martes, 24 de octubre de 2017

El consejo.


De nuevo, por ser domingo, nos fuimos al parque.
Le conté lo que me ocurrió el día anterior; era el segundo resbalón que daba en aquel sitio.
Ayer precisamente, comenzó a decirme, leía que siempre hemos de tener como maestro aquel que más nos convenga a cada uno. Tenemos necesidad de aprender lo que no se sabe; buscar quien pueda enseñarnos y huir de los que no aportan ninguna riqueza; sentir la necesidad de buscar virtudes. Estar atentos con los oídos del alma, tenerlos bien abiertos e investigar el consejo del más sabio.
Me equivoqué, le dije. No tenía que haber ido.
Comprendo cómo debes sentirte cuando en el lugar del sabio/maestro/confesor, te encontraras con un mameluco alejado de Dios.
Por eso es tan necesario el recogimiento y leer buenos libros. El recogimiento mueve mucho el corazón y lo que no halles en los libros lo encontrarás en ese buen maestro/confesor/director o como lo quieras llamar. Después será el maestro divino quien ponga esa pizca de sal que le falte al guiso y tener a Dios en todo momento. Pedirle que enderece nuestro camino, que podamos recogernos y apartarnos de esas personas que son fulleras, engañosas y embusteras. Con ese pequeño lote de conflictos sería muy difícil encontrar la paz que el alma necesita para tener a Dios con nosotros.  
Hay que generar un amor entre discípulo y maestro, que casi como a Dios, has de temer y amar al mismo tiempo para no ofender al verdadero Maestro y como a Él obedecer en todo momento.
Si queremos ser verdaderamente buenos discípulos debemos buscar quien nos lo pueda enseñar tanto en las cosas pequeñas como en las grandes. No creamos que por nosotros mismos pudiésemos encontrar nada. El camino a la obediencia es la senda más eficaz y real que nos puede llevar a lo más alto de la escalera dónde el Señor nos espera. No menospreciar ser un pequeño discípulo, aunque seamos viejos, y la persona que te enseñe, sea tan joven que pudiese llegar a ser casi un niño. Ahí está la verdadera virtud de la humildad.

Siempre lo haces fácil, pero no lo es, le contesté.

Terminamos en un vivero comprando preciosas flores.




+Capuchino de Silos





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