lunes, 28 de septiembre de 2015

No hay vuelta atrás



El tiempo pasaba volando y se hacía muy corta, cortísima, mi oración ante el Señor. Pensaba en mi misma, en mis sufrimientos; y mi Señor se encontraba allí, sólo, muy sólo, esperando mis rezos, mi acción de gracia, mi ruego de perdón por esa falta de humildad y tanto egoísmo. Nada de lo que tenía que haber sido le estaba llegando.
Breves fueron los minutos siguientes para pedirle piedad y querer sufrir por todos sus dolores y no por los míos, por tanto olvido incluyendo el propio. ¿Qué representaba yo sino mi propio egoísmo? ¡Ay, Dios mío!
En lugar de preocuparme por mis sufrimientos, me hubiese querido preocupar en amarlo, en serle fiel con mis propias miserias y sufrimientos y ponerlos todos a los pies de su bendita cruz.
“Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar al final, venga lo que viniere, sucediera lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare...” Esas palabras de la santa más grande que eran las de Teresa de Jesús llenaban mi alma.
Ese amor debía renovarlo cada día para crecer y crecer hasta convertirlo en un ardor que hiciera temblar todo mi ser para cambiar mi vida sin buscar nada más que la vida eterna.



+Capuchino de Silos


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sábado, 26 de septiembre de 2015

Los 5 hábitos del Padre Pío para las personas que quieren ser santas



1.- Confesión semanal.
"La confesión es el baño del alma. Tienes que ir al menos una vez a la semana. No quiero que las almas se mantengan alejadas de la confesión por más de una semana. Incluso una habitación limpia y no ocupada recoge el polvo; regresa después de una semana y verá que es necesario ¡quitar el polvo de nuevo!"
 2.- Comunión diaria-
"Es muy cierto, no somos dignos de tal regalo. Sin embargo, al acercarse al Santísimo Sacramento en un estado de pecado mortal es una cosa, y ser indigno es otra muy distinta. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Él es quien lo desea. Vamos y humillémonos delante de Él y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor."
3.- Examen de Conciencia al anochecer.
Alguien una vez dijo al Padre Pio que pensaba que un examen de conciencia cada noche era inútil, porque él sabía lo que era el pecado, y cómo este había sido cometido. Para esto, el Padre Pío le contestó: "Eso es bastante cierto. Pero cada comerciante experimentado en este mundo no sólo mantiene un seguimiento durante todo el día de si ha perdido o ganado en cada venta. Por la noche, él hace la contabilidad del día para determinar lo que debe hacer al día siguiente. De ello se desprende que es indispensable hacer un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido, todas las noches"
4.- Lectura espiritual diaria.
"El daño que viene a las almas por la falta de lectura de libros sagrados me hace estremecer...¡Qué asombroso poder tiene lectura espiritual que conduce a un cambio de rumbo, y hace que, incluso, la gente más mundana, entre en el camino de la perfección".
5.- Oración mental dos veces al día.
"Si no tiene usted éxito en la meditación, no se rinda, cumpla con su deber. Si las distracciones son numerosas, no se desanime; haga la meditación de la paciencia, y aún saldrá beneficiado. Decida sobre la duración de su meditación, y no la deje antes de finalizarla, incluso si tiene que ser crucificado. ¿Por qué se preocupa tanto de que no sabe cómo le gustaría meditar? La meditación es un medio para alcanzar a Dios, no es un objetivo en sí mismo.
La meditación tiene como objetivo el amor a Dios y al prójimo. Ama a Dios con toda tu alma y sin reserva, y amarás a tu prójimo como a ti mismo, y usted habrá logrado la mitad de su meditación"


+Padre Pío 



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viernes, 18 de septiembre de 2015

La importancia de un solo pecado





 "No, hermanos míos, no debéis pensar que domináis a la misericordia divina, simplemente porque la falta que ahora cometéis parece pequeña. El último pecado no es siempre el pecado mayor. Además, no podéis calcular cuál va a ser vuestro último pecado en base al número de los que han tenido lugar antes: ni siquiera aunque pudierais contarlos, pues el número varía según la persona. Esta es otra grave consideración. Podéis haber cometido uno o dos pecados, y descubrir que estáis perdidos irremisiblemente, mientras que otros que han faltado más veces no lo están. La causa solo es conocida por Dios, que muestra misericordia y concede su gracia a todos, y que muestra mayor misericordia y concede más gracia a un hombre que a otro. 
El Señor da a todos gracia suficiente para su salvación; a todos concede más de lo que tienen derecho a esperar, pero concede a algunos más que a otros. Nos dice El mismo que si los habitantes de Tiro y Sidón hubieran visto los prodigios realizados en Corozaín, habrían hecho penitencia. Es decir, habría algo que podía haberlos convertido, y no se les concedió. Hasta que no consideremos esto, no podremos alcanzar una idea correcta del pecado en sí mismo, y de nuestro destino si vivimos en él. Así como Dios establece para cada hombre la medida de su estatura, las características de su mente, y el número de sus días, que no son iguales para todos, dispone también que un hijo de Adán viva un día y que otro cumpla ochenta años; que un hombre llegue a su pecado numero ochenta y que otro cometa solamente el primero. No sabemos por qué ocurre así, pero es similar a lo que se verifica en asuntos humanos sin provocar sorpresa alguna.
A veces entre dos condenados por la justicia, uno logra el perdón y el otro es entregado al cumplimiento de la pena; y esto se hace donde nada invita a elegir entre la culpabilidad de uno o de otro, y las razones que determinan la diferencia de trato son puramente accidentales y externas a los dos individuos. Del mismo modo oímos a veces como se diezman prisioneros, es decir, cómo se procede a ejecutar uno de cada diez, y se deja el resto. Así sucede, salvadas las distancias, con los juicios de Dios, aunque no podemos averiguar sus razones. El Señor no está obligado a librar a ningún pecador. Podría sentenciar a todos.
Lo indico solamente para mostrar cómo nuestros criterios de justicia aquí abajo no eliminan diferencias con el tratamiento dispensado a unos hombres o a otros. El creador concede tiempo a un hombre para que se convierta, y se lleva a otro mediante una muerte repentina. Permite que uno muera en los últimos sacramentos, mientras que otro muere sin un sacerdote que reciba su imperfecta contrición y lo absuelva. Uno muere perdonado y el otro tal vez no. Nadie es capaz de predecir lo que ocurrirá en su propio caso. Nadie puede prometerse tiempo seguro para el arrepentimiento, o que, si dispone de tiempo, se verá movido sobrenaturalmente a Dios, o que tendrá un sacerdote que le absuelva.
¿Quiénes somos para que Dios aguarde por más tiempo nuestro arrepentimiento, cuando no esperó a juzgar a quienes pecaron menos que nosotros?"


+John Henry Newman.



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