domingo, 23 de julio de 2017

El reino color mostaza.


"Además de semillas de mostaza, nubes, gallinas, peces, lirios, puertas y arados… solía darnos a probar cortezas y auroras, cebollas y gaviotas, faros, acantilados, rizos de pelo, almendras y aljibes; ovaladas gotas de lluvia pendiendo de un alero, minuciosas nervaduras de hojas o las rosadas encías de algún felino.
Cada una de estas palabras en su Boca no era inferior al Universo. Y cuando las enhebraba juntas, cuando leía el poema completo, de corrido, surgía inmenso y majestuoso el diminuto Reino color mostaza, como lúdicamente gustábamos llamarlo sin que Él lo tomara a mal.

No es que Él, ingeniosamente, inventara analogías, como quien asocia el relinchar de un potranco con la rompiente de una ola. La invención era inversa en todo caso: cada veta de madera hecha por Sus increadas Manos había sido pensada, diseñada y elaborada en orden a expresar el Reino. Había gramática y sintaxis en la elección de cada textura, de cada aroma, de cada color…
Y de ese intenso y extenso poema cósmico emanaba un sinfín de perfumes y sabores, que había que aprender a catar y a deletrear. En muchas expresiones se daba una sutil fragancia a “todo termina bien”. En el paladar, incontables signos avisaban “hay lágrimas en las cosas”. Como era inevitable percibir el “¡cambia tu vida!” modulado desde un cielo rojizo o una nieve impoluta.
Pero por sobre todo, cada piedra, cada rostro, cada viento, cada fuego cantaba la Gloria de Dios, su Amor desmesurado y gratuito.
Las clases de cata con frecuencia se arremolinaban en un asunto que al Señor le importaba mucho y que no nos resultaba fácil captar… Se trataba de un sabor, de una astringencia delicada, muy difícil de verbalizar. O, antes que eso: difícil de percibir.
Era el sabor del infinito diminuto. Una extrañísima y paradojal amplificación sin límites por encogimiento, por achicamiento. Como una implosión que deviene inmensidad. Enormidad infinitesimal…
Y todo esto lo podía decir paladeando la flor de una violeta, un pompón de panadero o lo que era su varietal favorito: unos inasibles granos de mostaza".
Diego de Jesús. El reino color mostaza.


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