domingo, 7 de junio de 2015

Ayer, hoy...




...llegaba a mis manos su divino mandamiento y de él se abría un manto que, de nuevo, me envolvía y me daba calor. Tenía ante mí la única verdad que me enamoraba quedando prendida mi alma; era la más bella fuente en la que podía beber de sus exquisitas aguas. No era posible escoger otras que no fuesen aquellas para alcanzar todos los encantamientos que su Amor ofrece. ¡Qué poderosos son sus sorbitos! Al beber, aunque sólo fuese un pequeño traguito, mi alma se rinde por completo a Él. Por el que murió por mí, por ti, por todos.

+Capuchino de Silos



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