sábado, 14 de junio de 2014

Sobre la humildad


"Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad: 

-pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás; 
-querer salirte siempre con la tuya; 
-disputar sin razón o -cuando la tienes- insistir con tozudez y de mala manera; 
-dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad; 
-despreciar el punto de vista de los demás; 
-no mirar todos tus dones y cualidades como prestados; 
-no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees; 
-citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones; 
-hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan; 
-excusarte cuando se te reprende; 
-encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene; 
-oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;
-dolerte de que otros sean más estimados que tú; 
-negarte a desempeñar oficios inferiores; 
-buscar o desear singularizarte; 
-insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional...; 
-avergonzarte porque careces de ciertos bienes …"



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viernes, 6 de junio de 2014

Sobre fines y medios

Me ha parecido tan oportuno el texto que le he pedido permiso a su dueño para copiarlo

"En estos días previos a Pentecostés —que constituyen la novena madre de todas las novenas— la Iglesia pide que venga el Santo Espíritu divino. Lo pide de mil modos, con cientos de matices y gran variedad de formatos. Todos lo pedimos: ¡Ven Espíritu, ven!

Pero.

Las súplicas suelen, más o menos, emplantillarse en una estructura genérica que se forja así: Te pedimos, Señor, que envíes desde el Cielo tu Espíritu para que ……….. y en esos puntitos se completa la súplica. Para que nos inflame en el amor divino, para que nos ilumine con un rayo de su Luz, para que enderece lo torcido, caliente lo frío, gracilice lo rígido y larguísimo etcétera. Y esto es fabuloso.

Pero.

Pero el peligro es que el flujo de la súplica vierta todas sus aguas hacia el circunstancial de fin de la oración: para que tal cosa. Y torne así el pedido del Espíritu instrumental, funcional a eso. Y no un fin en sí. Como en la vida cotidiana podemos pedirle a un tercero: ¿podrás mandarlo a Fulano para que me arregle el calefón? Toda la fuerza gravitatoria, la fuerza intencional recae sobre la acentuada ó de calefón. Fulano es grave.

Y eso es grave.
Es bueno que en estos días caigamos en la cuenta de que “la adquisición del Espíritu Santo de Dios” —en nevada y feliz expresión de san Serafín— no es medio: es fin. No es medio: es fin. De nuevo: no es medio: es fin. Es el fin más final que cabe imaginar. Es aquello más allá de lo cual, nada. Es la estación terminal del tren. Es el fondo inescarbable de todo cuanto el hombre puede suplicar, anhelar, desear, suspirar, pretender, buscar, procurar.

Pues antes y más que ser Dador de dones es Él mismo el Don, su nombre más propio. Y para ese fin de amor hemos sido creados: para adquirir el Espíritu Santo.
De algún modo vale invertir todas las plegarias (sin por eso creer erróneas su versión usual, aclaro), y pedirle a Dios que emita desde el Cielo un rayo de luz para adquirir el Espíritu Santo; que nos otorgue descanso y tregua en la fatiga para adquirir el Espíritu Santo; que lave lo sórdido, riegue lo reseco, sane lo enfermo… para adquirir el Espíritu Santo. Pues el repliegue de la Presencia de su Persona en lo íntimo del corazón de sus fieles es el Bien Absoluto, sinsuperable, inmejorable, inaumentable.

Envíalo, Señor Jesús: no nos dejes huérfanos; danos Tu Espíritu. Y eso nos basta. Que venga a nosotros y con nosotros permanezca hasta Tu retorno. Amén."

