jueves, 6 de diciembre de 2018

Cosas guardadas en un cajón desde el corazón.




Eran como dos alas salidas del alma para que pudiesen volar hacia ese Niño Dios que saldría a mi encuentro sonriente, compasivo, divino, lleno de piedad y generosidad; podría colmarlo, después de mucho tiempo, con aquel presente de escasa luz, que, desde mi corazón y mis manos, había salido como un pastorcito más de un Belén cualquiera. Alas de ilusión y esperanza en estos días anteriores a la inmensa fiesta de su nacimiento. Alas de recogimiento y alimento de gracia que recibía del mismísimo Dios. Alas que tiene el alma para buscar el reposo; alas que tiene el deseo con la voluntad del águila, cuyo vuelo y conversación llevan al cielo y que son más celestiales que terrenos.

Día a día mis remos avanzaban al sosegado puerto; cruzaría por fin a la otra orilla; me encontraría con aquel divino Infante. Ese fue, desde siempre, mi inmenso deseo.

Quisiera haber tenido el entendimiento pequeñito y suficiente para haber obrado en consecuencia antes, mucho antes. Me hubiese ahorrado guardar las alas en un cajón donde se encuentran, donde duermen y dormirán para siempre.


+Capuchino de Silos






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