domingo, 16 de julio de 2017

El recogimiento




Todo esto es justo lo contrario al recogimiento; después de estar leyendo sobre él, no hay nada más hermoso que poderlo vivir; así que hacerse ermitaño debe ser cosa muy buena y sana. Seguro que sí, pero en otro lugar dónde se puedan guardar los sentidos.
Se lo pregunté a mi amiga allí donde se encontraba; no me respondió y tomé la palabra.
Recoger los sentidos en éste lugar y en ésta época, le dije, es como querer que por la mañana salga la luna.
El sol está radiante, el mar busca los mejores colores para estar bellísimo, las plantas lucen con todo su esplendor… así que, buscar un lugar oscuro, recoger los sentidos y cerrar las ventanas por no derramar los ojos, es… ¡imposible!, querida.
Estos días he tomado el libro y leyendo estaba sobre el recogimiento y desear ver a Dios con el corazón. Fácil lo tenían Isaac y Elías, le dije, que se iban al monte para huir de las gentes donde no había ni discordias ni contrariedades.
El recogimiento lleva a la devoción, buscar la perfección en las virtudes y llegar estrechamente a Dios. Es lo antepuesto a los reinos y las riquezas. No se le puede comparar con nada; ni siquiera con las piedras preciosas, porque, el mismo oro en su comparación es arena. Es más que la salud y la hermosura. Es luz que alumbra los sentidos y nadie puede apagar. El recogimiento es la madre de todos los bienes sin envidia alguna. Es todo un tesoro que usan los verdaderos amigos de Dios. Es un rosal de virtudes. Es sacerdote real para que los hombres se puedan ofrecer a Dios. Es un silencio que en el cielo de nuestra alma se hace. Es un servicio que se hace a Dios adorando su divina Majestad y sillón para que se detenga en nuestra casa interior a descansar. Es tienda de campaña para andar por el desierto. Es vaso de oro para guardar las delicias en nuestro pecho. Es valle donde abunda el mejor trigo. Es viña que se ha de guardar en vigilancia para poder gustar sus deliciosos frutos. Es huerto cerrado y sólo Dios tiene la llave para que entre cuando quiera. Es, entre otras muchísimas cosas, ascensión espiritual con Cristo.






+Capuchino de Silos



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jueves, 6 de julio de 2017

El escondimiento




Hoy llueve sobre mi ciudad. El día amanece con aire fresco que apetece como cuando era invierno y despierta emociones de ayer opuestas y contrarias a las de hoy. Llueve como si fuese a morir alguien o en realidad haya muerto. No sé. A veces me despido de personas en vida porque pasan antes de pasar.
Pensando esto estoy, cuando surge mi amiga bajo un paraguas transparente, quizás, para no llamar la atención.
Con este paraguas me mojo, dice, porque el agua salpica al estrellarse en el plástico y algo, siempre, te llega. Pero no importa. ¡Qué día tan bello! Siempre me he dicho que el agua de la lluvia es la gracia que el Señor derrama sobre la tierra y me alegro. Siempre es mucha su gracia.
Hace un gesto para coger el libro y nos sentamos, pero es ella la que primero lee y continúa hablando. 
Finalizábamos el otro día con el secreto escondimiento. ¿Recuerda? ¡Claro que lo recuerdo!, le dije
El escondimiento, por lo visto, es un ejercicio. ¿Ves? Me mostraba el libro que estábamos leyendo. 
Por lo visto es un ejercicio dónde Dios se esconde en lo más secreto del corazón de nosotros. Allí se esconde Cristo con las almas, que son, más devotas. Con las suyas. Con las que más quiere. Allí, en su misma casa, en su mismo templo. En ese pequeño santuario que tenemos cada uno de nosotros es dónde nuestro Padre celestial ve lo que más le agrada de nuestra alma.  Cuando las puertas de los sentidos están más que cerradas y limpias, viene el Señor y es allí en ese profundo y escondido lugar, dónde dice Dios la palabra escondida de su secreta amistad.
Déjame seguir un poco a mí, le digo. 
Dios es una locura infinita. Una locura de amor para toda la eternidad. No nos podemos esconder de Él nunca, jamás; y está mucho mejor con nosotros cuando lo deseamos y cuando lo amamos desesperadamente. Está en el pesebre de nuestra conciencia como cuando nació. En el establo de nuestro corazón y nos esconde en ese escondimiento de una manera oculta bellísima. 
En realidad nos ayuda a que le amemos. ¿No crees? 
Como dicen en las novelas...
Continuará.
Siempre terminas tú, pero no me importa.


