domingo, 21 de febrero de 2016

El gran peligro que causan los malos pensamientos.

Debemos guardarnos con toda cautela de los malos pensamientos, que son abominables al Señor, según se lee en los ProverbiosSe llaman así, porque como dice el santo Concilio de Trento, los malos pensamientos, especialmente los que son contra el nono y décimo precepto, causan tal vez más daño al alma y son más peligrosos que el mismo pecado consumado.  Son más peligrosos por muchas razones:Porque los pecados de pensamiento son más fáciles de cometerse que los de obra. A los de obra les falta la ocasión muchas veces; pero los malos pensamientos se tienen aun cuando no haya ocasión. Además, cuando el corazón ha vuelto las espaldas a Dios, está continuamente  queriendo el mal que le deleita, y así comete pecados sin número.
A la hora de la muerte no se pueden cometer pecados de obra, pero pueden cometerse de pensamiento, y es fácil que los cometa quien durante su vida se acostumbró a fomentarlos en su imaginación. Y mucho más entonces, cuando son más violentas las tentaciones del demonio, el cual; viendo que le queda poco tiempo para engañar a aquella alma, la tienta con mayor fuerza y furor, como dice San Juan en el Apocalipsis. Estando San Eleazaro en peligro de muerte, cuenta Surio, que tuvo tales tentaciones y malos pensamientos, que dijo después de haber sanado de la enfermedad; “¡Oh, qué grande es la fuerza del demonio a la hora de la muerte! El santo venció las tentaciones, porque tenía la costumbre de rechazar los malos pensamientos; pero ¡hay de aquellos que se han habituado a deleitarse con ellos! El padre Segneri refiere, que hubo un pecador que se acostumbró mientras vivió a deleitarse con los malos pensamientos: viéndose próximo a la muerte, confesó sus pecados con verdadero dolor; pero se apareció después de su muerte a una persona, diciéndole que se había condenado. Y confesó, que su confesión había sido buena, y que Dios le había perdonado ya; pero que antes de morir, el demonio le representó que sería una ingratitud si curaba de aquella enfermedad, abandonar a cierta mujer que le amaba mucho, Él rechazó esta primera tentación: vino la segunda, y consintió en ella, y ésta fue la causa de haberse condenado para siempre.



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