lunes, 10 de septiembre de 2012

Vuelve a ser lunes


Casi el último regalo que he recibido ha sido volver a casa, a la casa de siempre, a la casa donde puedo ver pasar el otoño y el invierno oliendo a chimenea porque me gusta todo lo que rodea ese tiempo. Siempre le pongo un barniz de entusiasmo y lirismo y muy pronto podré saborear las tardes de brasero y lluvia; pronto, también, el mar se volverá plomizo y enfadado y lloverá sobre él sin que yo ya pueda verlo; allí, atrás, allí quedó con todo su maravilloso mundo.
Hoy vuelve a ser lunes. A mí todos los días me parecen lunes, lunes luminosos de puro agotamiento porque es una delicia volver al trabajo de siempre.
Y...comienzo el día pronunciando muy bajito a los pies del Señor que se haga su voluntad siempre, que si es para mejorar cuando Él quiera, pero para empeorar, ¡no, por favor!

+Capuchino de Silos


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jueves, 6 de septiembre de 2012

Trazo dorado

 

El día de hoy es único. No se repetirá y eso me hace meditar para no perder un solo instante. Irá revestido de gracia que me conduce, como siempre, apoyada de acá para allá en ese bastón, que invisible me lleva, para que no pueda caerme. En este día no hay oscuridad, veo la luz que trazo en mi mente con el pincel cargado de oro, con un solo trazo dorado, lleno de luz que nada tiene de desierto oscuro. No hay engaño, ni disimulo. Hay trabajo y una amistad única, especial y verdadera llena de una felicidad que termina con ese bello camino que lleva al sueño lleno de agotamiento y debilidad.
Del cielo nos llega la lluvia, ese maravilloso regalo que cultiva los campos y que está cargado de estrellas, con luna y sol, frío y calor; heladas con noches de oscuridad y días cargados de luz. Todo invita a alabar a nuestro Dios y Señor, invita a amarlo por encima del cielo.

Toda mi vida quiero que sea como ese trazo dorado de incienso lleno de amor.


 +Capuchino de Silos


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martes, 4 de septiembre de 2012

...como en fuga





No es una vez, ni dos, ni tres. Son contables de a miles. Se ve que es hábito; divino hábito. Alcanza con que, en medio de la Lectio divina, uno intente apoderarse de la Sabiduría encharcada en el bache de algún versículo... para ser testigo de esta recurrente escena: verlo al Señor escabullirse por entre los intersticios del texto: le puede servir la amplia lucarna de la o, las recovas de la eme, o simplemente las grietas que dejan los signos de puntuación. Yo lo he visto —e insisto, no una vez, sino mil— al Señor en fuga; huyendo de mis manos posesivas, de mis garras dominadoras, de mis dedos procurando cerrarse sobre un versículo.
Si muchos son testigos del Señor en tantos testigos de su aparición, yo acredito mi parte: a mí se me ha dado más bien ser testigo de su fuga; de su permanente fuga. No digo testigo de su ausencia, pero sí de su estarse-yendo.

Y no se crean que me quejo de la vista que le ha tocado a mi ventana, que no es magra la hermosura de Sus Espaldas, que en progresivo achicamiento, veo retirarse de mi presencia, brincando de jotas a efes, de tildes a comas, internándose cual joven cervatillo en la espesura de los infranqueables montes eternos, donde el Misterio se resguarda y preserva de los depredadores.

Amo el acorde final del evangelio de hoy, como entrañable postal de mi cristianismo: fugit iterum in montem ipse solus.
Siempre bello, Señor; siempre bello; pero nunca tan bello como en fuga. No permitas nunca que te atrape”.

+& 

domingo, 26 de agosto de 2012

...Nicodemo



“Yo continúo siguiéndole, pero aún no le he hablado de mi problema. Escucho lo que dice y cada vez estoy más persuadido de que si hace algo por mí será pidiéndome mucho a cambio. Quizá no me lo pida..., pero yo tendré que dárselo... Me paro a considerarlo y dejo que los días vayan pasando...
El paisaje es muy bonito. Aspiro a pleno pulmón el perfume de las primeras flores, pero así que empiezo a disfrutar de ello siento como un golpe en el pecho: “tú aquí, y allí Rut...” Mi alegría se extingue entonces como la llama de una lamparita bajo un soplo de aire. Me encierro en mí mismo, exprimo todo el dolor que me llena y repito las palabras del sabio: “vanidad de vanidades y todo vanidad...” Luego el dolor, la pena y la añoranza se mezclan con una sensación de disgusto que aparece no sé cómo. En verdad te digo; más vale seguirle y escuchar sus explicaciones, como cuentos que un cantor compusiera en una noche cuajada de estrellas altas, en medio del silencio interrumpido sólo por el rumor de los riachuelos.”

