martes, 30 de mayo de 2017

La ceguera

Quiera el Señor que podamos abrir los sentidos internos del alma y cerrar los externos que de nada valen y sirven. 
La ceguera hace que no se vea con claridad las cosas de Dios y la luz que desprende su maravilloso Ser. Es como si la noche se hiciera dueña de nuestros ojos, que aunque los tengamos abiertos nada vemos.
Pero la fe del Señor, es lumbre que se mezcla y entra en nuestra alma cada mañana cuando la pedimos. Él nos la devuelve, sabiendo que por nosotros mismos nada somos, nada valemos y nada tenemos.
Alguien decía que la faz del Señor relumbra como el sol de la mañana; así que si contemplamos las cosas de Dios con sólo nuestros sentidos internos, nuestra alma se ciega con el resplandor de su sola mirada. 
Ahora más que nunca, con toda diligencia y amor debemos pedirle que nos acerque a Él, a ese mismo Cielo en el que está. Quiere que, con las alas de nuestro corazón, pongamos todo nuestro deseo para que lo amemos y conozcamos mejor. Que seamos completamente ciegos y veamos solo con los ojos de nuestra alma para alcanzar el Cielo en el que está.

El ciego aprieta entre sus manos para mejor conocer las cosas; así nosotros veremos y conoceremos mejor la voluntad del Señor si lo agarramos fuertemente dentro de nosotros. Nuestra tiniebla se convertirá en luz del Señor como hizo con San Pablo.



+Capuchino de Silos




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