“La abeja va revoloteando
acá y allá entre las flores por la primavera, no a la ventura, sino con un
designio fijo, no para recrearse solamente viendo la alegre variedad del campo,
sino para buscar la miel; y encontrando las flores oportunas, extrae su jugo y
se carga de él, y después llevándose a la colmena con gran arte, separando de
él la cera y formando con ella el panal, en el que guarda la miel para el
invierno siguiente. Así el alma devota, en la meditación, va de misterio en
misterio, no al vuelo y para consolarse solamente en ver la hermosura admirable
de las cosas divinas, sino detenidamente y de intento, para encontrar motivos
de amor o de algún afecto santo, y, encontrándolo, lo atrae a sí, lo saborea,
se carga de él, y colocándolo dentro de su corazón, separa lo que conoce ser
más propio para su adelantamiento, haciendo finalmente resoluciones
convenientes para el tiempo de la tentación”
Hola querida Capuchino,que hermosa entrada!!,que bonito es vivir la Fe desde el enamoramiento de nuestro Señor, que hermoso revolotear con nuestra alma por la riqueza de las devociones, lecturas espirituales, festividades... y llenarse el alma...para luego acercarnos al calor de nuestro Dios en la Eucaristía!
ResponderEliminarUn abrazo desde Argentina!
Me gustaria tener las “cestitas “ como las que Diosito ha provisto a las abejitas para llevar su preciosa carga
ResponderEliminarHermosa misión la de las abejitas, que bueno ser como ellas.
ResponderEliminarAbrazos.
El alma del poeta siempre observa, aprende y saborea lo que la Vida le dice en la naturaleza...los animales nos ayudan a reflexionar sobre la vida misma y con naturalidad y sencillez nos llenan de ideas y recursos para recoger las mieles y guardarlas...que Gracia tiene tu entrada...un beso
ResponderEliminarHola Capuchino cuanto tiempo, me ha encantado tu entrada, muy sugerente.
ResponderEliminarLa naturaleza siempre me habla de Dios, fué su Creador y me deleito dia dia en los amaneceres con sus luces, cuánto me habla ahi El. Un abrazo