+Capuchino de Silos


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lunes, 3 de julio de 2017

En recogimiento




Como me había dicho el día anterior, a mí también me marcó y mucho; tampoco se lo había comentado, pero no se le pasó por alto.
Si te soy sincera, le dije, preferiría que hablásemos de lo que acabamos de leer que parece muy interesante.
Prosiguió hablando con sus ojos vuelto hacia sí.
Dejando a un lado a los malos hombres que su tarea y oficio es frecuentar e inventar nuevos pecados para ofender a Dios, hay otros, que resisten a sus trabajos y molestias como expiación y penitencia por los muchos pecados del mundo; así, muchos, se educan en exclusividad para formarse en el recogimiento apartándose de los hombres y de tanto pecado. Ellos están muy cerca de los ángeles y viven sólo para Dios.
Fue lo que más me atrajo del colegio, prosiguió. Ver en esas monjitas un celo especial y grande para estar con el Señor día y noche; con tanta quietud de ánimo y tranquilidad que supuse que tocaban la felicidad con solo entrar en la capilla y correr alegres con sus tocas al vuelo por aquellos corredores del colegio o cuando jugábamos con ellas en el recreo. Era una auténtica alegría verlas y saberlas felices. Tenían lo mejor que se puede esperar de este mundo. No había nada mejor. Eso era indudable, y yo, lo quería para mí. 
Él no se hizo hombre por sí, continuaba diciéndome; se hizo hombre por todos nosotros; razón más que suficiente para enclaustrarte y darle lo mejor de ti. Era como un monte muy alto que había que subir, de muy alta perfección, que se les mostraba para que tomasen ejemplo y provocar en ellas el poder seguirLo, frecuentar el recogimiento y ensayarlas en su uso.
Era una vida escondida y el secreto escondimiento, se lo enseñaba todo un Maestro. 
¡Cuánto se le quiere!


+Capuchino de Silos


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domingo, 2 de julio de 2017

Un lugar para siempre.




Hoy no quiero guardar un rato para el Señor por obligación, por ser domingo. Hoy deseo estar con Él, quiero quedarme con Él, orar con Él. Mirarle, amarle en esa soledad donde siempre nos espera, me decía mientras íbamos a comprar unas patatas fritas para el aperitivo camino de casa. Quisiera vivir, continuaba, en auténtico recogimiento espiritual como si viviese un día sólo para Él. Meditar, meditar, meditar con verdadero recogimiento de la mañana a la noche, cómo hacía Él. ¿No era su costumbre alejarse, retirarse y orar al Padre celestial?
Aparentaba debilidad al decirlo. Yo sabía que era imposible con todo el trajín que tenía en su casa, precisamente ese día. Sintiéndome valiente y animada le pregunté: ¿te hubiese gustado ser monja?
Somos amigas desde muy pequeñitas. Nos conocemos perfectamente. Sabemos muchísimos la una de la otra. Nos hemos contado nuestra vida en activa, pasiva y perifrástica, pero por prudencia y discreción nunca le hice esa pregunta tan directa.
Tardó tiempo en contestar. Respiró hondo y luego pausadamente empezó a decir:
Cuando estábamos en el colegio, al prepararnos para hacer la Primera Comunión sentí muchísimos deseos de serlo y después, cuando nuestras comuniones fueron más frecuentes muchísimo más. Se me quedó el alma allí, en la preciosa y devota capilla del colegio. Muchas veces lo he pensado a lo largo de mi vida. Aquel día tan inmensamente especial para las dos y tan importante, sentí un deseo enorme de quedarme en aquel lugar para siempre. Creo que aquel día reconocí algo mucho más bello que nuestro precioso traje blanco y nuestra pureza de alma. 
Reconocí a nuestro Dios y Señor. 
A ti, pienso, que también te marcó.


+Capuchino de Silos


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sábado, 1 de julio de 2017

Esas gracias...




