sábado, 19 de octubre de 2019

Vivir en el silencio




“Nadie va a quitarme la fe a pesar de aquellas voces queriendo sembrar la semilla del odio en mi alma. No. Imposible. De nuevo han querido envenenar mi cabeza. Les digo, sin temor a equivocarme, que con mi corazón no pueden. Me sostiene la esperanza que Dios me regala cada día, cada minuto, a pesar de la pobre vida que le ofrezco. Nadie puede arrebatarme su Presencia y los muchos dones que recibo por su infinita Misericordia. Al contrario. Hoy puedo decir que tengo algo más de fe.
Cada mañana me llega, como el regalo más preciado, la gracia de la templanza y la paciencia como alivio y bálsamo de los males y envidias del mundo.
De pequeña me enseñaron a amar y poder rezar con los ojos y el alma puestos en mi Dios y Señor. No puedo, ni siquiera pensar, ser cristiana sin hacerlo así.
Todas mis lágrimas las guarda desde que era niña. Las de ahora con más motivos. Todas ellas las he derramado y las derramo a los pies de mí amado Cristo. He crecido y sigo creciendo junto a Él como ese sauce llorón plantado junto al lago.
Te cuento todo esto, porque sé mi querida amiga, que comprenderás mi mutismo en todo este tiempo. He querido vivir en el silencio interior como si estuviese haciendo Ejercicios Espirituales; sí, como aquellos que hacíamos en el colegio”.

Por fin me llegaba una carta de María.


+Capuchino de Silos



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