viernes, 18 de diciembre de 2015

Amistad de siempre.




Mi muy queridísima amiga:
¡Cuánto tiempo ha pasado desde que nos conocimos!
¡Una vida entera almacenando celosamente el cariño y los recuerdos de una profunda y verdadera amistad!
Días que pasaron, algunos tristes, otros tan alegres como era la juventud que teníamos entonces que hacía que viviésemos felices pensando en conservar en nuestros corazones el cariño que nos teníamos y que duraría hasta siempre; hasta hoy. Ya, en el crepúsculo de nuestras vidas.
Hoy quiero desearte con palabras de Juan Ramón Jiménez, “…una paz tan blanca, tan bella y cálida como la caída de la nieve”. Esa paz que siempre ha brillando en tu corazón como la mejor estrella.
La inquietud, la preocupación, el obstáculo…, y tantos males que pueden sobrevenir de un alma que no es buena, nunca los he vivido estando a tu lado. Sin embargo, la alegría, la riqueza espiritual, la nobleza, la belleza interna… el mayor bien que puede recibir un ser humano, ¡todo eso! lo recibiste tú sin haberlo pedido y ha sido el mejor tesoro que te ha acompañado siempre.
Tu corazón nunca ha estado alborotado. En él se puede caminar sin temer ningún peligro porque eres dueña de una armonía gozosa y ordenada donde nada turba e inquieta a nadie. ¡Qué señales tan hermosas dónde únicamente moran los mejores frutos de un corazón grande y puro como el tuyo!
Un corazón que nunca ha ambicionado honores y distinciones. Un corazón paciente y sufridor en las contrariedades que no se deja llevar por ningún desaliento como el que puedes estar sufriendo en estos momentos. Un corazón como el tuyo tiene que tener esa paz preciosa en su interior, pues naciste para contagiar con tu mansedumbre a todas las personas que han pasado y pasan por tu vida; por eso tienes alrededor a tantos y tantos amigos que te quieren, y entre los yo también me quiero encontrar.

Tu amiga de siempre,


+Capuchino de Silos


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