Esas últimas palabras llegaron a mí con claridad luminosa y un ardor convertido en ternura.
Sí, dije yo. Esas gracias producen algunas veces, un gran descanso y amor; amor en retiro monacal; otras veces alumbran el ingenio; otras, una gran alegría; otras, abren las fuentes de los ojos que emanan aguas dulces de las fuentes del Señor; así, tantas y tantas gracias que gustan tanto que uno no puede resistir de emoción. Parece como si despertases de un bello sueño muy placentero. Si se comparasen con otros tiempos, estos, parecieran que fuesen muertos o manchados con trazas de carbón.
¿Te acordarás retener lo que te voy a decir? Me miró como si recordase algo importante.
Cuando sople ese aliento del Espíritu Santo, encendido con el amor de nuestro Dios deberíamos tener presente cuatro cosas. Cuando leí lo que te voy a decir se me quedó grabado para siempre.
Hay que formar muy bien las aficiones, limpiar las vivencias diarias, pulgar las palabras para que por ellas broten nuevos tallos y filtrar los pensamientos que son los que peores secuelas dejan en el alma.
Hallaremos entonces, muchas imperfecciones en todas nuestras obras, tanto exteriores como interiores que se han de ir depurando. Las intenciones se harán más rectas y las virtudes más refinadas y delicadas. Las palabras al prójimo más amables, y los pensamientos mucho más limpios y puros. Si queremos tener el medio, examinaremos el interior con Dios y el exterior con los hombres. 
Buenos, ¿no? Añadí yo.
Sí, claro. Así dispondremos nuestro entendimiento y nuestra voluntad para con todas nuestras obras; las tendremos presente como un precioso despertar de nuestras emociones diarias repletas de sangre que se cuelan por todos los poros, de calor, como una amenaza persistente en combate, y de luz que romperá el aire sombrío y lúgubre.



+Capuchino de Silos



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viernes, 30 de junio de 2017

La gracia, esa fruta dulce.




Venía hablando y andaba deprisa; el silbar del viento hacía imposible oírla. Las últimas palabras sí pude escucharlas. Tengo poco tiempo; a media tarde médico y comprar ciruelas. Era casi telegráfico. Lo dejamos para mañana, le dije. ¡Imposible! El Señor está antes que nada y este momento le pertenece.
Graciosamente, como si se tratase de una exquisita bailarina, se colocó en el tronco del árbol que había en el jardín invitándome a sentarme.
Los deseos de la divina dulzura convierten a muchos pecadores comenzó a decir, pues no hay nada imposible para nuestro Dios y Señor. Inclusive, hoy, muchos de ellos estarán en el infierno, aunque, anteriormente, hubiesen sido amigos y hayan tenido grandes goces, su caridad y su gracia.
¿Me quieres decir, continué yo, que Dios me puede enviar al infierno pues lo merece la multitud de pecados cometidos a lo largo y ancho de mi vida? Me quedé muerta.
A mí, le dije, Dios me da cada día nueva gracia, pero sin conocimiento alguno. Esa gracia es como si fuese un melón sin catar, me lo deja guardado secretamente para que solamente me llegue su aroma. Imagino que eso mismo hará con tantas almas que finalmente caen entre las llamas del fuego eterno porque no saben qué hacer. Te las tienes que averiguar tú sola. Su ayuda es el melón que te ha dejado lleno de pepitas, que, además, tienes que tirar a la basura y no tienes a nadie que te ayude a seleccionar cuál es buena y cuáles no. Son muchos los melones y muchas las pepitas.
Mientras más te murieres y perecieres, tanto mejor, dijo resuelta. Es entonces cuando tu alma se encontrará aliviada del peso, aunque el cuerpo pueda desfallecer. Todas las cosas que ocurren vienen de la mano del Señor y no queramos saber qué cosas son las que causan más o menos cansancio en nosotros. Debemos confiar plenamente en Él y soportar el peso de los melones. Él llevó la cruz mucho más pesada. Además, tenemos su ayuda que, en ningún momento, nos faltará. Si esto no lo hacemos así, perderemos toda la gracia que nos deja cada día. Debemos poner en ella los ojos para conocerla, nuestras manos para abrazarla, nuestros oídos para obedecer, nuestra boca para gustarla y nuestro cuerpo y nuestra alma para recibirla.


+Capuchino de Silo


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martes, 27 de junio de 2017

"Cajas para la vida"




Mi marido dice que soy la “tonta de las cajas” y es verdad. Las tengo de todo tipo y tamaños. No sé cuántas repartidas por toda la casa. Para mí son auténticos tesoros. No conozco el alma de ninguna; ¿felicidad?, ¿soledad?, ¿magia, tal vez? Hasta hice una exposición con ellas. Un amigo me consiguió un montón. Así pude hacer la exposición “Cajas para la vida”. Todo fue a parar a Provida. Se expusieron en un patio precioso de Córdoba en la calle Capuchino, que después, con algo más, sería el nombre de este blog.
Cada día gozaba con ellas. Salpiqué mi vida de alegría ensimismada…iba disfrazándolas de papel, pintura y otras técnicas llenas de júbilo intenso e inexplicable.
Todos los sentidos de la imaginación se llenaban de colores y de formas, de naturalidad, de sinceridad, de confianza…la cascada de papel llovía sobre sus tapas dándoles formas a la exigencia de cada una.
Supe, desde pequeña, cuál era mi vocación. Las musas de la pintura me han acompañado desde mi más tierna infancia  y entiendes que has nacido para eso.
Recuerdo la hoja blanca que encontré encima de la mesa donde estudiaba de pequeña. Puse encima un espejo donde reflejé mi rostro e hice mi primer autorretrato. Tenía menos de 13 años. Mis padres lo miraron con los ojos muy abiertos.
Ese mismo día tuve conciencia de mi verdadera vocación.


