No debemos aceptar una visión puramente quietista de la oración contemplativa. No es mera negación. Nadie se convierte en contemplativo sencillamente por "oscurecer" las realidades sensibles, y permanecer solo consigo mismo en la oscuridad.
En primer lugar, uno que hace eso es como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino consigo mismo. No está en presencia del Único trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en sí mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es "nada" no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada de místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a sí mismo en su propia trivialidad.
De esto dice Tauler: "Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de sí mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual.
+Thomas Merton
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domingo, 4 de mayo de 2014
miércoles, 30 de abril de 2014
Evitar las dicusiones interiores
"Observa, un solo día, el curso de tus pensamientos. Su sorprendente frecuencia y la viveza de tus discusiones interiores con interlocutores imaginarios, te sorprenderán.
Y esto será sólo si lo referimos en relación para con las personas que te rodean.
¿Cuál es su fuente habitual?
Nuestros disgustos acerca de personas que no nos quieren, que no nos estiman, que no nos comprenden; son severos, injustos o muy estrictos respecto de nosotros, o de otros que llamamos: “oprimidos”. Disgustos con nuestros hermanos “incomprensivos”, obstinados, desenvueltos, enredosos o insultantes...
Se erige un tribunal en nuestro espíritu, donde somos procurador, presidente, juez y jurado; raramente abogado, si no es para nuestra propia causa. Se exponen los agravios; se sopesan las razones; se pleitea; uno se justifica; pero se condena al ausente. Quizás se elaboran planes de revancha o tretas vengativas. Tiempos y fuerzas perdidas para quien todo es nada, fuera del amor de Dios. En el fondo, sobresaltos del amor propio, juicios prematuros y temerarios, agitación pasional que se paga con la pérdida de la paz interior, una disminución de la estima de nuestros hermanos, una consolidación lamentable de la estima que tenemos de nosotros mismos. Grave error; perjuicio cierto.
Tratándote mal, en realidad nadie te perjudica, créelo. Es amargo, sin duda.
Ama ser desconocido y menospreciado. Tú eres Cristo bajo el ultraje y la irrisión.
Acepta con un alma dulce y silenciosa, todo mal tratamiento que recibas. El hombre no es más que un instrumento; es la mano amante y fuerte de Dios la que lo guía y, la que por ella, busca quebrar tu soberbia; doblar tu espinazo. Abstente de dialogar en tu interior, ni siquiera un segundo, con propósito deliberado, sobre los que te hacen algún mal. Nada útil sale de ese pretorio clandestino.
En el de Jerusalén Jesús callaba. Cuando se levante la tempestad de tu
indignación, repite con apacible dulzura: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
Abísmate en el amor, la gloria, el gozo de las divinas Personas; niégate toda mirada sobre ti mismo. Nada turba la radiante e impasible felicidad de la Stmª. Trinidad. La opinión de los hombres no tiene valor ni interés: tú eres, únicamente, lo que ante Dios eres. ¿No es una alegría indecible el que Él sea el único en juzgar lo más hermoso y puro de ti mismo?
¡Oh hermano, si pudieras comprender y gustar la dulzura de ser conocido sólo de Dios! Sé dichoso al irradiar a Cristo, pero no te turbes lo más mínimo porque esa irradiación sea aún demasiado discreta. ¿No estás suficientemente cansado de conversar con los hombres, que aún los evocas en tu espíritu para contarles tus razones?
¡Sólo con Dios solo! Él lo sabe todo. Él lo puede todo. Él te ama. Si supieses lo bueno que es tener la cabeza vacía de toda criatura para no admitir más que la imagen de Jesús-Cristo y de María, los reflejos creados más puros del Invisible. Habla con ellos: eso se hace sin ruido de palabras. Las palabras sirven de poco: ve, mira, contempla. ¿Los miembros no son el honor de la cabeza? No apartes los ojos del divino Rostro del Cuerpo Místico. Es tu papel contemplativo.
Nuestras discusiones interiores no son, frecuentemente, más que la consecuencia de los altercados del día. Créeme: no discutas jamás con nadie; no sirve para nada.
Cada uno está seguro de llevar la razón y busca menos ser aclarado en sus dudas que vencer en una disputa de palabras. Se retiran disgustados, atrincherados en sus posiciones, y la disputa continúa por dentro. Se acabó el silencio y la paz.
