hermanos, una consolidación lamentable de la estima que tenemos de nosotros mismos. Grave error; perjuicio cierto.
Tratándote mal, en realidad nadie te perjudica, créelo. Es amargo, sin duda.
Ama ser desconocido y menospreciado. Tú eres Cristo bajo el ultraje y la irrisión.
Acepta con un alma dulce y silenciosa, todo mal tratamiento que recibas. El hombre no es más que un instrumento; es la mano amante y fuerte de Dios la que lo guía y, la que por ella, busca quebrar tu soberbia; doblar tu espinazo. Abstente de dialogar en tu interior, ni siquiera un segundo, con propósito deliberado, sobre los que te hacen algún mal. Nada útil sale de ese pretorio clandestino.
En el de Jerusalén Jesús callaba. Cuando se levante la tempestad de tu
indignación, repite con apacible dulzura: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
Abísmate en el amor, la gloria, el gozo de las divinas Personas; niégate toda mirada sobre ti mismo. Nada turba la radiante e impasible felicidad de la Stmª. Trinidad. La opinión de los hombres no tiene valor ni interés: tú eres, únicamente, lo que ante Dios eres. ¿No es una alegría indecible el que Él sea el único en juzgar lo más hermoso y puro de ti mismo?
¡Oh hermano, si pudieras comprender y gustar la dulzura de ser conocido sólo de Dios! Sé dichoso al irradiar a Cristo, pero no te turbes lo más mínimo porque esa irradiación sea aún demasiado discreta. ¿No estás suficientemente cansado de conversar con los hombres, que aún los evocas en tu espíritu para contarles tus razones?
¡Sólo con Dios solo! Él lo sabe todo. Él lo puede todo. Él te ama. Si supieses lo bueno que es tener la cabeza vacía de toda criatura para no admitir más que la imagen de Jesús-Cristo y de María, los reflejos creados más puros del Invisible. Habla con ellos: eso se hace sin ruido de palabras. Las palabras sirven de poco: ve, mira, contempla. ¿Los miembros no son el honor de la cabeza? No apartes los ojos del divino Rostro del Cuerpo Místico. Es tu papel contemplativo.
Nuestras discusiones interiores no son, frecuentemente, más que la consecuencia de los altercados del día. Créeme: no discutas jamás con nadie; no sirve para nada.
Cada uno está seguro de llevar la razón y busca menos ser aclarado en sus dudas que vencer en una disputa de palabras. Se retiran disgustados, atrincherados en sus posiciones, y la disputa continúa por dentro. Se acabó el silencio y la paz.
Si no lo tienes que hacer por tu cargo, no intentes convencer. Pero si quieres permanecer tranquilo, pasa la página apenas se inicie la controversia. Acepta ser derribado al primer golpe y ruega dulcemente a Dios que haga triunfar su verdad en ti mismo y en los otros; y, a otra cosa: tu alma no es un fórum, sino un santuario. Se trata para ti, no de tener razón, sino de embalsamar a tu alrededor con el perfume de tu amor. La verdad de tu vida testificará la de tu doctrina. Mira a Jesús en su proceso: “callaba” (Mt 26 63), aceptando las injurias; ahora Él es Luz para todo hombre que viene a este mundo. (Cf. Jn 1, 9 )"
Nuestros disgustos acerca de personas que no nos quieren, que no nos estiman, que no nos comprenden; son severos, injustos o muy estrictos respecto de nosotros, o de otros que llamamos: “oprimidos”. Disgustos con nuestros hermanos “incomprensivos”, obstinados, desenvueltos, enredosos o insultantes...
Se erige un tribunal en nuestro espíritu, donde somos procurador, presidente, juez y jurado; raramente abogado, si no es para nuestra propia causa. Se exponen los agravios; se sopesan las razones; se pleitea; uno se justifica; pero se condena al ausente. Quizás se elaboran planes de revancha o tretas vengativas. Tiempos y fuerzas perdidas para quien todo es nada, fuera del amor de Dios. En el fondo, sobresaltos del amor propio, juicios prematuros y temerarios, agitación pasional que se paga con la pérdida de la paz interior, una disminución de la estima de nuestros hermanos, una consolidación lamentable de la estima que tenemos de nosotros mismos. Grave error; perjuicio cierto.
Tratándote mal, en realidad nadie te perjudica, créelo. Es amargo, sin duda.
Ama ser desconocido y menospreciado. Tú eres Cristo bajo el ultraje y la irrisión.