+Capuchino de Silos

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domingo, 25 de junio de 2017

El panal




Las calles viven solitarias. Hay mucho silencio. El sol cae sordo, mudo y seco con un calor de justicia como único amigo. No deja respirar y sientes apretar mil ideas que fluyen de un lado a otro como perdidas en una piedad inexistente. La ilusión en peligro. Pero..., nada puede gustar más que no poder respirar en ese momento, sabiendo vas a compartir ideas que aprisionas con esa amiga firme como una roca para poder beber esa última gota del último libro que tiene entre sus manos y las mías.
La veo llegar sofocada y jadeante. Entramos en su portal que es todo arte en estado puro, fresco y sombrío.
Con un recogimiento que me llega emocionante, cierra los ojos para volverlos abrir; me mira y susurra dulcemente: la ternura, la delicadeza y el deleite de las cosas celestiales, es uno de los dones del Espíritu Santo que guarda para sus amigos. Si entre todas las virtudes, la caridad es la principal, la sabiduría se cuenta entre los dones como el más importante. Es la que da de comer a las almas que viven suspirando por la vida eterna. Reconforta y tonifica el alma. El gusto de esas cosas espirituales que da el Espíritu Santo es señal de vida eterna, es señal de su gloria. Es un pequeño desayuno reconfortante a los que trabajan para el Señor como gota de miel -me mira y guiña un ojo- con el palo de la cruz para pelear entre las bestias y animales feroces que nos encontremos. Ese gusto espiritual es el reino de los cielos, el cual debemos comprar con buenas obras. Vemos como vende Dios para luego pagar. Nada más nos dará; nada más, hasta que acabe nuestra vida terrenal. Será suficiente, nos bastará; eso es seguro. Sería como un panal; proseguía: la cera para alumbrarnos y poder ver a Dios. La miel, que tanto gusta, que nos mantendrá, corresponde al deleite, a ese gusto espiritual…Los vasitos de la miel donde se retiene la miel. Si estos vasitos se rompiesen la miel se iría con ellos. Me miró. Esa gota de miel que tanto gusta se la da el Señor a quien la merece, a quien la solicita, a quien la ruega.
Nos sentamos. 
Ese rato, sabíamos, no nos pertenecía a ninguna de las dos.


+Capuchino de Silos


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viernes, 23 de junio de 2017

...O llegar.






Alguien, en cierta ocasión, me dijo una frase que la recordaré siempre. “Mientras tengas camino, puedes volver. O llegar”
Me encontraba como esas rosas que se dejan de regar y que, al regarlas, vuelven a crecer con ese brillo suave que da al beber un solo sorbito de agua. Así.
Pero hoy no. Hoy me acompaña el mismo brillo que puede tener la rosa más aterciopelada. Es un día bellísimo que está dejando en mi alma un bálsamo de flor piadoso y una fuente de agua clara para poder seguir bebiendo en la primera hora de la mañana.
Y, sin quererlo, escuché sus pasos rozando en el asfalto con sus zapatillas de lona vieja. No dijo ni hola.
Nos tenemos que hacer expertas para tomar experiencia, dijo de repente. Hay que buscar quien las enseñe, o el libro donde estén escritas, para que preguntando o leyendo, sepamos y andemos ese camino del que hablabas antes y poder llegar al lugar que quieres. Puede ser también, que se puedan leer en el libro de la rutina diaria. Sí, le contesté. Entre la experiencia y los libros, podemos llegar peor o mejor. La cuestión es escoger bien el camino y poder llegar. Bueno, decía ella, pero poco apetitosa y gustosa será la lección de los libros, si no tomas del corazón la reflexión y el sentido devoto y espiritual provechoso; porque Dios da el don de la gracia, pero otra cosa muy diferente, es el conocimiento de ese don. Sucede, la mayor parte de las veces, que no sabes por qué te ha dado la gracia y qué cosa quiere de uno, y lo que te puede ocurrir, es que llores por todos los rincones como le pasaba a San Juan. Bien es verdad, que no se pierden las esperanzas de esos obsequios que el Señor nos da que son como el tarro de miel para que tomemos alguna gota de su gloria. Prosiguió su discurso haciendo saber qué quería decir. Cuando vas creciendo en esa gracia, tanto se dilata el alma que amas con más ardor y esperanza, aunque sientas que algo mucho te falta; pero eso no importa. Esa es la gran señal y el mejor testimonio del amor de Dios de cómo nos comunica sus santos dones espirituales y nos hace ver cuánto nos ama en cada momento, aunque estemos a falta de conocimientos. 
No te olvides, concluía, que la gracia de la devoción la da Dios algunas veces, sólo, temporalmente. En estos casos y en todos, no dejes de suplicarle y rogarle.


