martes, 9 de julio de 2019

Capuchino de Silos


Entro en el blog con mucho cuidado y lo retomo con mucho temor. Cada letra, cada coma, cada frase, necesita nacer como cuando con el pincel dejo una pizca de color para contar un algo. Igual lo necesita la pintura y la música. Hay que trabajar; hay que ir quitando de aquí y de allí lo que pueda sobrar y lo que no suene bien. Es casi como un destello de luz, un paisaje que llevas dentro, los pasos de un baile, un arrebato de amor.
No hay reloj, porque no hay horario fijo, ni momento. Nunca prometí constancia, pero sí volver a entrar en la hoja blanca mía y de todos para contar algo. Para escribir como estoy haciendo.
Nunca hubiese querido llevarme disgustos por haberlo comenzado. Sí, y nada buenos.
Después queda la hoja virtual repleta de letras, comas y frases, una tras otra, que va quedando en ese lugar cuando aquel día de hace años le di nombre para decir cosas o contar historias.
Ahora, toca esperar otro momento sin día fijo, sin horario ni calendario.
Esperar también que llegue María mi querida amiga.


+Capuchino de Silos




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