Diego De Jesús



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domingo, 1 de junio de 2014

“Ellos no son del mundo como tampoco yo soy del mundo”

“Comenzad ya ahora, en este tiempo de Pascua, vuestra resurrección con Cristo. ¡Mirad cómo os tiende la mano! ¡Resucitad con Él! Salid del sepulcro del viejo Adán, abandonad vuestras preocupaciones, las envidias, las inquietudes, las ambiciones del mundo, la ligereza, el egoísmo, la indolencia, la vanidad y los delirios de grandeza.
Esforzaos desde ahora en hacer lo que os parece difícil, pero que no debéis descuidar: velad, orad y meditad.
Dejad ver que vuestro corazón, vuestras aspiraciones y toda vuestra vida están con vuestro Dios. Reservad cada día un poco de tiempo para ir a su encuentro. No os digo que dejéis el mundo no que abandonéis los deberes que tenéis aquí en la tierra, sino que seáis dueños de vuestro tiempo. No dediquéis horas enteras al ocio o a la vida de sociedad. No oréis únicamente cuando os encontráis cansados y a punto de ir a dormir; no os olvidéis completamente de alabar a Dios o de interceder por el mundo y por la Iglesia. Comportaos según las palabras de la Escritura: Buscad los bienes de allá arriba. Demostrad que pertenecéis a Cristo ya que vuestro corazón ha resucitado con Él y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios

Beato John Henry Newman
                 


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sábado, 24 de mayo de 2014

Mil gracias Fran



Anthony Hopkins es músico

Hoy he recibido un mensaje en mi correo particular que ha me ha llenado de emoción. Es de mi buena y querida seguidora  Fran.
Os dejo el mensaje en su integridad:


Querida Capuchino, te echo de menos.

Aunque estoy muy poco en el blog porque dedico mucho tiempo a mi madre, paso por los que más dentro llevo y gracias a Dios tenemos el tuyo que es para mi el mejor junto con el de Angel. Pero siento que tu no estás. ¿Cómo te encuentras?

Recuerdo que por Cuaresma tenías una preocupación. Espero que estés bien y que vuelvas. Nada puede ser igual en la blogosfera sin Capuchino de Silos.

Te mando este vals que me ha encantado.

Un abrazo muy fuerte



Hace 50 años, Anthony Hopkins escribió un trabajo musical titulado ‘And the waltz goes on’. Hopkins, quien ha escrito música durante muchos años, dijo que la pieza fue hecha para el violinista holandés André Rieu luego de verlo tocar.

“He sido un gran admirador de André Rieu por muchos años. Es un gran músico. Mi esposa y yo tenemos el mismo sueño de conocerlo algún día, así que le mandé algo de música que había escrito yo” explicó el actor ganador del Oscar por su papel en ‘El silencio de los inocentes’.
Rieu dijo que se sorprendió bastante cuando escuchó el nombre del compositor de la música, quien nunca la había escuchado siendo ejecutada.
Hopkins viajó a Vienna, para ver la premiere mundial de su pieza a cargo de Rieu y quedó completamente sorprendido, afirmando que fue mucho más de lo que esperaba.
Aquí pueden ver un video:


Se trata de una composición de mi actor preferido, Anthony Hopkins que es, además, un magnífico músico (no lo sabía). La música comienza en el minuto 4. ¡Precioso!

Muchísimas gracias Fran Un fortísimo abrazo

+Capuchino de Silos

martes, 20 de mayo de 2014

Carta de santa Gema Galgani.


