“¿Qué hicieron los santos para ser tan
perfectos y contemplativos? Procuraron morir a los deseos terrenales, y así pudieron
unirse a Dios con todas las fuerzas de su corazón y quedar libres para
preocuparse de sí mismos. Si estuviéramos muertos completamente a nosotros
mismos y sin ningún impedimento interior, podríamos entonces entender en las
cosas de Dios y gustar un poco la contemplación celestial.”
Dios habla cuando
en el hombre todo su ser humano calla. La voluntad divina se revela al hombre,
y se hace divina la voluntad del hombre cuando su voluntad terrena se extingue.
“Y yo miraré –así
el Señor por boca de Isaías, profeta- hacia aquel que es pobre y de espíritu
contrito.”
El pobre verdadero
y puro no es el que nada posee, sino el que nada quiere, fuera de Dios.
¡Bienaventurados
los pobres!
Estimada Capuchino de Silos, cuánta razón tienes al hacer esta preciosa reflexión.
ResponderEliminarDeberíamos tener la suficiente valentía para despojarnos de todo aquello que es superficial y accesorio a lo trascendente y vitalmente espiritual. Sólo entonces podríamos encontrar la verdadera y única felicidad, en este mundo terrenal.
Al menos, vamos a intentarlo.
Gracias por escribir así, por tocarnos el corazón de esta manera tan hermosa e intensamente sutil.
Un abrazo enorme.
Hola querida amiga,empezamos la Cuaresma, quiera Dios concedernos que dejemos de lado todo aquello que sólo nos hace perder el tiempo y no nos permite tener un acercamiento filial a nuestro Señor.
ResponderEliminarGracias por tus reflexiones, siempre llenas de Fe!
Dios te bendiga, Santa Cuaresma.