Me
encontraba en el primer banco y en pleno ratito de oración con el Señor cuando
escuché unos pasos rápidos que se acercaban por el pasillo central de la
iglesia. En voz alta discutían, no hablaban. Al estar la iglesia casi vacía se
distinguía lo que decían. Me extrañé y puse atención a ver qué pasaba. Eran dos
señoras y un hombre muy blanquito todo él, muy alto y corpulento con calzona
negra por encima de las rodillas y camiseta negra: un auténtico adefesio de unos
cincuenta y tantos años. Una de las
señoras, la que parecía más joven, portaba un ramito de rosas en tonos pastel; con
paso decidido se dirigía muy contenta y sonriente a la puerta de la sacristía
dejando a sus interlocutores atrás. Ninguna de las caras las había visto jamás
por la parroquia.
El sacristán, que estaba sentado en un banco de la iglesia, se levantó
rápido y veloz y fue tras ella pues no la debía conocer tampoco; de haberla conocido
la hubiese dejado entrar sin seguirla.
Al ratito, apareció el sacristán y la señora con las rosas en un jarrón
acercándose muy orgullosa y sin perder la sonrisa a la imagen de San Francisco
Javier. Yo estaba embobada y muy cerquita toda distraída. ¡Ay, Dios mío!:
maldita curiosidad.
Con mucho cuidadito y orgullo, y con la sonrisa en sus labios, colocó a
los pies del santo el jarroncito de las rosas; lo miró varias veces girando la
cabeza a un lado y otro. Aprecié que se sentía orgullosa y feliz. Se arrodilló en el reclinatorio y con
mucha piedad rezó unos minutos. Acto seguido, se levantó y se puso al lado del
santo, lo tocó con una mano sin perder la sonrisa y el señor de las calzonas le
hizo una foto. Quedó satisfecha y se apartó.
Inmediatamente se produjo otra discusión muy acalorada que duró unos
minutos. Parecían enfadados. Al fin, y sin dejar de refunfuñar, el señor de las
calzonas se colocó al lado de ella y cogiendo de la mano a la señora de las
flores, con muy malos modales se hizo otra foto. ¿?
Sin mirarse y en silencio, se marcharon. La otra señora, no dijo ni
pío.
Yo, quedé vacía de contenido.
Moriré como el gato.
+Capuchino de Silos