No quería más que su infinita gracia para hacerlo. Al paso iría recogiendo todos esos pequeñitos tesoros que
van apareciendo en mi jardín para entregárselos. ¡Qué horrible hubiera sido no
haberle podido dar nada! Deseaba
recibirle en mi pequeña casa toda limpia y desempolvada; retirando y desechando lo inútil e innecesario.
Que fuese un lugar diferente y radiante. Quería desligarme de todas las cosas
terrenas, cosa bastante difícil para una pobre soñadora de deseos todos
mundanos. Lo más insignificante puede ser especial para mí. Oh Dios mío, cómo
podría depositarte mi casa, mi jardín para hacerlo firme como una roca y que no
pudiera hundirse en el fango y en la miseria.
Todo fue serenidad, sosiego, silencio y dulzura cuando lo recibí; nada entorpecía esos deliciosos minutos. Cuando se obedece, todo llega y deleita como el mejor manjar.
Todo fue serenidad, sosiego, silencio y dulzura cuando lo recibí; nada entorpecía esos deliciosos minutos. Cuando se obedece, todo llega y deleita como el mejor manjar.
+Capuchino de Silos
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