+Capuchino de Silos


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martes, 20 de junio de 2017

Los geranios de mi madre.



Hoy he soñado con los geranios de mi madre y el pan con chocolate que nos daba de merienda mientras la observaba después de la siesta. No los perdía de vista un solo instante. Los geranios, digo. Los miraba, les hablaba, como si fuesen, (que eran), lo más hermoso de la casa. Mirar cualquier rincón de “mi respiro” como ella lo llamaba, era un sueño en colores. Sólo, como un rey de los de nunca, en un espacio suficiente para prestarle toda atención, había un jazmín bello como un adonis y cuidadísimo que echaba unos jazmines tan grandes que parecían margaritas del campo. El jazmín era de mi padre exclusivamente; lo adoraba. Cada día lo regaba con verdadero culto y cuidado. Era todo un rito. Recogía los jazmines para su estampa del Sagrado Corazón que tenía debajo del cristal de su mesa y con esas pequeñitas flores blancas perfumaba las noches calurosas del verano. También había una jaula grande donde vivían gozando dos periquitos; ellos también les pertenecían, y, cuando vio en el suelo de la jaula el primer huevo, lanzó tal grito que mi madre tuvo que sentarse del susto.
Pero hablaba del sueño de los geranios. De los geranios que muchos tenían, pero no tantos como tenía ella. Siempre que me invitaba a salir era por puro interés, y yo consentía porque me gustaba tanto como a ella. Nos íbamos a Triana, un barrio sonado y querido de Sevilla como sonada y querida es Sevilla. Los trianeros dicen que quieren a la Virgen más que nadie, porque los trianeros quieren más que nadie a la Virgen. Cuidan la sevillanía y a sus gentes más que nadie, porque los trianeros cuidan la sevillanía y sus gentes más que nadie, y mi madre que lo sabía bien, estaba al corriente que los balcones más bellos de Sevilla estaban en Triana; porque eran y son de Triana. Allí no falta de “na”.
Íbamos las dos caminando y mirando los balcones.
Ah, mira, me decía, ese no lo tengo. Así que yo subía a la casa y le pedía a la señora de turno: un “tallito” para mi madre que le gustan los geranios; ya antes le había puesto por las nubes su balcón que lucía como el más bonito y mejor cuidado de Triana.
Así, pudo reunir en casa más de ciento y pico de geranios. No los más bonitos de Triana. Los más bonitos de Sevilla. 
Lástima, porque solo los conocimos nosotros.


+Capuchino de Silos


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sábado, 17 de junio de 2017

Con temor y temblor.




Quisimos salir muy temprano porque la temperatura solía ser más que agradable. Así en las primeras luces de la mañana no nos sofocaríamos a las horas de calor. Ya los árboles a esas tempranas horas parecían pintados y las hojas más pequeñas parecían escaparse como hacen los niños cuando juegan.
Todo era perfecto. Un bellísimo cuadro lleno de misterio. La mañana brillante, el cielo, los árboles, el silencio, la quietud; todo, hasta el rumbo que tomábamos. ¿Alguien podía saber lo que iba a suceder ese día? Era un auténtico misterio lleno de sorpresas por resolver.
En esa navegación de nuestra vida, comenzó a decir..., las velas serán nuestros deseos que deben ser muy puros y muy limpios, porque…sólo los limpios de corazón verían a Dios, y con ese deseo llegar a nuestro puerto final. El mástil de nuestro navío el amor divino, tan fuerte como un árbol de cedro incorruptible, hermosísimo y perfecto. A ese mástil se le atan las cuerdas de la amistad y la concordia. No perder de vista la manecilla de la brújula que es la fe por la que se maneja el timón que manda y gobierna nuestro navío. La cuerda que lo tantea es la prudencia que nos asegura el bienestar del viaje para que sea sereno, reposado, tranquilo. 
Sin embargo…, llegando a éste punto, hizo una pausa, se quedó muy seria y dijo: pero no habrá lugar para los miedosos.
Temblé cuando terminó la frase.
No, no temas, dijo de repente en tono alegre. Nos dice que, en toda ocasión, estará en medio de nosotros. Ahora hablaba muy convencida: nos advierte, que, si el hombre es asustadizo, apocado y de poco corazón…, que vuelva a su casa.