Si no lo tienes que hacer por tu cargo, no intentes convencer. Pero si quieres permanecer tranquilo, pasa la página apenas se inicie la controversia. Acepta ser derribado al primer golpe y ruega dulcemente a Dios que haga triunfar su verdad en ti mismo y en los otros; y, a otra cosa: tu alma no es un fórum, sino un santuario. Se trata para ti, no de tener razón, sino de embalsamar a tu alrededor con el perfume de tu amor. La verdad de tu vida testificará la de tu doctrina. Mira a Jesús en su proceso: “callaba” (Mt 26 63), aceptando las injurias; ahora Él es Luz para todo hombre que viene a este mundo. (Cf. Jn 1, 9 )"
Nuestros disgustos acerca de personas que no nos quieren, que no nos estiman, que no nos comprenden; son severos, injustos o muy estrictos respecto de nosotros, o de otros que llamamos: “oprimidos”. Disgustos con nuestros hermanos “incomprensivos”, obstinados, desenvueltos, enredosos o insultantes...
Se erige un tribunal en nuestro espíritu, donde somos procurador, presidente, juez y jurado; raramente abogado, si no es para nuestra propia causa. Se exponen los agravios; se sopesan las razones; se pleitea; uno se justifica; pero se condena al ausente. Quizás se elaboran planes de revancha o tretas vengativas. Tiempos y fuerzas perdidas para quien todo es nada, fuera del amor de Dios. En el fondo, sobresaltos del amor propio, juicios prematuros y temerarios, agitación pasional que se paga con la pérdida de la paz interior, una disminución de la estima de nuestros hermanos, una consolidación lamentable de la estima que tenemos de nosotros mismos. Grave error; perjuicio cierto.
Tratándote mal, en realidad nadie te perjudica, créelo. Es amargo, sin duda.
Ama ser desconocido y menospreciado. Tú eres Cristo bajo el ultraje y la irrisión.
Acepta con un alma dulce y silenciosa, todo mal tratamiento que recibas. El hombre no es más que un instrumento; es la mano amante y fuerte de Dios la que lo guía y, la que por ella, busca quebrar tu soberbia; doblar tu espinazo. Abstente de dialogar en tu interior, ni siquiera un segundo, con propósito deliberado, sobre los que te hacen algún mal. Nada útil sale de ese pretorio clandestino.
En el de Jerusalén Jesús callaba. Cuando se levante la tempestad de tu
indignación, repite con apacible dulzura: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
Abísmate en el amor, la gloria, el gozo de las divinas Personas; niégate toda mirada sobre ti mismo. Nada turba la radiante e impasible felicidad de la Stmª. Trinidad. La opinión de los hombres no tiene valor ni interés: tú eres, únicamente, lo que ante Dios eres. ¿No es una alegría indecible el que Él sea el único en juzgar lo más hermoso y puro de ti mismo?
¡Oh hermano, si pudieras comprender y gustar la dulzura de ser conocido sólo de Dios! Sé dichoso al irradiar a Cristo, pero no te turbes lo más mínimo porque esa irradiación sea aún demasiado discreta. ¿No estás suficientemente cansado de conversar con los hombres, que aún los evocas en tu espíritu para contarles tus razones?
¡Sólo con Dios solo! Él lo sabe todo. Él lo puede todo. Él te ama. Si supieses lo bueno que es tener la cabeza vacía de toda criatura para no admitir más que la imagen de Jesús-Cristo y de María, los reflejos creados más puros del Invisible. Habla con ellos: eso se hace sin ruido de palabras. Las palabras sirven de poco: ve, mira, contempla. ¿Los miembros no son el honor de la cabeza? No apartes los ojos del divino Rostro del Cuerpo Místico. Es tu papel contemplativo.
Nuestras discusiones interiores no son, frecuentemente, más que la consecuencia de los altercados del día. Créeme: no discutas jamás con nadie; no sirve para nada.
Cada uno está seguro de llevar la razón y busca menos ser aclarado en sus dudas que vencer en una disputa de palabras. Se retiran disgustados, atrincherados en sus posiciones, y la disputa continúa por dentro. Se acabó el silencio y la paz.
