martes, 17 de marzo de 2015

...y no poner obstáculos.


Escuchaba ayer en el retiro cuaresmal que había que hacer un esfuerzo para renovarse en este tiempo de tanta gracia que regala el cielo. Automáticamente comparé mi corazón con el campo que tiene su propia armonía rítmica y su paisaje colorista. Como hace con el campo, alguien muy especial impulsa los latidos necesarios a mi corazón para que la cadencia musical que vive en él, de paso a la luz de la gracia y quede renovado cada mañana, igual que hace con el campo. Como en ese paisaje de colores, mi corazón no tiene dos días iguales. Es el cielo quien riega y cuida esa pequeña gran parcela. Mi corazón, como el campo, tiene un intensísimo dinamismo en sus entrañas, y es el mismo Dios quien lo abraza y mima para que nada le falte. ¡Él está tan, tan cerca! Le importa tanto ese rinconcito, que hace de él un paisaje diferente cada día con una sola condición: que esté dispuesta a dejarme cultivar.


+Capuchino de Silos  




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