Padre mío: no puede imaginarse la de veces es que en estos días habré tomado la pluma en la mano para escribirle. Me parece que son muchas las cosas que tengo que decirle, pero siento tal repugnancia en decirlas, que no se lo puede figurar. Y hace más de diez días, padre mío, que he recibido que Jesús el mandato de decirle estas cosas que quiero decirle, pero que ni aún a Jesús obedezco.
Antes de todo he pedido a las muchas almas buenas que rezasen a Jesús, para que Jesús antes que nada me diese fuerzas para escribir cosas que tanta repugnancia me causan; luego, que preparase el corazón de mi padre (si es verdaderamente Jesús) para que esté dispuesto a contentar al Corazón Sacratísimo de mi Jesús, y a darle la satisfacción que este Corazón tanto demanda; además... oh, padre, padre, ahora mismo es tal mi repugnancia, que me parece imposible seguir adelante. Acabo de estar con monseñor, que me ha dado permiso para escribirle con toda libertad…
No sé por dónde empezar pero Jesús me ayudará. Hace varios días que después de la Sagrada Comunión Se deja sentir de tal manera que apenas puedo resistirlo, y me siento morir; me habla de ciertas cosas, que ha sido necesario toda la buena voluntad de Jesús para hacérmelas entender. Hará unos diez días que, apenas recibido, me hizo esta pregunta: "Dime, hija, ¿me amas mucho?"... ¿Y que responder a esto, padre mío?... El corazón respondió con sus palpitaciones. "Y si me amas -añadió-, ¿harás cuanto Yo quiero?”... También a esto el corazón respondió, manifestando el deseo que tenía. “Es un negocio importante, hija mía: tienes que comunicar cosas grandes a tu director”… A lo que, padre mío, respondí con estas palabras: “¡Oh, Jesús! –le dije- por caridad: no mandéis que vaya a monseñor; ya sabéis bien, ¡oh, buen Jesús! que éste no hace caso de las cosas de mi fantasía”. Y Jesús entonces: “No, no; quiero que te dirijas a tu padre (su director espiritual el P. Germán). Espero que él ha de dar a mi Corazón la satisfacción que deseo”.
Y me parece que siguió diciendo: “Hija mía –exclamó suspirando- ¡cuánta ingratitud y malicia hay en el mundo! Los pecadores siguen viviendo en la pertinaz obstinación de sus pecados. Mi Padre no les puede tolerar por más tiempo. Las almas viles y flacas no se hacen ninguna violencia para vencer la carne. Las almas afligidas se amedrentan y desesperan. Las almas fervorosas poco a poco van cayendo en la tibieza. Los ministros de mi santuario…” Al decir estas palabras Jesús se paró, y luego prosiguió: “A ellos a quienes he confiado la continuación de la obra de la Redención…” Jesús se volvió a callar de nuevo… “A esos tampoco mi Padre puede tolerarlos ya. Yo les doy continuamente luz y fuerza, pero ellos… Ellos, a quienes yo he tratado siempre con particular predilección; ellos, a los que siempre he mirado como a la pupila de mis ojos”… Jesús se volvió a callar y suspiró. “Constantemente, sólo recibo de las criaturas ingratitud y malos tratos; la indiferencia va cada día en aumento, nadie se arrepiente. Y Yo, en cambio, desde el cielo, no hago sino dispensar gracias y favores a todas las criaturas; luz y vida a la Iglesia; virtud y poder a quien la dirige; sabiduría a los encargados de ilustrar a las almas envueltas en tinieblas; constancia y fortaleza a las que deben seguirme; gracias de todas clases a cuantos justos y aún pecadores yacen escondidos en sus antos tenebrosos; hasta allá dentro hago yo llegarles mi Luz, allí les enternezco y hago lo posible para convertirles… Más ellos… ¿Cuál es el fruto de mis afanes? ¿Qué correspondencia hallo en las criaturas por mí tan amadas? Al ver lo que veo, me siento traspar de nuevo el corazón”… ¡Oh Jesús! Pero vayamos adelante, padre mío… “Nadie se cuida ya de Mi amor; Mi corazón está olvidado, como si nada hubiese hecho por su amor, como si nada hubiera padecido por ellos, como si de todos fuera desconocido. Mi corazón está siempre triste. Solo Me hallo casi siempre en las iglesias, y si muchos se reúnen, lo hacen con motivos bien distintos de los que Yo quisiera; y así tengo que sufrir viendo a mi Iglesia convertida en teatro de diversiones; veo que muchos, con semblante hipócrita, me traicionan con comuniones sacrílegas”…
Jesús habría continuado, pero yo me vi obligada a exclamar: “Jesús, Jesús, yo no puedo más!... ¡Si pudiese!...”
Jesús estaba conmovido; se paró un poco, y luego prosiguió dulcemente: “Hija, tengo necesidad de almas que Me consuelen, cuando son tantas las que Me disgustan. Tengo necesidad de víctimas, pero víctimas de verdad. Para calmar la ira divina y justa de mi Padre celestial, necesito almas que con sus padecimientos, tribulaciones y asperezas, satisfagan por los pecadores y los ingratos. ¡Oh, si pudiera hacer comprender a todos cuan irritado está mi divino Padre contra el mundo!... Nada hay capaz de contenerlo. Esta preparando un castigo terrible para todo el género humano. ¡Cuántas veces he tratado de calmarlo! La vista de mi cruz y mis padecimientos no son ya bastante a contenerlo. Muchas veces Le he calmado presentándole un grupo de almas escogidas, de víctimas heróicas. Sus penitencias, sus asperezas y sus actos heróicos Le han aplacado. También ahora para aplacarlo Le he presentado alguna de estas almas, pero Él me dice: “ No, no puedo más.” Y es que estas almas, hija mía, no pueden bastar para tanto. Son pocas.”
Se me ocurrió entonces preguntarle: “¿Y cuales son esas almas?” A lo que Jesús: “Las hijas de mi Pasión.” Quedé asombrada, porque yo pensaba si serían las sepultadas vivas, por ser las más escondidas. Jesús continuó. “Si supieras, hija mía, cuántas veces he visto calmarse a mi Padre, presentándole estas almas!.. pero ahora son muy pocas, no son suficientes.”
Yo callaba: “Hija mía –me dijo- escribe inmediatamente a tu padre y dile que vaya a Roma, que exponga este deseo mío al Santo Padre, que le diga que un gran castigo amenaza al mundo, y que necesito víctimas. Mi padre celestial está sobremanera indignado. Yo os aseguro que si dan a mi corazón la satisfacción de hacer aquí en Lucas una nueva fundación de religiosas Pasionistas, aumentando así el número de estas almas, las presentaré a mi Padre, y Él se aplacará. Dile que éstas son mis palabras, y que será el último aviso que Yo le doy, habiendo manifestado sobradamente mi voluntad. Di a tu padre que me de esta satisfacción.”