Acepta con un alma dulce y silenciosa, todo mal tratamiento que recibas. El hombre no es más que un instrumento; es la mano amante y fuerte de Dios la que lo guía y, la que por ella, busca quebrar tu soberbia; doblar tu espinazo. Abstente de dialogar en tu interior, ni siquiera un segundo, con propósito deliberado, sobre los que te hacen algún mal. Nada útil sale de ese pretorio clandestino.
En el de Jerusalén Jesús callaba. Cuando se levante la tempestad de tu
indignación, repite con apacible dulzura: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
Abísmate en el amor, la gloria, el gozo de las divinas Personas; niégate toda mirada sobre ti mismo. Nada turba la radiante e impasible felicidad de la Stmª. Trinidad. La opinión de los hombres no tiene valor ni interés: tú eres, únicamente, lo que ante Dios eres. ¿No es una alegría indecible el que Él sea el único en juzgar lo más hermoso y puro de ti mismo?
¡Oh hermano, si pudieras comprender y gustar la dulzura de ser conocido sólo de Dios! Sé dichoso al irradiar a Cristo, pero no te turbes lo más mínimo porque esa irradiación sea aún demasiado discreta. ¿No estás suficientemente cansado de conversar con los hombres, que aún los evocas en tu espíritu para contarles tus razones?
¡Sólo con Dios solo! Él lo sabe todo. Él lo puede todo. Él te ama. Si supieses lo bueno que es tener la cabeza vacía de toda criatura para no admitir más que la imagen de Jesús-Cristo y de María, los reflejos creados más puros del Invisible. Habla con ellos: eso se hace sin ruido de palabras. Las palabras sirven de poco: ve, mira, contempla. ¿Los miembros no son el honor de la cabeza? No apartes los ojos del divino Rostro del Cuerpo Místico. Es tu papel contemplativo.
Nuestras discusiones interiores no son, frecuentemente, más que la consecuencia de los altercados del día. Créeme: no discutas jamás con nadie; no sirve para nada.
Cada uno está seguro de llevar la razón y busca menos ser aclarado en sus dudas que vencer en una disputa de palabras. Se retiran disgustados, atrincherados en sus posiciones, y la disputa continúa por dentro. Se acabó el silencio y la paz.
Si no lo tienes que hacer por tu cargo, no intentes convencer. Pero si quieres permanecer tranquilo, pasa la página apenas se inicie la controversia. Acepta ser derribado al primer golpe y ruega dulcemente a Dios que haga triunfar su verdad en ti mismo y en los otros; y, a otra cosa: tu alma no es un fórum, sino un santuario. Se trata para ti, no de tener razón, sino de embalsamar a tu alrededor con el perfume de tu amor. La verdad de tu vida testificará la de tu doctrina. Mira a Jesús en su proceso: “callaba” (Mt 26 63), aceptando las injurias; ahora Él es Luz para todo hombre que viene a este mundo. (Cf. Jn 1, 9 )"
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martes, 29 de abril de 2014
Oración de una niña del grupo de Catequesis de mi hija.
Señor, te pido que me acompañes en estos
exámenes que tengo en estos días de cole.
Señor, te pido que no haya pobreza en el país ni en ningún lado, ni tampoco guerras.
Tampoco, enfermedades de cualquier tipo.
Que la gente sean cómo hermanos y que a nadie le importen las razas ni el color de la piel.
También que preste atención en la
catequesis y en el colegio. Sé que, a veces, se me olvida rezar o hacer los
deberes los fines de semana. Por eso, te pido que no me vuelva a pasar más y
por último, que tú y mi ángel, que se llama Pablo, me ayudéis en momentos difíciles
y que me protejáis cuando esté en apuros. Señor, te pido que no haya pobreza en el país ni en ningún lado, ni tampoco guerras.
Tampoco, enfermedades de cualquier tipo.
Que la gente sean cómo hermanos y que a nadie le importen las razas ni el color de la piel.
+Isabel
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lunes, 28 de abril de 2014
Seguir siendo fiel
Miraba
la llamita roja que ardía en aquella soledad del Sagrario. Estábamos solos. Él
y yo.
Oía
su voz y me dejé amar por Él. Era el único que podía escucharme, comprenderme y
ayudarme. Estaba a mi lado y lo amé hasta no poder más.
Me
sentí nueva, renovada por ese nuevo bautismo, y la fe y la esperanza volvieron
a crecer dentro de mí como la planta más sana recobrando la alegría perdida.