+Capuchino de Silos



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viernes, 16 de junio de 2017

Seguir navegando.





En mi antigua casa, que es la de hoy, había un balcón tan lleno de flores que su caída era un manto de elogios. Alcanzaba la transparencia marina donde los niños jugaban sin ahogarse. Cuando estaba en reposo se llenaba de puntos de colores que flotaban sobre el agua inmóvil mientras el sol se balanceaba sobre su ladera haciéndole guiños a los árboles.
Fue tan real la historia, como el sueño inventado por la niña que fui cuando inventaba historias de niña.
Estaba escribiendo esto cuando ella llegó con su pelo recién lavado y tirante en la nuca con una cola.
Seguiremos navegando como ayer, me dijo con autoridad de soldado.
Sabemos que hay barcas que navegan por aguas dulces y otras que lo hacen por aguas saladas, como las mismas realidades que vivimos. Algunas son dulces y derraman lágrimas dulces como el almíbar, y otras tan penosas que derraman lágrimas como las almendras amargas.
Siempre, navegarás mejor en las aguas saladas, pero son más comprometidas que las dulces. Tienen muchos peligros y tanto mayor, cuántas lágrimas tiene su mar.
“Se hicieron ricos todos los que tenían naves en el mar”, apuntaba ella y el Apocalipsis.
En la barca que llevamos en nuestro viaje descansa Cristo, y mientras reposa y duerme, el mar se vuelve violento probando así nuestra confianza como hizo con los Apóstoles y la tempestad no cesa hasta que Él lo ordena como hizo con ellos.
Lo más juicioso es pedir socorro al Señor, como también lo hicieron ellos, y que nos salve poniendo serenidad y paz con el viento soplado por el Espíritu Santo.
Todo es como la cercanía de un viaje. La cercanía de todos los viajes que hacemos en la vida


+Capuchino de Silos




jueves, 15 de junio de 2017

Navegando




De pequeña en el colegio solía escribir el diario de la Niña María y le contaba “en confesión” que quería ser mártir, con garbanzos en los zapatos. Que quería perderme con los mayores para poder jugar a solas conmigo; era más divertido y no me peleaba con nadie. Muchos se aburren; otros se quieren quedar solos para no aburrirse, le dije en una ocasión.
Así, con mis pensamientos, la escuché llegar casi de puntillas; no Ella, sino la que me habla cada día a la caída de la tarde sentándose a mi lado pensativa.
Pienso, decía, que hay que examinar tres cosas para llegar a buen puerto. Entendí que se refería a la vida...¡Eso!
Lo primero que hay que indagar, son las situaciones inseguras, difíciles y peligrosas. Lo segundo, que se tome experiencia de unas cosas para cuándo nos encontremos con otras similares. Lo tercero, que se afine para perfeccionar los compromisos.
Cuando terminó esa frase me miró y le solté un: ¡Ufff!¡Cuánto trabajo!
Los mayores riesgos en situaciones peligrosas, deben hacernos temblar, pensé. Sí..., como adivinándome... pero con diligencia y sin miedo examinaremos bien el rumbo que tomemos en esas situaciones y en todas. Se presentan a diario.
Nuestra vía en esta vida es como ir navegando con una barca por mar abierto. Cada ejercicio que hagamos de virtud y santidad, es como ir en esa barca salvando la marea e ir rebasando remolinos y borrascas para no sucumbir con ella.
¡Todo es muy difícil y duro! ¿Podré yo sola?
Sola no estás nunca, me contestó. 
Gritando:¡¡¡Confianza!!! se marchó




+Capuchino de Silos



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miércoles, 14 de junio de 2017

Con calor de verano.



Calurosa y añil. Así era la tarde. Imposible aspirar la felicidad.
El color frío ayudaba algo mientras miraba la pared que se hacía cada vez más malva, más azul. Iba cayendo la tarde en un beso largo.

Llegaba y se sentaba cansada; ésta vez empapada en sudor oliendo a limpio.

Seguiré con el corazón y cómo encender esa farola, me decía.

