Mientras meditaba, pensaba que los apóstoles tenían que estar alegres, muy alegres; también yo, de haber estado allí. ¡Lo habían visto y estaba con ellos!Era pasión lo que sentían. Y la pasión es entusiasmo, es delirio, es regocijo...es una manera maravillosa de gozar con todo, pues todo está iluminado y resplandeciente. ¡Y no era para menos! El Señor estaba allí, estaba con ellos.
Y le dije que quería que hiciera brotar mi fe. Que la volviera firme y segura como una roca para apoyarme en ella en los momentos de oscuridad, y que quería almacenar su doctrina para luchar, para seguirlo y decirle con toda la humildad de la que soy capaz: “quiero, Señor, lo que Tú quieras, lo quiero porque Tú lo quieres, lo quiero como Tú lo quieres, lo quiero hasta que Tú lo quieras"
Capuchino de Silos
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Se mi roca,Señor, mi todo, mi refugio y mi fortaleza!.
ResponderEliminarHermosas palabras Capuchino!Buen fin de semana.
Estimada hermana, gracias por su sencillez al regalarnos esta bella oración, ÉL es la ROCA firme donde siempre hemos de anclar, sólo ÉL es nuestro refugio, en una palabra sólo Dios, gracias hermana, por su detalle de la pelicula instentare buscarla para poderla ver con mis hermanos, Dios le pague su generosodad, Dios sea con usted.
ResponderEliminarAmen amen amen!!!!!!
ResponderEliminarEl es la roca que engrandece nuestra fe, nos da fuerzas para seguir el camino. Precioso amiga, gracias por evangelizar. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea.
ResponderEliminarhttp://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/
Quiero, Señor, lo que Tú quieras, lo quiero porque Tú lo quieres, lo quiero como Tú lo quieres, lo quiero hasta que Tú lo quieras"
ResponderEliminar¡Que maravilla Capuchino!
¡Muchas gracias por orar con nosotros. Un beso.
Dios te bendiga.
Él es nuestra roca donde poder sujetarnos fuertemente, que no permita que caigamos.
ResponderEliminarUn beso y buen fin de semana
Una de las cosas que nos hacen disfrutar cuando estamos "solos", pues no estamos solos, sino con Cristo y María Santísima.
ResponderEliminarCuando abrimos el Nuevo Testamento, sentado sobre la hierba del campo, o bajo la sombra de algún árbol, meditamos, ¡qué maravilla!
Buscamos la soledad para encontrarnos con el Señor, lejos del ruido del mundo, de los coches, del griterió de la gente.
Y deseamos que todos encuentren esa alegría en el Señor, renunciando una vida de desordenes y pecados.