sábado, 2 de febrero de 2013

Con luz interior.



Acabo de encender el ordenador y me encuentro con ésta preciosa ventana llena de gitanillas en flor como si la primavera hubiese hecho su entrada triunfante. También se ve una pequeñita luminaria que luce muy sutilmente en el interior de la habitación. Sí, se deja ver, muy tenue, una pequeña lucecita detrás de los cristales. Leve y pequeñita luz.

No hay otra cosa que me pueda gustar más que encontrar una ventana cerrada con ese tipo de luz interior. ¡Uf! Me encanta.

Siempre, siempre, en algún lugar, de no se sabe dónde, hay una ventanita con esa pequeñita llama que, también a mí, me enciende por dentro y no apago porque no hace otra cosa que sugerirme cientos de historias; historias que nacen del asombro y la belleza; y esa ventana y esa luz me sugieren muchas.

Es la serenidad, es la placidez, es la armonía muda, silenciosa...


+Capuchino de Silos


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jueves, 31 de enero de 2013

En mi recuerdo.






Como tantos otros días, recordaba a un amigo y maestro del arte pictórico sevillano que murió tan solo hace dos años. Francisco García Gómez, autor del retrato al óleo sobre lienzo de la fotografía que ilustra esta página: el Ilmo. Sr. D. Juan Cordero al que tuve como maestro y profesor de “Perspectiva” en mi recordada y añorada Facultad de Bellas Artes; o bellas partes como algunos le decíamos.

Paco, como le llamábamos los amigos, ha sido, fue y será, para los entendidos en la materia, un genio de la pintura del siglo XX; lo muestra, como pequeño ejemplo, el espléndido retrato que le hizo a su compañero, por entonces, Juan Cordero, al que dicho sea de paso, doy las gracias en profundidad por lo mucho que aprendí a su lado.

Paco estuvo casado con una muy amiga mía, Carmen, y tuvo de su matrimonio dos preciosas hijas y un hijo guapísimo.

Fue una persona divertida, con unos “puntos” divertidísimos; la verdad que era muy entretenido estar a su lado. De carácter complicado, eso sí, pero simpático, jocoso y burlesco que se reía de su propia figura y de todo lo que le rodeaba. Dios le dio la facultad de pintar exactamente lo mismo con las dos manos a la vez. Un auténtico genio con una capacidad artística asombrosa.
Rezo por él muchos días, como también lo hago por otro profesor al que quise muchísimo, Manuel Álvarez Fijo que me enseñó a descubrir el alma y los secretos del dibujo. ¡Madre mía, qué tiempos! Cómo recuerdo “la historia de los colores”
Desde este rinconcito decirles, a los dos, que allí, en el lugar donde se encuentren, no les faltarán colores para seguir llenando lienzos maravillosos rodeados de bellos paisajes que aquí no tenemos la oportunidad de ver. Dejasteis buena prueba de ello. Por ello y por muchas cosas más, gracias, muchas gracias.
 


+Capuchino de Silos


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