Me
dejé abrazar abriéndole mi alma y le dije, agarrándome fuertemente a Él, que
quería estar siempre atenta a su llamada para no perderme; que quería serle
fiel hasta en los más pequeños detalles; responderle cada vez que me llamase,
meditar y profundizar en ese fatídico viernes donde encontró la muerte para no
olvidarme jamás de Él. Que sería su más fiel seguidora.
Ya,
con mi Señor vivo, allí en solitario, cualquier instante se me volvía oración
para acompañarle en aquella soledad del sagrario y siempre.
En
ese rinconcito sombrío del altar estaba con Él a solas, de rodillas, a sus
pies, para reconocer mi pequeñez, para buscar su mirada, su perdón...y decirle
que le amaba aunque fuese con la insignificancia de mi humilde corazón.
+Capuchino de Silos
sábado, 26 de abril de 2014
El abuelo nos cuenta un cuento
Un mendigo
iba pidiendo por las casas con unas alforjas colgadas al hombro. Se lamentaba
de su suerte y de que los ricos nunca estaban satisfechos: " Cada vez
quieren más y más dineros. Parece que quieren apoderarse del mundo entero.
En cambio yo, si tuviera lo necesario para comer y para vestir, me sentiría del todo satisfecho.... decía el pobre hombre.
Precisamente en aquel instante, LA FORTUNA, pasaba por la calle. Vi al mendigo, se detuvo a su lado y le dijo:
" Escucha hombre, hace mucho tiempo, que oigo tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas y sostenlas así para recibir el oro que voy a regalarte. Pero esto ha de ser con una condición: Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Estás enterado?
Si, si, lo comprendo: dijo el mendigo.
Entonces ten cuidado, advirtió la fortuna, Tus alforjas son muy viejas y podrían romperse, no cargues demasiado.
Tan satisfecho estaba el mendigo, que rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas en un momento cayó un torrente de monedas de oro! las alforjas empezaron a pesar demasiado !
¿Basta ya? preguntó la FORTUNA
!Todavía no, Todavía no!
No temes que se rompan, decía la FORTUNA
No, no, no se rompen.....había agitación en su voz, más que por miedo por ambición. Las manos del mendigo comenzaron a temblar. Aun caben más pero ya eres el hombre más rico del mundo, intervino la FORTUNA.
! NO, no, unas pocas más! cayeron unas pocas más y ......las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.
La fortuna se fue y el mendigo quedó más pobre que antes, sus lamentos tejidos de desesperación.
En el diccionario, la palabra avaricia, la describe como afán de poseer, para atesorar, desde luego no hay que confundirla con el deseo de tener lo suficiente, para satisfacer las necesidades propias.
El ejemplo del cuento, pone de relieve, que cuando uno se convierte en avaricioso, el dinero se torna un peso, imposible de soportar, "El avaro experimenta a la vez todas las preocupaciones del rico y todas las penalidades del pobre”
En cambio yo, si tuviera lo necesario para comer y para vestir, me sentiría del todo satisfecho.... decía el pobre hombre.
Precisamente en aquel instante, LA FORTUNA, pasaba por la calle. Vi al mendigo, se detuvo a su lado y le dijo:
" Escucha hombre, hace mucho tiempo, que oigo tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas y sostenlas así para recibir el oro que voy a regalarte. Pero esto ha de ser con una condición: Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Estás enterado?
Si, si, lo comprendo: dijo el mendigo.
Entonces ten cuidado, advirtió la fortuna, Tus alforjas son muy viejas y podrían romperse, no cargues demasiado.
Tan satisfecho estaba el mendigo, que rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas en un momento cayó un torrente de monedas de oro! las alforjas empezaron a pesar demasiado !
¿Basta ya? preguntó la FORTUNA
!Todavía no, Todavía no!
No temes que se rompan, decía la FORTUNA
No, no, no se rompen.....había agitación en su voz, más que por miedo por ambición. Las manos del mendigo comenzaron a temblar. Aun caben más pero ya eres el hombre más rico del mundo, intervino la FORTUNA.
! NO, no, unas pocas más! cayeron unas pocas más y ......las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.
La fortuna se fue y el mendigo quedó más pobre que antes, sus lamentos tejidos de desesperación.
En el diccionario, la palabra avaricia, la describe como afán de poseer, para atesorar, desde luego no hay que confundirla con el deseo de tener lo suficiente, para satisfacer las necesidades propias.
El ejemplo del cuento, pone de relieve, que cuando uno se convierte en avaricioso, el dinero se torna un peso, imposible de soportar, "El avaro experimenta a la vez todas las preocupaciones del rico y todas las penalidades del pobre”
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