Si no lo tienes que hacer por tu cargo, no intentes convencer. Pero si quieres permanecer tranquilo, pasa la página apenas se inicie la controversia. Acepta ser derribado al primer golpe y ruega dulcemente a Dios que haga triunfar su verdad en ti mismo y en los otros; y, a otra cosa: tu alma no es un fórum, sino un santuario. Se trata para ti, no de tener razón, sino de embalsamar a tu alrededor con el perfume de tu amor. La verdad de tu vida testificará la de tu doctrina. Mira a Jesús en su proceso: “callaba” (Mt 26 63), aceptando las injurias; ahora Él es Luz para todo hombre que viene a este mundo. (Cf. Jn 1, 9 )"
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martes, 29 de abril de 2014
Oración de una niña del grupo de Catequesis de mi hija.
Señor, te pido que me acompañes en estos
exámenes que tengo en estos días de cole.
Señor, te pido que no haya pobreza en el país ni en ningún lado, ni tampoco guerras.
Tampoco, enfermedades de cualquier tipo.
Que la gente sean cómo hermanos y que a nadie le importen las razas ni el color de la piel.
También que preste atención en la
catequesis y en el colegio. Sé que, a veces, se me olvida rezar o hacer los
deberes los fines de semana. Por eso, te pido que no me vuelva a pasar más y
por último, que tú y mi ángel, que se llama Pablo, me ayudéis en momentos difíciles
y que me protejáis cuando esté en apuros. Señor, te pido que no haya pobreza en el país ni en ningún lado, ni tampoco guerras.
Tampoco, enfermedades de cualquier tipo.
Que la gente sean cómo hermanos y que a nadie le importen las razas ni el color de la piel.
+Isabel
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lunes, 28 de abril de 2014
Seguir siendo fiel
Miraba
la llamita roja que ardía en aquella soledad del Sagrario. Estábamos solos. Él
y yo.
Oía
su voz y me dejé amar por Él. Era el único que podía escucharme, comprenderme y
ayudarme. Estaba a mi lado y lo amé hasta no poder más.
Me
sentí nueva, renovada por ese nuevo bautismo, y la fe y la esperanza volvieron
a crecer dentro de mí como la planta más sana recobrando la alegría perdida.
Me
dejé abrazar abriéndole mi alma y le dije, agarrándome fuertemente a Él, que
quería estar siempre atenta a su llamada para no perderme; que quería serle
fiel hasta en los más pequeños detalles; responderle cada vez que me llamase,
meditar y profundizar en ese fatídico viernes donde encontró la muerte para no
olvidarme jamás de Él. Que sería su más fiel seguidora.
Ya,
con mi Señor vivo, allí en solitario, cualquier instante se me volvía oración
para acompañarle en aquella soledad del sagrario y siempre.
En
ese rinconcito sombrío del altar estaba con Él a solas, de rodillas, a sus
pies, para reconocer mi pequeñez, para buscar su mirada, su perdón...y decirle
que le amaba aunque fuese con la insignificancia de mi humilde corazón.
+Capuchino de Silos
sábado, 26 de abril de 2014
El abuelo nos cuenta un cuento
Un mendigo
iba pidiendo por las casas con unas alforjas colgadas al hombro. Se lamentaba
de su suerte y de que los ricos nunca estaban satisfechos: " Cada vez
quieren más y más dineros. Parece que quieren apoderarse del mundo entero.
En cambio yo, si tuviera lo necesario para comer y para vestir, me sentiría del todo satisfecho.... decía el pobre hombre.
Precisamente en aquel instante, LA FORTUNA, pasaba por la calle. Vi al mendigo, se detuvo a su lado y le dijo:
" Escucha hombre, hace mucho tiempo, que oigo tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas y sostenlas así para recibir el oro que voy a regalarte. Pero esto ha de ser con una condición: Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Estás enterado?
Si, si, lo comprendo: dijo el mendigo.
Entonces ten cuidado, advirtió la fortuna, Tus alforjas son muy viejas y podrían romperse, no cargues demasiado.
Tan satisfecho estaba el mendigo, que rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas en un momento cayó un torrente de monedas de oro! las alforjas empezaron a pesar demasiado !
¿Basta ya? preguntó la FORTUNA
!Todavía no, Todavía no!
No temes que se rompan, decía la FORTUNA
No, no, no se rompen.....había agitación en su voz, más que por miedo por ambición. Las manos del mendigo comenzaron a temblar. Aun caben más pero ya eres el hombre más rico del mundo, intervino la FORTUNA.
! NO, no, unas pocas más! cayeron unas pocas más y ......las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.
