martes, 29 de enero de 2013

En todo momento...




siempre está; en cualquier lugar que nos imaginemos; allí donde nos cuesta llegar; entre montañas cubiertas de nieve; entre arboledas con  fuentes  y parques llenos de madres con niños que ríen jugando; en casa, hoy, ahora, en este momento; siempre está. Con paciencia y misericordia infinita esperando que desaparezca la nieve que nos separa; o, también, simplemente, para  que le podamos dirigir una mirada cariñosa y decirle que le damos gracias por tanto como recibimos cada día o decirle sencillamente que deseamos tenerle 
cerca, muy cerca.
+Capuchino de Silos


'

sábado, 26 de enero de 2013

Flores blancas...

 

La foto la he encontrado en internet y me he enamorado de ella nada más verla. Mientras la miro le he puesto música, una música romántica como su compositor. Escucho los Impromptus de Schubert, porque a una cosa tan bella hay que ponerle música bella como es la música de Schubert. La música me hace viajar a mundos recónditos y la envuelvo con bellos paisajes.

Me pregunto cómo una planta tan femenina y delicada ha podido florecer con tanta energía en un ambiente tan gélido y con tanta nieve que casi la cubre por entero. Sus flores son tan blancas como la nevada que viste bajo sus pies; son casi capullitos que miran hacia abajo con la misma humildad que las violetas de Santa Ángela que nacen a raíz del suelo. Sus hojas, al contrario, remontan erguidas, fuertes y firmes de donde reciben del cielo todo mimo y cuidado y sus tallos y hojas crecen y crecen sin parar aunque estén atrapadas por la helada.

Me pregunto, si la luna, posiblemente, las esté iluminando y protegiendo, por eso, quizás, sus flores estén semicerradas y la noche las esté cubriendo con sus estrellas gesticulando entre sí para custodiarlas, mientras el campo, con los brillos de la nieve, se agarra a las piedras añorando ese fuego que las abrigue. El duro invierno ya llegó con su rigor quedando muy lejos aquel otoño con sus teñidas hojas azules.

+Capuchino de Silos


sábado, 19 de enero de 2013

Entre árboles



En cualquier estación del año y más en invierno, cualquier día viene cargado de fantasía, de días cálidos, de días de lluvia, de viento, de días fríos cargados de colores fríos...y tantas cosas que me ayudan a meditar y sentirme cerca de Dios. Podemos así sobrevolar muy alto y alcanzar el cielo fugazmente; para mirar, para sentir, para fantasear, para amar y notar como cada uno de los sentidos se llena de júbilo y alegría, pues nuestro corazón está hecho para eso; para amar y desear ese encuentro imaginario sin perder ocasión alguna y así poder mantener viva la esperanza en todo momento. Es un maravilloso ejercicio: llenar el alma de esperanza, de ilusión, de sueño, de encantamiento nada más abrir los ojos.

Pienso, porque da igual la estación del año en que uno se encuentre, cómo debió disfrutar el artista haciendo esos preciosos trajes de la fotografía para que se confundieran con la arboleda del bosque y aparecieran sobre el espacio dos ninfas encantadas cargadas de bellas hojas verdes para que se confundieran con el paisaje. Solo faltaría, para completar el cuadro, que el viento las hiciera acunar delicadamente. Dios llenó de gracias especiales a ese artista y lo colmó de delicadeza y sensibilidad.

Siempre se me eriza la piel cuando algo se llena de magia y encanto porque vuelvo a dar gracia por el milagro que Dios hace cada día.



+Capuchino de Silos


'

sábado, 12 de enero de 2013

El día de hoy




El día de hoy me lleva a salir de casa.

Es un día cargado de luz, luz blanquísima que lo ilumina todo, que lo hace  apacible y sereno con la calidez rozando la cara para saborear los minutos sin mirar el paso del tiempo que llevo en mi muñeca.

Sin darme cuenta llega la fantasía de mis sueños y me dejo caer en sus brazos sin brasero, sin nubes que acechen lluvia, porque aunque enero sea un mes lluvioso y frio, espero al Sol que viene a avivar el fuego, que a veces, no consuela.

Es un mes de un sol entre nubes y lluvia; pero hoy, el aire es cada vez más cálido, más blanco, oliendo a calor de chimenea con labor de punto o un libro entre las manos.

En el regreso, al atardecer, el aire se vuelve más frio, más añil, más malva, más manso; todo, se refleja en las paredes del jardín de la casa; celosamente lo guardo en mi pensamiento como la calidez de la invernal y blanca mañana, mientras mi espíritu, que nunca permanece inmóvil, sigue atravesando los mismos pasadizos de siempre buscando el descanso del cuerpo y del alma.

+Capuchino de Silos

'