martes, 20 de junio de 2017

Los geranios de mi madre.



Hoy he soñado con los geranios de mi madre y el pan con chocolate que nos daba de merienda mientras la observaba después de la siesta. No los perdía de vista un solo instante. Los geranios, digo. Los miraba, les hablaba, como si fuesen, (que eran), lo más hermoso de la casa. Mirar cualquier rincón de “mi respiro” como ella lo llamaba, era un sueño en colores. Sólo, como un rey de los de nunca, en un espacio suficiente para prestarle toda atención, había un jazmín bello como un adonis y cuidadísimo que echaba unos jazmines tan grandes que parecían margaritas del campo. El jazmín era de mi padre exclusivamente; lo adoraba. Cada día lo regaba con verdadero culto y cuidado. Era todo un rito. Recogía los jazmines para su estampa del Sagrado Corazón que tenía debajo del cristal de su mesa y con esas pequeñitas flores blancas perfumaba las noches calurosas del verano. También había una jaula grande donde vivían gozando dos periquitos; ellos también les pertenecían, y, cuando vio en el suelo de la jaula el primer huevo, lanzó tal grito que mi madre tuvo que sentarse del susto.
Pero hablaba del sueño de los geranios. De los geranios que muchos tenían, pero no tantos como tenía ella. Siempre que me invitaba a salir era por puro interés, y yo consentía porque me gustaba tanto como a ella. Nos íbamos a Triana, un barrio sonado y querido de Sevilla como sonada y querida es Sevilla. Los trianeros dicen que quieren a la Virgen más que nadie, porque los trianeros quieren más que nadie a la Virgen. Cuidan la sevillanía y a sus gentes más que nadie, porque los trianeros cuidan la sevillanía y sus gentes más que nadie, y mi madre que lo sabía bien, estaba al corriente que los balcones más bellos de Sevilla estaban en Triana; porque eran y son de Triana. Allí no falta de “na”.
Íbamos las dos caminando y mirando los balcones.
Ah, mira, me decía, ese no lo tengo. Así que yo subía a la casa y le pedía a la señora de turno: un “tallito” para mi madre que le gustan los geranios; ya antes le había puesto por las nubes su balcón que lucía como el más bonito y mejor cuidado de Triana.
Así, pudo reunir en casa más de ciento y pico de geranios. No los más bonitos de Triana. Los más bonitos de Sevilla. 
Lástima, porque solo los conocimos nosotros.


+Capuchino de Silos


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