La fortuna se fue y el mendigo quedó más pobre que antes, sus lamentos tejidos de desesperación.
En el diccionario, la palabra avaricia, la describe como afán de poseer, para atesorar, desde luego no hay que confundirla con el deseo de tener lo suficiente, para satisfacer las necesidades propias.
El ejemplo del cuento, pone de relieve, que cuando uno se convierte en avaricioso, el dinero se torna un peso, imposible de soportar, "El avaro experimenta a la vez todas las preocupaciones del rico y todas las penalidades del pobre”
En cambio yo, si tuviera lo necesario para comer y para vestir, me sentiría del todo satisfecho.... decía el pobre hombre.
Precisamente en aquel instante, LA FORTUNA, pasaba por la calle. Vi al mendigo, se detuvo a su lado y le dijo:
" Escucha hombre, hace mucho tiempo, que oigo tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas y sostenlas así para recibir el oro que voy a regalarte. Pero esto ha de ser con una condición: Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Estás enterado?
Si, si, lo comprendo: dijo el mendigo.
Entonces ten cuidado, advirtió la fortuna, Tus alforjas son muy viejas y podrían romperse, no cargues demasiado.
Tan satisfecho estaba el mendigo, que rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas en un momento cayó un torrente de monedas de oro! las alforjas empezaron a pesar demasiado !
¿Basta ya? preguntó la FORTUNA
!Todavía no, Todavía no!
No temes que se rompan, decía la FORTUNA
No, no, no se rompen.....había agitación en su voz, más que por miedo por ambición. Las manos del mendigo comenzaron a temblar. Aun caben más pero ya eres el hombre más rico del mundo, intervino la FORTUNA.
! NO, no, unas pocas más! cayeron unas pocas más y ......las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.
La fortuna se fue y el mendigo quedó más pobre que antes, sus lamentos tejidos de desesperación.
En el diccionario, la palabra avaricia, la describe como afán de poseer, para atesorar, desde luego no hay que confundirla con el deseo de tener lo suficiente, para satisfacer las necesidades propias.
El ejemplo del cuento, pone de relieve, que cuando uno se convierte en avaricioso, el dinero se torna un peso, imposible de soportar, "El avaro experimenta a la vez todas las preocupaciones del rico y todas las penalidades del pobre”
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jueves, 24 de abril de 2014
La mimosa púdica
La mimosa es pura generosidad, es el derroche hecho flor, es
la amabilidad y la distinción de la belleza que se viste con sus mejores galas
en pleno mes de enero cuando todo es todavía gris, cuando todas las demás
plantas guardan su gran tesoro para la primavera. Ella se distingue deslumbrando en invierno.
Florece con el frío, con la lluvia, huyendo de los charcos; no
le importa que el viento peine sus flores. Cualquier ondeado de él le favorece.
Florece espléndida sabiéndose elegante y bella en pleno invierno.
Existe una variedad muy
curiosa: la mimosa púdica.
Adquiere su nombre porque al tocarla se ruboriza y
toda ella sufre vergüenza y pudor encogiéndose candorosa en su humilde tallo.
Nada le importa que el resto de la naturaleza se encuentre escondida mientras
ella luce radiante toda su belleza en la época más fría del año.
Ahora no, ahora no hay mimosas. Estamos en primavera.
+Capuchino de Silos
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lunes, 21 de abril de 2014
Se fue la lluvia
Hoy todo se ha vuelto limpio y verde, pero ayer las calles se pintaban de nuevo grises y tristes como no queriendo olvidar la congoja y el dolor de las últimas semanas. La lluvia aligeraba suavemente el campo llevando una oración que enlazaba las cuentas blancas de su rosario volviéndolas plateadas y brillantes. Era un canto templado, sereno, lleno de silencioso respeto y un deseo hermosísimo de amor. Era jaculatoria, era ruego, era plegaria en un solo rezo. Era como si sus gotas nos envolvieran en un nuevo “bautismo” para apartarnos de lo falso y engañoso, y llevarnos a lo más azul y estrellado de la bóveda íntima del cielo.
Allí hay otro tipo de luz y brillo. Allí está nuestra Vida, sin olvidar que esa intimidad, solo importa a Dios que la convierte diariamente en oración.
+Capuchino de Silos
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sábado, 19 de abril de 2014
¡Feliz Pascua de Resurrección!
