jueves, 15 de junio de 2017

Navegando




De pequeña en el colegio solía escribir el diario de la Niña María y le contaba “en confesión” que quería ser mártir, con garbanzos en los zapatos. Que quería perderme con los mayores para poder jugar a solas conmigo; era más divertido y no me peleaba con nadie. Muchos se aburren; otros se quieren quedar solos para no aburrirse, le dije en una ocasión.
Así, con mis pensamientos, la escuché llegar casi de puntillas; no Ella, sino la que me habla cada día a la caída de la tarde sentándose a mi lado pensativa.
Pienso, decía, que hay que examinar tres cosas para llegar a buen puerto. Entendí que se refería a la vida...¡Eso!
Lo primero que hay que indagar, son las situaciones inseguras, difíciles y peligrosas. Lo segundo, que se tome experiencia de unas cosas para cuándo nos encontremos con otras similares. Lo tercero, que se afine para perfeccionar los compromisos.
Cuando terminó esa frase me miró y le solté un: ¡Ufff!¡Cuánto trabajo!
Los mayores riesgos en situaciones peligrosas, deben hacernos temblar, pensé. Sí..., como adivinándome... pero con diligencia y sin miedo examinaremos bien el rumbo que tomemos en esas situaciones y en todas. Se presentan a diario.
Nuestra vía en esta vida es como ir navegando con una barca por mar abierto. Cada ejercicio que hagamos de virtud y santidad, es como ir en esa barca salvando la marea e ir rebasando remolinos y borrascas para no sucumbir con ella.
¡Todo es muy difícil y duro! ¿Podré yo sola?
Sola no estás nunca, me contestó. 
Gritando:¡¡¡Confianza!!! se marchó




+Capuchino de Silos



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