viernes, 20 de noviembre de 2009

Ginkgo biloba, un testigo silencioso de la historia...que poco a poco se vuelve dorado.

Este fósil viviente ha sido testigo de la historia desde hace millones de años (hay una hoja fósil con 270 millones de años de antigüedad).
Cuando desde su altura nos ve frenéticos pasar, (también vio correr a los gigantes dinosaurios del jurásico) qué pensará?...
Pero generoso en otoño nos regala una lluvia de doradas hojas hasta nuestros pies.
Este árbol puede alcanzar los 35 metros de altura, pero el ingenio del hombre lo ha podido reducir hasta escasos centímetros. En estas fechas se pueden recoger sus hojas doradas. Hay que mirar al cielo para conocer a la Ginkgo y brindarle su homenaje.


Una admiradora del Ginkgo biloba.
"Reconozco tener mis inclinaciones de idiota, (otra más). Por ejemplo: me gusta coleccionar hojas de otoño, las que voy juntando en mis libros viejos (el papel de sus páginas es de mejor porosidad para secar las hojas) Selecciono las bonitas o las más "tiernas" o más las "simpáticas" o las que me recuerdan algo o a alguien y las pongo bellamente bajo el vidrio de mi escritorio. En la calle no puedo resistirme a la tentación de agacharme para recoger esa y esa otra y aquella, pareciera que todas me piden: "¡llévame contigo!" A veces provoco choques en cadena con las personas que vienen tras mío. En mi último viaje a Santiago, caminando por la calle Bandera, sorpresivamente me vi frente a un resplandor dorado, era otra Ginkgo biloba meciendo sus hojas amarillas, como monedas de oro reluciendo a contra luz. Crucé emocionada, como una niña maravillada ante un árbol de navidad lleno de luces. La Ginkgo biloba estaba en el interior de los jardines de lo que fue el Congreso Nacional hasta el año 1973. No podía entrar, entonces comencé a buscar las inconfundibles hojas con forma de pequeño abanico, tiradas en la calle a medio pisotear. Apoyados en la fornida reja de la propiedad estaban una anciana discapacitada y un vendedor ambulante, conversaban despreocupadamente, tuve la intención de comentarles mi descubrimiento pero temí que me creyeran una idiota. recogí unas cuantas hojitas y contra mi voluntad me alejé de ahí, antes miré al cielo y me despedí de este árbol que tuvo la suerte de conocer a los dinosaurios. La Ginkgo biloba, un mudo testigo de la historia del mismo hombre que le tomó tantos millones de año levantarse y llegar al que es hoy: muchas horas sentado frente a un computador. Qué idiota soy".




La Ginkgo biloba de la fotografía, mi ginkgo, preside la entrada a mi estudio. Me lo regaló un gran amigo mío, y aunque verde todavía, se va volviendo oro para anunciar la Navidad. En unos días sus hermosas hojas se habrán vuelto de un dorado intenso para avisarnos que llega el frío. Por eso quería perpetuar el paso de otoño a invierno de este precioso árbol.

+Capuchino de Silos


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jueves, 19 de noviembre de 2009

Maestro


Del hablador he aprendido a callar; del intolerante, a ser indulgente, y del malévolo a tratar a los demás con amabilidad. Y por curioso que parezca, no siento ninguna gratitud hacia esos maestros.
Khalil Gibran


Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa.
G.Keith Chesterton

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martes, 17 de noviembre de 2009

El conocimiento


"Y un hombre dijo, entonces: Háblanos del Conocimiento propio.
Y él respondió: Vuestros corazones saben, en silencio, los secretos de los días y las noches.
Pero vuestros oídos padecen por el sonido del conocimiento de vuestro corazón.
Querríais saber, en palabras, lo que siempre supísteis en pensamientos;
Querríais tocar con vuestras manos el cuerpo desnudo de vuestros sueños.
Y es bueno que lo hicierais.
El manantial escondido de vuestra alma necesita brotar y correr murmurando hacia el mar;
Y el tesoro de vuestros infinitos arcanos sería revelado a vuestros ojos.
No pongáis balanzas para pesar vuestro tesoro desconocido.
Y no registréis los arcanos de vuestro conocimiento con palos ni sondas.
Porque el yo es un mar inconmensurable.
No digáis "He hallado la verdad" sino más bien "He hallado una verdad".
No digáis "He encontrado el alma caminando en mi senda.
Porque el alma camina sobre todas las sendas.
El alma no camina en línea recta, ni crece como un bambú.
El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos".
Khalil Gibran


