No se sabe como nuestro búho llegó a vivir
apretujado tantos meses, quizás años, dentro de una caja enormemente grande y
llena de libros empolvados. ¡Pobrecillo! Era imposible que pudiese ver por muy
abiertos que tuviera los ojos y casi imposible que pudiese respirar aunque
tuviese algún que otro huequecito. Había demasiado polvo.
Cuando mi amiga y yo abrimos la caja para ir
sacando libros y poder limpiarlos dimos
con él. ¡Pobre! Su plumaje gris no era el suyo.
Lo primero que vimos fueron sus enormes ojos
redondos; atónito nos miraba con muchísima atención. Creemos que entre los
huecos de los libros como no tuvo otra cosa mejor que hacer en todo ese tiempo,
no pararía de rezar, de leer y de soñar con volver a vivir como Dios manda.
Estimada hermana, que hermoso en verdad gracias por su sencillez, cada vez que me acerco aquí encuentro siempre algo que me invita a meditar,me quedo con estas palbras.Este es un "búho" tan especial que jamás cierra los ojos. Los tiene fijamente y firmemente puestos en Dios y en la Santísima Virgen. que Dios seimpre éste con usted.
ResponderEliminarEs en verdad muy hermoso su compartir, que nosotros también estos con la mirada sólo en Dios y María y siempre a su pies, gracias, un gran saludo.
ResponderEliminarQue gracia tiene la historia...aisss como el buho quisiera estar...y dejandome ayudar como el cuando me quitan las "telarañas"...los que tengo a mi alrededor....Feliz Corpus Capuchino....
ResponderEliminarQué lindo búho que quiere estar a los pies de la Virgen.
ResponderEliminarMe imagino quien es el búho.