A través de nuestra alma, desde la mismísima raíz oculta, hasta lo que mostramos, me decía ensimismada mirando la pared de blanca cal viva, nos conoce Dios. Nosotros, por lo que mostramos externamente, conocemos muy poco lo de dentro. Él entra mucho más allá; donde está los más oculto. También de esas culpas tapadas debemos pedir compasión.
Diré que lo que tenemos por hombre no bueno, es aquel que no es atento y celoso con su conciencia. Son los que no piensan en el juicio que un día llegará, porque tienen los hábitos y costumbres contrarios a los que buscan a Dios y caminan con la mochila cargada de ternura, piedad y misericordia. El que pide consejo al buen samaritano para afinar sus buenas obras y nunca ofender a nuestro Padre. Al más justo, proseguía mirándome con firmeza, le conviene examinar y perfeccionar su comportamiento; siempre, en todo momento. Es una regla para ver y conocer lo que se hace por simple que sea. Si pecas o no pecas; en toda ocasión. Todos somos pecadores. Hay que ser muy estrictos con esto. Todos debemos amar y tomar consejo para perfeccionar nuestro comportamiento. No ser negligente con las cosas de Dios.
Te aconsejo que sondees y afines con fuego buscando lo más oculto, lo tapado, lo que no se ve, aunque no se pueda llegar hasta el fondo. El fondo, fondo, déjaselo a Dios; limpiar con mucho cuidado, lo más simple y sencillo; así haces más preciado el oro; pule, pule, para que del horno de la conciencia se saque el preciado metal más fino, más delicado, más noble.


+Capuchino de Silos








martes, 13 de junio de 2017

La tea divina



Prosiguió su oración diciendo en tono muy bajito como si dialogase con su propio yo.
Hablando espiritualmente, me decía, a Dios le gusta esconderse en lo más secreto del corazón del hombre con las puertas de los sentidos bien cerradas para que la mano del demonio no lo pueda atrapar. No tendría mejor lugar para esconderse que su propio corazón y apartar, cuanto pueda, todo mal, todo pensamiento que pueda ser estorbo para recibirlo con mucha devoción, dar lo mejor de sí. 
Es para entregarle al Padre, es para su Rey. De esta forma correrás apresurada hacia Él que te recibirá con los brazos abiertos. 
Es lo que espera del hombre. Así lo inflamará con su tea divina para que arda fervientemente su alma. Lo arrebatará con la llama del Espíritu Santo divino que se vaciará íntegramente por entero en Él y el deseo de entregarle todo lo que antes había recibido.
Constantemente, el corazón que ama con ternura y misericordia, es atraído por Dios, igual que las bolsas que están vacías son atraídas por cosas para ser ocupada.
Cristo es muy exigente. Lo quiere todo para Sí y tenerlo todo sujeto y bien sujeto para elevar esa alma. Sabe que es la manera de gozar.
Así abrazará el corazón al suyo propio.



+Capuchino de Silos



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domingo, 11 de junio de 2017

El guardián



Pon atención, seguía diciendo, escucha con los oídos del alma y no apartes un solo instante sus benditas palabras y pensamientos que llegan para dar vida y sustancia al espíritu; ellos son como letras que quedan grabadas con piedras preciosas para poder guardarlas con el mayor celo posible; de ellas procede la vida, la revelación celestial, la mejor doctrina; es como la lumbre que resplandece en un lugar oscuro; es la mejor herencia que un padre puede dejar a un hijo. De esos pensamientos o palabras, se puede hacer un bello libro para tenerlo siempre delante y que no sea necesario tener ningún otro. Hay que guardar su enseñanza en el corazón como el guardián hace con el palacio. El guardián lo cerca poniendo tres refuerzos en él: la castidad contra la carne; la limosna contra el mundo y lo más hermoso que existe, el amor, la compasión, la misericordia, la caridad y tantas otras virtudes, contra el demonio, que siempre está al acecho para derribarlo. Así es como el guardián protege su palacio.
Seguía hablando, con cara de preocupación ésta vez; hay que ser como esos guardianes. Ser la defensa férrea, el guardián antipático y fastidioso; proteger con bravura hasta el pasadizo para que nadie ose entrar.
Ese oculto palacio no es otro, decía con ardor, que el corazón.
Mucho cuidado con el pensamiento, prosiguió, que es como la raíz del árbol; si el árbol es bueno, el fruto será bueno; si fuese malo su fruto sería más malo que el mismo diablo. Se requiere mucha atención y tener bien abierto los ojos contra esos espíritus dañinos; hay que cerrarles las puertas con empeño, mucho empeño.

Si el palacio tiene alguna rendija abierta que sea para recibir el aire divino y que se puedan escuchar sus benditos silbidos.



