lunes, 28 de diciembre de 2015

Mi Niño-Dios



A lo largo del día, en estos de Navidad, me acerco al belén que tenemos puesto en casa y beso al Niño-Dios que reposa en su cuna. Su manita derecha la tiene pegadita a su boca como queriéndonos dar un besito al aire que a mí, en todo momento, me llega; parece como que dijera: ¡acércate más!, ¡no te alejes de mí! Y como cualquier figurita del belén me quedo mirándolo y no me alejo. Le pido que todos los días del año esté tan cerca de mí como hoy; como en ese momento, como todos los momentos, como aquellos en que los pastores, arrodillados, le amaban y le glorificaban en la noche y en la mañana.

Pero, ¡ay, la maldad del hombre! El rey Herodes quiso acabar con aquella criaturita recién nacida que nacía colmada de Luz en un mundo lleno de oscuridad y tiniebla.

Pero, ni pudo con Él, ni podrá ahora tampoco. Porque ese Niño no era un niño cualquiera. ¡Era el Niño-Dios!


+Capuchino de Silos




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