...deslizándose lentamente hacia la Cuaresma, hacia el dulce amor
del Calvario, que también duele, como sigue doliendo mi pensamiento cuando
arrecian las vivencias de estos días pasados.
“Fusa”, mi perrita, parece que se huele algo y corre diligente con su
rabito hacia arriba agitándolo sin parar para sentarse junto a mí. Lo hace muy,
muy pegadita, rozando todo su cuerpo con el mío como queriendo que pueda oír
los latidos de su corazón descansando su cabecita junto a mi pecho mirándome y
pidiéndome con sus ojitos fijos en los míos una simple caricia. Con un sólo
movimiento de mi mano se duerme plácidamente hasta que me levanto que corre de
nuevo, sin separarse de mí un solo instante.
Es un momento especial lleno de ternura y cariño. Sabe que algo ocurre o
que ha ocurrido algo especial.
En contraste con ayer ha amanecido el día dorado y limpio. El sol lo
bendice todo por dentro y por fuera poniendo melodía en el aire. Ayer, los
árboles parecían muertos. Hoy sus ramas solitarias se agitan como esculturas de
Giacometti.
+Capuchino de Silos