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sábado, 17 de mayo de 2014

Meditar con un santo

No hay nada mejor que encontrar un santo que nos hable de Dios y enseñarnos cómo hacernos inseparable de Él.
He encontrado estas frases para meditarlas. Me parecen oro molido.

“No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en ti mismo…
No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tú lo alcances…
No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos…
No le exijas a Dios que te gobierne a golpe de milagros desde afuera; ¡gobiérnate tú mismo! con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!..
No le pidas a Dios que te responda cuando le hablas; ¡respóndele tú!, porque Él te habló primero; y si quieres seguir oyendo lo que falta escucha lo que ya te dijo…
No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dio. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue posible porque tu Dios te quiere libre…
No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y de saberte amado. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego, y que si tú puedes amar es porque Él te amó primero”  

+San Agustín





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jueves, 8 de mayo de 2014

Vuelve la primavera


Mis golondrinas han vuelto a anidar con la misma alegría de ayer.
La lavanda ha despuntado sus primeras flores lilas, y espero, inclinada y ansiosa, que nazca mi propia primavera.
He abierto mi casa ofreciéndole un pequeño regalo. Es lo que tengo.
Mi alma, desbordada, camina junto a sus pasos sin verlo pero lo encuentro después de mucho andar. Allí está, detrás de las oscuridades espesas del bosque, donde siempre hallo nuevos destellos de luz, aunque a veces, distraída, no logro encontrarlo en tantos días de espera y búsqueda.
Mi deseo no es otro que hallarlo...y la luz se diluye haciéndose mucho mayor...y llega la oración que lo invade todo porque Él se encuentra en aquella luz.
Y yo con un insignificante regalo.
A cambio, me lo da todo.


+Capuchino de Silos





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domingo, 4 de mayo de 2014

Contemplar no es estar a solas consigo mismo

No debemos aceptar una visión puramente quietista de la oración contemplativa. No es mera negación. Nadie se convierte en contemplativo sencillamente por "oscurecer" las realidades sensibles, y permanecer solo consigo mismo en la oscuridad.
En primer lugar, uno que hace eso es como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino consigo mismo. No está en presencia del Único trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en sí mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es "nada" no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada de místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a sí mismo en su propia trivialidad.
De esto dice Tauler: "Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de sí mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual.

+Thomas Merton




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