martes, 3 de febrero de 2015

Sigue,



sigue el frío, pero aquí donde vivo no llega la nieve. No podemos soñar ni disfrutar con ese velo blanco lleno de pureza que lo cubre todo. ¡Lástima! No se debería perder esa inclinación natural que nos lleva a disfrutar de todas las grandes y pequeñas cosas por ínfima que éstas sean. Sí, no se debería perder, y aún en los peores momentos de nuestra vida, deberíamos tener un pequeño resquicio por donde escapar para dar riendas sueltas a ese deseo irrealizable, a esa esperanza, a ese pequeño gran sueño. Cualidad que puede ser para algunos,  y un defecto para otros. Lo que sí es verdad es que esa ilusión para “volar” debería vivir entre nosotros sin que tengamos que tener en cuenta la realidad.
Hoy, navegando por internet, me encontré con ésta preciosa casita de madera que la nieve vistió de blanco por entero. Ya en primavera mostrará otro aspecto igualmente bello y descubrirá esplendorosamente toda su belleza y todo su color; ahora, sigilosamente lo guarda en su interior como un auténtico tesoro.
Los cimientos de la casa son los propios árboles. La sostienen en vilo y la mantiene en volandas, casi en el aire, como si de una maravillosa leyenda se tratase.
Es casi seguro, que quien la realizara era una persona fantasiosa, romántica, que ama el silencio, sueña y que hizo posible sus más bellos deseos.

+Capuchino de Silos



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3 comentarios:

  1. Hola Capuchinos, hace tiempo que no llego a tu blog, pero como siempre, me llena de paz y armonías lo que escribes... yo de pequeña nunca supe lo que era nevar, y una vez que pisé la nieve, me cautivo el sonido de mis pies sobre ella, el blanco purisimo, la sensación virgen que dejaban la huella de mis pasos, yo marcaba el camino que quería... Esa casita que has puesto aunque sea invierno por fuera, guarda dentro la calidez del amor con la que fue hecha y en primavera el sol la llenará de luz y calor.

    Un abrazo con cariño. Ángeles.

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  2. Soñar nos lleva a realizar, por eso no dejemos de soñar!
    Abrazos...

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  3. Estimada Capuchino de Silos, aquí, donde yo vivo sí que ha amanecido con un ligera capa blanca. Un pequeño milagro que me ha permitido soñar en silencio durante estas horas matinales.
    Y sí, las personas capaces de crear y soñar cosas tan bellas como el construir esa casita entre los árboles, son realmente afaortunadas y tocadas por la mano de Dios, para fortuna de ellos y de quienes podemos disfrutar de su arte.

    Feliz día y un gran abrazo.

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