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domingo, 15 de noviembre de 2009

La amistad


Un joven dijo: Háblanos de la Amistad.
y él respondió:
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
Él es el campo que plantáis con amor y cosecháis con agradecimiento.
Y él es vuestra mesa y vuestro hogar.
Porque vosotros, vais hacia él con vuestro hambre y lo buscáis con sed de paz.
Cuando vuestro amigo os hable francamente, no temáis vuestro propio "no", ni detengáis el "si".
Y cuando él esté callado, que no cese vuestro corazón de oír su corazón;
Porque, sin palabras, en amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas nacen y se comparten en espontánea alegría.
Cuando os separéis de un amigo, no sufráis;
Porque lo que más amáis en él se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañés.
Y no permitáis más propósito en la amistad que el ahondamiento del espíritu.
Porque el amor que no busca más que la aclaración de su propio misterio, no es amor sino una red lanzada; y solamente lo inútil es cogido.
Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo.
Si él ha de conocer el menguante de vuestra marea, que conozca también su creciente.
Porque ¿qué amigo es el que buscaréis para matar las horas?
Buscadlo siempre para vivir las horas.
Porque él está para llenar vuestra necesidad, no vuestro vacío.
Y en la dulzura de la amistad, dejad que hayan risas y placeres compartidos.
Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca.
Khalil Gibran

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Envío de una carta de despedida de Gabriel García Márquez, gravemente enfermo, a sus amigos.


“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensa.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay una mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que lo necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”, por favor, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.
Para ti con mucho Cariño y amor”.
Gabriel García Márquez


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miércoles, 11 de noviembre de 2009

La espada


LA ESPADA


Por rendijas de nieve
por agujeros lentos se me cuelan
sin pedirme permiso mil imágenes
revelan una foto en mi memoria
y sales tú perfecto sonriendo
atravesando lluvias para venir a mi
la luz rasgando el aire tan oscuro
el sol como una espada combatiendo
la lluvia
y la luz era un dardo
y una espada tu imagen en la lluvia. Rocio Arana


Mis lágrimas delante de tus lágrimas
parecen más pequeñas. Tú las borras
con silencio y misterio, como siempre. Rocio Arana

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martes, 10 de noviembre de 2009

Schwitters


Kurt Schwitters
(Hannover, Alemania, 1887-Ambleside, Reino Unido, 1948) Pintor alemán. Cursó estudios de arte en las Academias de Dresde y Berlín. A través de la revista Der Sturm entró en contacto con la vanguardia alemana, en concreto con el expresionismo, a través del cual llegó a la definición de su propio estilo.
Éste comenzó a tomar forma en torno a 1920, cuando realizó sus primeros collages a partir de pequeños fragmentos de madera, recortes de periódico, billetes de tranvía y otros materiales de «desecho», que se transfiguraban en sus obras mediante la incorporación del color o la adición de palabras o frases. A estas creaciones el artista las denominó Merz, por el fragmento de la palabra Kommerz que aparecía en un recorte de periódico incluido en uno de sus collages del comienzo.
Su estilo evolucionó desde un recargamiento inicial hacia un mayor purismo, pero el artista nunca abandonó los Merz, las obras a las que debe su fama. Esta misma palabra dio título a una revista que fundó en 1923 y se publicó hasta 1932. En ella, Schwitters y sus colaboradores difundieron el espíritu del dadaísmo, corriente artística a la que pertenece el pintor, además de contribuir a la modernización de la tipografía y el diseño gráfico.






+Capuchino de Silos


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Donde los vientos me llevan



"Donde los vientos me llevan
Allí estoy como en mi centro,
Cuando una tristeza encuentro
Tomo un trago pa alegrarme;
A mí me gusta mojarme
Por ajuera y por adentro".
(San Antonio de Areco, Argentina)



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domingo, 8 de noviembre de 2009

Poema de Miguel d'Ors


Calendario perpetuo.

