lunes, 21 de octubre de 2013

Un momento de asueto


Me estoy dando un respiro a una hora que no es la habitual.

Y me sonrío porque, como todos los fines de semana, la lavadora sigue girando y sigue lavando hace ya varias horas. Pero, mientras finaliza o no, hago una pequeña, pero para mí grande pausa, que me sabe a mismísima gloria. Hasta el mismo Dios hizo su trabajo de manera ordenada y pausada. Es lo mejor, no cabe la menor duda, me digo para convencerme que estoy haciendo lo que debo y lo correcto: un alto en el camino, y así cualquier cosa que después inicie, la podré hacer mucho mejor después de ese pequeño descanso. 

Y me dejo caer en la butaca con ganas de ir llenando cada uno de esos minutos que van pasando de sólo calma, sosiego y silencio; lo lleno como el que llena una copa de vino, pero de  preciosos momentos de asueto que ya se han desvanecido. Ya se han ido.

De repente salto al ordenador y leo de alguien que escribe:

“1. Personalmente extraño mucho a este viejo. ¡Mucho!
 2. Algunas razones por las que creo nunca se valoró su ministerio dentro y fuera de la Iglesia:
a) Estamos acostumbrados a que un líder sea un show-man. En pocas palabras, queremos alguien que nos entretenga, no que nos guíe. 
b) Tenemos nula capacidad de silencio. Por ello nos frustramos que en sus misas se pidiera el respeto a lo sagrado. Somos adictos al aplauso y al ruido.
c) Nuestra capacidad de valorar está atrofiada. Somos viles materialistas y pragmatistas. Por ello el bien que se me dio de manera oculta, discreta no lo identifiqué. Y lo que se me dio visiblemente, asumo que son las sobras o que no le ha costado en exceso.
3.  Por tanto, hoy doy gracias a DIOS por la vida de nuestro santo padre emérito Benedicto XVI. Por su humildad y discreción. Por no ser atractivo. Por su modestia aun sabiendo que es una de las inteligencias más prominentes que tiene el planeta. Por su actual vida oculta que seguramente también es olvidada y despreciada por muchos.
¡Santo Padre, yo sé que sigue contribuyendo inmensamente en la Iglesia! Perdone una vez más tanto desprecio de sus hijos espirituales” 

¡Y me dio mucha pena el leerlo! 

Recemos.

+Capuchino de Silos 


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martes, 15 de octubre de 2013

La última hoja



El consejo de no hacer más hojas lo recibí como lo más conveniente. Suelo ser muy obediente ante cualquier mandato, siempre que sea coherente. Y este parecía serlo. Me parece que ni siquiera le pregunté por qué había que dejar de hacerlas; no lo recuerdo. 
La última hoja que hice la entregué ésta misma mañana. Fue hecha mucho antes de aquel suceso, así que la puse en manos de aquella madre, que rezaba aparentemente tranquila.
Era la última hoja... pero no me importaba en absoluto desprenderme de ella. La hice expresamente pensando en/y para su hijo. El Señor lo había elegido, y yo, mientras tanto, le rogaba, le pedía y le sugería que no lo apartara de su familia.

Al depositarla en manos de su madre, mi pulso latía fuertemente y le di un beso que ella agradeció.

En el aire flotaba el aroma de cada uno de nuestros silenciosos rezos que llegaban al mismísimo cielo desde aquella pequeña capilla llena de  muchísima ternura y amor.

De repente recordé que era el día de Santa Teresa y pensé un momento en lo que decía ella: “La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada”

Era exactamente eso.
+Capuchino de Silos



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lunes, 14 de octubre de 2013

Con sol radiante




Me pregunto si el hombre del tiempo debe confesar sus mentiras.

El otro día aseguraba que, a primeros de semana, el frio llegaría y la lluvia regaría la tierra con sus primeras gotas. Pues nada de nada. El sol brilla más que nunca a mi lado y la tapia blanca del jardín pinta gloriosa limpia y lúcida. Es un sol, del sol.

Ya al atardecer irá cambiando ese color y se volverá zafiro de Inmaculada pura de inigualable belleza, y las pequeñitas flores blancas del jazmín, con el estirón que ha dado en verano, irán dejando su delicado aroma contrastando con el azul de la sombra.

Empiezo a imaginar el final; el principio del final del día con ese color y olor que emborracha. Ya lo voy viendo y oliendo. Sólo de un modo imaginario y artístico como para pintar un cuadro que hable de yerba, de cielo, de azul, de tarde sin frio y sin lluvia que pueda despintar mi ropa.

Mi imaginación se rasga como el cielo cuando llueve, pero hoy permanece devota al precioso día.

Cuando llegue la tarde me sentaré en el banco de piedra donde florecen los plumbagos y las glicinias con la misma calma de sus flores y, como siempre, quedaré ensimismada por el misterio que cada día nos envuelve.

+Capuchino de Silos


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sábado, 12 de octubre de 2013

Llega el frio...




El hombre del tiempo dice que gradualmente llegará el frio y la lluvia y, como el agua que escapa entre los dedos, se nos va yendo octubre.

Pronto, muy pronto, las calles las pasearemos llovidas ignorando aquel color que tuvieron, y, pronto, también, con el Adviento, empezaré dulcemente a soñar con la llegada del Niño.

Hoy, duele mi pensamiento, porque todo es serio, muy serio.

Mi perrita, Fusa, desconocedora,  juega sola con la pelota amarilla como si estuviese iluminada.

El tiempo, mientras tanto, camina entre las horas sin que se rompa en pedazo.

Y aquí, dentro, muy dentro,  percibo: “quédate tranquila” con un ligero aroma a chocolate que me hace despertar entre notas armonizadas de Bartok.

Qué bien suena la buena música, aunque sea ensombrecida por el llanto.



+Capuchino de Silo

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martes, 8 de octubre de 2013

Duro silencio



Retomo el teclado entre mis dedos para romper un duro silencio. Un silencio que va llenando por completo la vasija de mi alma de llanto sin lágrimas, tristeza con sonrisa desdibujada y un dolor que cada minuto entrego.

Se prepara una gran fiesta en el cielo para recibir a Paco; nuestro querido y buen amigo Paco que se va echando un poco más cada día en los brazos de su Amada a la que ha querido con toda su alma. Allí arriba lo recibirá el mismísimo Dios acompañado de multitud de ángeles y santos porque él ha sido un hombre muy, pero que muy bueno.
David, otro buen y querido amigo, ha sido tocado por “Goliat” y se prepara para luchar contra él en un durísimo combate.
El piano de Ramón se irá enmudeciendo. Sus últimos conciertos se están oyendo en estos días en su última gira pianística. Todavía recibe imágenes del teclado. Más adelante la música de Brahms, Beethoven, Schumann y tantos otros,  la escuchará con sordina en su corazón y podrá leer sus partituras con los ojos del alma.
José Manuel: recuerdo aquellos preciosos años... también, en poco tiempo, enmudecerá su piano.
Carlos, ¿podrás sentarte al piano con esa sola pierna que te han dejado?
... así podría seguir contando.  Es tremendo ¿no?
Hoy pido refuerzo, súplicas, ruegos, rezos.
No sé qué decir. No tengo palabras.


+Capuchino de Silos


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