"Señora de la Pascua, Señora de la Cruz y de la
Esperanza.
Señora del Viernes y del Domingo.
Señora de la noche y de la mañana.
Señora de todas las partidas, porque eres la Señora del "tránsito" o de la Pascua.
Señora del Viernes y del Domingo.
Señora de la noche y de la mañana.
Señora de todas las partidas, porque eres la Señora del "tránsito" o de la Pascua.
Escúchanos:
Hoy queremos decirte "muchas gracias".
Muchas gracias, Señora, por tu Fiat, por tu completa disponibilidad de "esclava".
Por tu pobreza y tu silencio.
Por tu gozo de las siete espadas.
Por el dolor de todas tus partidas, que fueron dando la paz a tantas almas.
Por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y la distancia".
Cardenal Pironio
Hoy queremos decirte "muchas gracias".
Muchas gracias, Señora, por tu Fiat, por tu completa disponibilidad de "esclava".
Por tu pobreza y tu silencio.
Por tu gozo de las siete espadas.
Por el dolor de todas tus partidas, que fueron dando la paz a tantas almas.
Por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y la distancia".
Cardenal Pironio
Que esta Pascua de Resurrección del Señor donde el cielo se ha
unido con la tierra esperando que Cristo nos lleve hacia Él, ilumine nuestro camino todo el año.
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos los que entren en este blog.
+Capuchino de Silos
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viernes, 18 de abril de 2014
El reproche de Cristo a Judas
He aquí la razón por la que Cristo reprocha a Judas con dureza por ese modo detestable de pecar. "Judas -le dice-, ¿entregas al Hijo del hombre con un beso? Ojalá fuera de hecho como tú deseas aparentar; pero, de otro modo, muéstrame abiertamente, con sinceridad, tal como eres, porque quien obra la enemistad bajo el disfraz de la amistad es un hombre vil que multiplica en esa acción su villanía. No estaba satisfecho, Judas, con entregar al Hijo del hombre (hijo de aquel hombre por el que todos hubieran parecido si ese Hijo del hombre, que tú crees estar destruyendo, no redimiera a quienes deseas ser salvados), ¿no te fue suficiente, repito, traicionarle sin necesidad de hacerlo con un beso, convirtiendo así un signo sagrado de amor en instrumento de tu traición? Estoy mejor dispuesto hacia esta turba que me rodea y ataca por la fuerza de la violencia y abiertamente, que hacia ti, Judas, que me entregas a ella con un falso beso."+Tomás Moro
Monumento de San Francisco Javier (mi parroquia)
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sábado, 12 de abril de 2014
Santa Faz 2014
Santa Faz – Capuchino de Silos
Y me encontré con Él casi sin
esperarlo.
Hacía unos días que acababa
de llegar una primavera hermosísima que admiraba a través del ventanal de mi
estudio donde iba haciendo fundir muy despacio, el Amor en el color sobre el
paño. Un paño, que antes había sido
inmaculadamente blanco como la nieve; que daba pena hasta de mancharlo,
y que podría haber servido de mantel o ¡qué sé yo!
Después, una mancha sobre
otra iba dando paso a un rostro. Era su rostro. Era el rostro del Señor. Sus
ojos miraban hacia el suelo y parecía que caminara lentamente. Yo, no dejaba de
observarlo un solo instante pero no conseguía de ninguna manera que me mirase.
Me afligía no poder captar bien lo que su mirada reflejaba.
Quería, como la Verónica,
limpiar ese rostro ensangrentado donde la sangre iba resbalando por toda su
cara.
En cada pincelada iba
comprendiendo ese gesto silencioso, esa mirada dolorosa, ese caminar lento
hacia el Calvario, donde recibiría muerte y donde murió lleno de sufrimiento e
infinito amor por mí, por todos.
¡Cómo plasmar lo íntimo
que su corazón sentía en aquellas horas de angustias! ¡Cómo plasmar tanto amor y desprendimiento en
un solo gesto!
Su “presencia” en mi
estudio era la oración más íntima que iba convirtiendo las horas de trabajo en
eternidad y gratitud.
Todo mi trabajo lo
convertí en rezo, en súplica, en llanto...un llanto escondido entre pinceles y
tubos de pintura... también la alegría de poder ver mi Cristo expuesto en el
Monumento de mi parroquia el Jueves Santo.
+Capuchino de Silos
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