Dobrac  Zynski


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martes, 21 de agosto de 2012

...en su compañía


"Solo de todo para estar con el Solo, tu soledad se ordena a estar presente a la Presencia. Busca, entonces, lo más que puedas traer a Jesucristo dentro de ti presente y ponte junto a Él. Si te acostumbras a traerlo y tenerlo junto contigo y Él ve que lo haces con amor y que vas procurando contentarle, no te faltará, estará siempre y en todas partes contigo.
Solo y en su compañía, descubriéndolo a tu lado o dentro de ti, ábrete con todo tu ser a tratar con Él en la fe y el amor. Estate allí con Él, acallando el entendimiento. Ocúpate en mirar que te mira y acompáñalo y háblale y pídele y humíllate y regálate con Él y acuérdate de que no merecerías estar allí"

+Diego de Jesús 


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sábado, 11 de agosto de 2012

De las obras que proceden de la caridad



No se debe hacer lo que es malo por ninguna cosa del mundo; ni por amor de alguno; más por el provecho del necesitado, alguna vez se puede diferir la buena obra o trocarla por otra mejor. De esta suerte no se pierde, antes se muda en otra mejor. La obra exterior sin caridad no aprovecha; mas todo cuanto se hace con caridad, por poco que sea, se hace fructuoso, pues más mira Dios al corazón que a la obra misma.
Mucho hace el que mucho ama, y mucho hace el que en todo hace bien, y bien hace el que atiende más al bien común que a su voluntad propia.
Muchas veces parece caridad lo que es amor propio; porque la inclinación de la naturaleza, la propia voluntad, la esperanza de la recompensa, el gusto de la comodidad, pocas veces nos abandonan.
El que tiene verdadera y perfecta caridad, no se busca a sí mismo en cosa alguna; mas sólo desea que sea Dios glorificado en todas las cosas. De nadie tiene envidia, porque ama algún placer particular, ni se quiere gozar en sí; más desea sobre todas las cosas gozar de Dios. A nadie atribuye ningún bien; mas refiérelo todo a Dios, del cual, como de primera fuente, emanan todas las cosas, y en quien finalmente todos los santos descansan con perfecto gozo. ¡Oh quien tuviese una centella de verdadera caridad! Por cierto que sentiría estar todas las cosas mundanas llenas de vanidad.

+T. de Kempis

miércoles, 8 de agosto de 2012

Frase de un sacerdote



Una de las mejores frases que he leído últimamente la escribió el otro día un sacerdote que conozco.
Es ésta:
Los Santos son atletas del alma, no tienen un cuerpo 'Bolt' pero adelantan en la carrera de la perfección: Cuando llegan a la meta, reciben la corona de manos del Rey de Reyes”

+&

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domingo, 5 de agosto de 2012

Te pido



¡Oh mi buen Jesús!
Dame una gotita de tu ternura,
de tu amor, de tu gracia.
Asísteme y dame la fe que necesito
para que nada me inquiete cuando camine en la noche.
Estando a tu lado,
no me faltará tu divina fortaleza.


Capuchino de Silos


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domingo, 29 de julio de 2012

Descanso



 
Hace días tenía que consolarme con lo que fuese porque las fuerzas ya no custodiaban mi vida; quizás porque era tiempo de descanso para ellas; quizás porque tenía que haberlas mimados más y mejor. Pero la realidad era que sentía la necesidad de descansar para recuperar el milagro diario. De repente, mientras pensaba esto, comenzó a llover con todas las fuerzas. La tormenta en pleno verano se podía contemplar con alegría y se veía cómo llovía sobre el agua. Fueron diez escasos minutos.
Gozo con todo lo que rodea la lluvia y ahora más viendo como la gente seguía bañándose disfrutando de ese delicioso momento. Todo un espectáculo que observaba con un barniz de emoción y entusiasmo en esa tarde donde las fuerzas bailaban muy lejos.
Acudí, como en tantas ocasiones, a Él que me comprendía sin necesidad de explicarme. También ese dulce momento debía ser para Él. También en el descanso quería buscarlo y que su alegría formara parte de ese descanso.
Capuchino de Silos


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martes, 24 de julio de 2012

Experiencia única y celestial (continuación)


Y así fue: una experiencia única y celestial y todo lo que uno quiera añadirle.
Al ultimar la limpieza del altar y del sagrario colocamos el mantel almidonado blanco y purísimo con encaje de bolillo al filo y doblado en abanico. Sobre ese mantel, delante del sagrario, un pequeñito corporal, tan blanco como la nieve  para apoyar el Copón con el Santísimo cuando está en uso y a su derecha, a un palmo, un pequeño y precioso vasito con agua y otro corporal doblado sobre él.
Se colocaron los seis altos candelabros dorados, tres a cada uno de los lados y limpiamos el cristal de la lámpara que sirve de vasija para encajar en su interior la mariposa roja que ilumina al Señor cada día. El cristal quedó tan limpio y transparente que, al contemplarlo, sólo se veía la lamparilla que lucía ilusoriamente al aire.

Miramos el conjunto que quedó precioso y dimos gracias al Señor preparándonos para vestir el Altar Mayor con ropa limpísima e inmaculada.

¡Cómo se disfruta preparando algo tan hermoso para el Señor!

Allí, en el otro altar, donde cada víspera de domingo o fiesta se celebra el Misterio más grande jamás soñado, íbamos a proceder al cambio de manteles usados por otros limpísimos y doblados igual que los anteriores en abanico.

Sueño cada día con esa celebración donde mi Dios y Señor se hace presente dándolo todo como lo hizo en esa semana grande de Pasión hasta dar por nosotros su última gota de sangre y todo su amor. ¡Qué delicia poder ponerle lo más hermoso colocado con el máximo cuidado y amor!

Terminamos poniendo los candelabros, la cruz y el atril de bronce para el Misal y dimos por finalizado el trabajo.
Estoy segura que todos los ángeles y San Francisco Javier, que así se llama la parroquia, nos ayudaron para que el Señor quedara contento.

Antes de acabar pedí un deseo a ese mi Dios y Señor que casi le toco con mi mano su túnica.

¿Cómo será la Gloria, Dios mío?

Capuchino de Silos



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