domingo, 25 de enero de 2015

SANTA MISA




"A la hora de tu muerte, tu mayor consolación serán las Misas que durante tu vida oíste.
Cada Misa que oíste te acompañara al Tribunal Divino y abogara para que alcances perdón.
Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en proporción con el fervor que la oigas.
Con la asistencia devota a la Santa Misa rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor.
La Santa Misa bien oída suple tus mayores negligencias y omisiones.
Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados veniales que estas resuelto a evitar, y muchos otros que ni siquiera te acuerdas. Por ella pierde también el demonio el dominio sobre ti.
Ofreces el mayor consuelo a las ánimas benditas del Purgatorio.
Una Misa oída mientras vives te aprovechara mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de tu muerte.
Te libras de muchos peligros y desgracias, en los cuales quizás caerías si no fuera por la Santa Misa. Acuérdate también de que con ella acortas tu purgatorio.
Con cada Misa aumentas tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el Cielo.
Durante la Misa de arrodillas en medio de una gran multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia.
Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.
Cuando oímos Misa en honor de algún Santo Particular, dando a Dios gracias por los favores pedidos a ese Santo no podemos menos de ganarnos su protección y especial amor, por el primer gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue.
Todos los días que oímos Misa estaría bien que, además de las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al santos del día"


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martes, 20 de enero de 2015

Siempre atiende




Justamente en este pasado Diciembre y aproximadamente en esas mismas fechas cuando desapareció de mi ordenador todo lo que había en el disco duro, aparece mi diario -inesperadamente, todavía no me lo creo- después de dos años perdidos y buscado hasta la saciedad. ¡Bendito mi protector San José! Nunca me abandona. Nunca me abandonó.
El resto lo recuperé a los pocos días porque mi informático es un auténtico 'fiera'.
Curiosamente llevo invocándole para otras cuestiones, pero aquellas oraciones no fueron olvidadas. Éstas de ahora, de ayer, de hoy, de mañana, también serán atendidas. No lo pongo en duda. Lo digo con entera seguridad.

+Capuchino de Silos