La violencia es una herida tan profunda como la picadura de
una serpiente de cascabel que deja el veneno dentro y no hay quien lo quite
como no sea cortando la hendidura del mal que ha dejado.
Unos aman a Dios porque lo tienen.
Otros, tienen la devoción
de juzgar al prójimo con presunción e inmodestia.
Los que aman a Dios tienen su gracia.
Las conjeturas de los otros
son completamente infecundas, inútiles y hacen tanto daño como aquellas
mordeduras de serpientes. Carecen de falta de atención, de bondad y el mismo diablo
huele la carencia de virtud.
Los que aman a Dios tienen el alivio de la veracidad.
Los
otros no creen ni en el mundo en el que viven.
+Capuchino de Silos
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