+Capuchino de Silos




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sábado, 10 de junio de 2017

Poner atención



Me hablaba enojada para decir que dejase hablar al corazón y que no me apartase de Dios jamás.
Que nunca, nunca lo hiciese, porque si así ocurría, me quedaría como la mata seca que de nada sirve para morir sin más, ya que no vería ninguna hoja florecer; que el espíritu interior sería tan invisible que iría caminando hacia el precipicio; que cuando el Sol naciese ya no podría verlo porque estaría tan ciega como el que no ve; que jamás podría ver el rocío de la mañana caer sobre sus hojas; que las raíces estarían tan secas como el estanque cuando le falta el agua y que las maldades serían tantas que irían rodando, sin parar, al mismo infierno. La verdad que me asusté.
En caso contrario, decía con regocijo…, si dejas que el Padre te visite, ocuparía, no lo dudes, un rincón en tu memoria; pero para eso la tierra tendría que estar recién abonada y habitable para que pudiese morar este Rey conjuntamente contigo. ¡Sólo los dos!

“¡Ay del hombre que tenga doblado corazón, y del pecador que entra a la tierra por dos caminos!”

Dichosa serás, si el corazón lo guardas para Él y recibes como huésped a tal Señor apartando todos los obstáculos para vivir con Él y sólo para El.



 +Capuchino de Silos



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jueves, 8 de junio de 2017

La misma Voluntad.



Trabajar para el Señor, me decía, era trabajar sin límites de horas. 
Todas las horas debería dedicárselas a Él en paciente y cuidadosa artesanía. Esas horas se llenarían de gozo espiritual, poniendo todo, todo, en sus benditas manos; sabiendo, que, su ayuda, haría nuestro trabajo más bendito y virtuoso. Que su ayuda nos acompañaría en todo instante y sería como un sueño para despertarnos después, en la Eternidad.
Me dijo, que deberíamos estar siempre bajo sus órdenes como buenos soldados, que es lo que somos, ante el superior, el Jefe. Él, sería nuestro Caudillo al despertar, y nuestro colofón, al descansar; obedientes sólo a Su bendito corazón. 
Era la Academia militar Divina; los pasos, como buena hija de militar que soy, siempre, bajo Sus santas y justas órdenes. La abnegación, los sacrificios, los deseos caprichosos que fuesen guardados; bien guardados y olvidados. La recompensa era: una vida muy superior a las demás y la verdadera felicidad en este mundo y LA VIDA ETERNA. No vivas, me dijo, nada de fantasía, que eso sería caer en un pozo muy negro y vivir una auténtica locura. Si la cumbre era muy alta que tuviese que subir y subir, habría que seguir al Jefe obedeciendo sus consejos que, sin dudar, eran los mejores. Lo más importante sería hacer su divina voluntad, amarla y cumplirla lo más rápidamente posible en una sumisión perfecta; así recogería las flores más preciadas, delicadas y exquisitas que humildemente brotaran de la misma rama.

“Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace”..., para formar una sola voluntad. Que en eso consistía la virtud del alma.



+Capuchino de Silos





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miércoles, 7 de junio de 2017





Sumisión y obediencia.


Siento que mi yo me sermonea y regaña; me habla de calma, de paz y grandeza de espíritu; que no perturbe y malgaste la energía por nada de lo que pueda suceder. En definitiva, que procure ser dócil, sumisa, mansa. Justo lo contrario de lo que mi impulso destila.
Buscar la mesura y la templanza es tener muy domada la ira y dejar el ímpetu a un lado. ¡Vamos!... más que a un lado, ¡tirarlo por la cuneta hasta estrellarlo contra las piedras hasta que pierda, por lo menos, el conocimiento.
Al oído me llega la búsqueda de la dulzura, para que ni siquiera balbucee una letra del sufrimiento, del dolor, de la angustia... Que busque la bondad y la clemencia de ese esfuerzo que llega si se busca cuando lo que quieres es buscar y seguir a Cristo.
Muy al oído: que seas sana de cuerpo y de alma. Que los mansos son de naturaleza sanos; muy sanos. No existe en ellos ni el rencor, ni la provocación. Resisten los golpes y no son heridos; ni se entristecen porque la alegría reina en ellos. Son personas sencillas de corazón, sin ningún doblez; y su rostro lo muestran con la autenticidad del alma que está muy sujeta a su Dios y Señor. De esas almas se dice que “serán bienaventuradas porque ellas poseerán la tierra”.
Y me dijo al oído: si te rindes a la humildad alcanzarás más gracia, y serás “como la verdad comparada al sueño y como el cuerpo comparado a la sombra que hace” ¡Cuánta verdad! Que Dios te defenderá y te vengará de las injurias. Bueno… ¡mira!
También, escucho: que la mansedumbre es huésped de la oración. ¡Otra verdad!. Que son como Marta y María; que juntas reciben en su casa al Señor para mejor servirlo.

Me quedé sumisa con mi blanca perrita en los brazos.



+Capuchino de Silos




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