sábado, 19 de marzo de 2016

Cuando en mi alma se hace el silencio…


Hoy no es como ayer. Ayer hablaba, sonreía; sonreía con esa sonrisa de alma enloquecida, inflamada, llena de ternura. Un amor que llegaba a mi garganta como un grito apagado que permanecía dentro de mí sin poder salir. Nadie, ni nada, era capaz de romper aquella envoltura. Así pasaron horas y horas.

Llegó la tarde, llegó la noche y…hoy, a pesar de ser el día de San José, tan preciado para mí, estoy más que callada. Hay silencio; un silencio que no me deja articular palabra. Si hablara, rompería el silencio que hay en mi alma que es todo un grito sin sonido y sin palabra. Es, como decía Juan Ramón Jiménez, “una música callada”. Una música que canta para ser oída desde dentro; desde ese rincón escondido del alma, con el aroma que me llega sólo a mí. Motivos no me faltan. Son aluviones de recuerdos que de su mano me trajo San José. ¡Bendito sea por siempre!

+Capuchino de Silos

Oración a San José:
A vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y, por el paterno amor conque abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades. Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha con el poder de las tinieblas y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el Cielo la eterna felicidad. Amén.

Papa León XIII

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