martes, 23 de junio de 2015

Volar... muy alto




Me había quedado sola y deseaba que llegara el momento para disfrutar de mi rincón favorito; ver las nuevas golondrinas que habían llegado y anidado mucho antes que otros años y oír su gorjear. Conté hasta dieciocho posadas en el cable de la luz que va desde casa a mi estudio sin contar con las que había en los dos nidos del garaje. Las adultas volaban de un lado a otro con un aleteo nervioso y rápido y un modular diferente llamando a las pequeñas que seguían posadas sin hacer ningún gesto para marcharse.

Oh Espíritu Santo, yo también necesitaría volar...muy, ¡muy alto! Tan alto como ellas y escuchar tus llamadas con toda claridad para que puedan quedar selladas en mi alma como una auténtica lluvia de dones.

+Capuchino de Silos