viernes, 17 de julio de 2020

Ay, si pudiese…



¡Se me hace tan difícil no dispersarme! Sé que son pequeñas faltas pero no quisiera manchar mi alma con ellas. ¡Es casi imposible! Llegan solas sin que nadie las llame. Por lo menos tengo, en ese momento, algo que ofrecerle al Señor; esas debilidades, esas distracciones, que tanto inquietan para vivir la muy querida humildad que tenían los santos. En seguida me acuerdo de mi preferida santa y le pido ayuda; una mijita, una pequeñita ayuda nada más. La quiero tener como referencia en mi vida pues ha vivido como y entre nosotros. “La oración y el sacrificio constituyen toda mi fuerza, decía, son las armas invencibles que Jesús me ha dado”. Que mi vida entera sea una oración para llenarla de pequeños sacrificios que ofrecerle al Señor cada día con cosas insignificantes y pequeñas. Es lo único que sabría hacer bien. Se lo pido al Señor con todas mis fuerzas; pero debo ser muy cerril porque se me escapan las mejores.




+Capuchino de Silos








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2 comentarios:

  1. Así nos quiere Dios, con nuestras distracciones , pero volviendo siempre a casa Y ese volver , se le hace más tierno, que todos los sacrificios. Con cuanto cariño deben estar sonriendo en el cielo al leer esta entrada

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