El lunes es el nombre de la lluvia
cuando la vida viene tan
malintencionada
que parece la vida.

El martes es que lejos pasan trenes
en los que nunca vamos.

El miércoles es jueves, viernes, nada.

El sábado promete, el domingo no cumple
y aquí llega otra vez -o ni siquiera otra:
la misma vez- la lluvia de los lunes.

***

De "La música extremada"



Y... de Claudio Rodríguez

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Le Domaine de la Tortinière


 Llegamos a París una bonita y soleada mañana camino de Tours, desde dónde, en la misma estación de ferrocarril, cogeríamos un coche de alquiler para poder desplazarnos cómodamente por la región de Los Castillos del Loira.
Era una ilusión que vimos cumplida por fin, ya que años atrás, por algún problema, no pudimos realizar. Esta vez era cierto que habíamos llegado. Ya con el coche, atravesamos los pueblos que nos llevaría a nuestro lugar de alojamiento que resultó ser de ensueño. De auténtico cuanto de hadas. Sólo llegar allí y haber hecho ese pequeño trayecto me pareció ser una afortunada.
El paisaje era radicalmente diferente al nuestro de Andalucía. Los verdes de los árboles se disputaban el color por ser diferentes y más brillantes. Las nubes también lo eran. Eran las nubes de los impresionistas. Las que habían quedado plasmadas en todos sus cuadros. Nubes blancas, a veces grisáceas, amontonadas y muy juntas en días soleados. ¿Llovería? Imposible. El sol iba atravesando las nubes e iluminando todos los lugares haciéndo el paisaje brillante y blanco. No tenía ojos suficientes para retener todo aquello en mi retina a través de mis gafas y el cristal del coche.
Y llegamos a nuestro destino.
El hotel no tenía nombre de hotel. Le Domaine de la Tortinière. Eso sólo lo hacía ser diferente. Era todo un delicioso y maravilloso Castillo rodeado de una arboleda inigualable dónde los árboles se disputaban la belleza y el color.
El canto de los pájaros también se distinguía de los nuestros. Eran otros los pájaros que allí cantaban. Cantaban sin parar posados en unos árboles centenarios y perfectamente cuidados. Siempre sus cantos nos acompañaban a nuestra llegada con sus trinos inigualables y en los mismos lugares. Allí vivían encantados. ¡No era para menos!
El lugar era único y perfecto para vivir, aunque a veces, alguna tormenta descargaba su ira durante algunos minutos, para inmediatamente el sol hacer su aparición cálidamente y refrescar el día.
Al llegar a “Le Domaine de La Tortinière” nos recibió todo un caballero trajeado con esmero, hablando español perfectamente con acento gutural francés y exquisita educación. Nos aconsejó que nos hospedáramos mejor en una de las casas exteriores al castillo porque estaban mejor acondicionadas que este. Y así fue. La habitación reunía todas las condiciones para que nos encontráramos acomodados y... ¡bien acomodados!. Era una de las casas que en la época de esplendor del castillo pudiera haber servido de alojamiento a la servidumbre. Las paredes delicadamente tapizadas en rayas rosa y verde pálido y una perfecta terminación artesanal. Al entrar en la habitación nos acogía un precioso y coqueto mueble antiguo de cedro en el que descansaban una bandeja de plata con botella de cristal tallado, vino dulce y unas copitas. A su lado una preciosa rosa en un pequeño jarrón también de cristal y una lámpara que iluminaba aquel apacible y refinado espacio.
¡¡¡Todo un cuento de hadas exquisitas y delicadas!!!.
En la hermosa habitación había dos pequeñas terrazas que daban a una pradera maravillosa de árboles centenarios y una vista dónde se divisaba en la lejanía otro gran castillo y un monumento a una Virgen con Niño.
Así fue como nos encontramos en ese elegante dominio lleno de buen gusto “Le Domaine de la Tortiniére”, en aquella región de Francia dónde todo eran atenciones y educación extrema. Más que un hotel de cuatro estrellas era uno de siete o diez estrellas.
¡Una auténtica delicia y una gran suerte!
Aquel delicioso lugar estaba perfectamente ideado para que todo huésped se sintiese bien acogido y atendido y en un sueño continuo maravilloso que fuimos viviendo día tras día. Los que estuvimos de vacaciones.