lunes, 28 de diciembre de 2015

Mi Niño-Dios



A lo largo del día, en estos de Navidad, me acerco al belén que tenemos puesto en casa y beso al Niño-Dios que reposa en su cuna. Su manita derecha la tiene pegadita a su boca como queriéndonos dar un besito al aire que a mí, en todo momento, me llega; parece como que dijera: ¡acércate más!, ¡no te alejes de mí! Y como cualquier figurita del belén me quedo mirándolo y no me alejo. Le pido que todos los días del año esté tan cerca de mí como hoy; como en ese momento, como todos los momentos, como aquellos en que los pastores, arrodillados, le amaban y le glorificaban en la noche y en la mañana.

Pero, ¡ay, la maldad del hombre! El rey Herodes quiso acabar con aquella criaturita recién nacida que nacía colmada de Luz en un mundo lleno de oscuridad y tiniebla.

Pero, ni pudo con Él, ni podrá ahora tampoco. Porque ese Niño no era un niño cualquiera. ¡Era el Niño-Dios!


+Capuchino de Silos




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viernes, 18 de diciembre de 2015

Amistad de siempre.




Mi muy queridísima amiga:
¡Cuánto tiempo ha pasado desde que nos conocimos!
¡Una vida entera almacenando celosamente el cariño y los recuerdos de una profunda y verdadera amistad!
Días que pasaron, algunos tristes, otros tan alegres como era la juventud que teníamos entonces que hacía que viviésemos felices pensando en conservar en nuestros corazones el cariño que nos teníamos y que duraría hasta siempre; hasta hoy. Ya, en el crepúsculo de nuestras vidas.
Hoy quiero desearte con palabras de Juan Ramón Jiménez, “…una paz tan blanca, tan bella y cálida como la caída de la nieve”. Esa paz que siempre ha brillando en tu corazón como la mejor estrella.
La inquietud, la preocupación, el obstáculo…, y tantos males que pueden sobrevenir de un alma que no es buena, nunca los he vivido estando a tu lado. Sin embargo, la alegría, la riqueza espiritual, la nobleza, la belleza interna… el mayor bien que puede recibir un ser humano, ¡todo eso! lo recibiste tú sin haberlo pedido y ha sido el mejor tesoro que te ha acompañado siempre.
Tu corazón nunca ha estado alborotado. En él se puede caminar sin temer ningún peligro porque eres dueña de una armonía gozosa y ordenada donde nada turba e inquieta a nadie. ¡Qué señales tan hermosas dónde únicamente moran los mejores frutos de un corazón grande y puro como el tuyo!
Un corazón que nunca ha ambicionado honores y distinciones. Un corazón paciente y sufridor en las contrariedades que no se deja llevar por ningún desaliento como el que puedes estar sufriendo en estos momentos. Un corazón como el tuyo tiene que tener esa paz preciosa en su interior, pues naciste para contagiar con tu mansedumbre a todas las personas que han pasado y pasan por tu vida; por eso tienes alrededor a tantos y tantos amigos que te quieren, y entre los yo también me quiero encontrar.

Tu amiga de siempre,


+Capuchino de Silos


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sábado, 5 de diciembre de 2015

Adorando





Deseo estar allí en ese instante de única emoción. Lo desea mi alma que espera dulcemente el momento más hermoso. Y llega cuando aparece pausadamente haciéndose Cristo y brillando sobre el altar lleno de ángeles que se inclinan adorándolo.  Cuando se hace presente entre nosotros me quedo helada de ardor, y sin pensar me inclino emocionada por estar tan cerca de ese Cielo estrellado que en un instante irradia más luz que el propio día.  

+Capuchino de Silos



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miércoles, 11 de noviembre de 2015

En la gloria de la iglesia.



El mes de noviembre se presta a pensar en la muerte; y en los difuntos; y en tus propios que los tienes más presente en tus rezos un día tras otro.
Pensando en ellos estaba, cuando de repente me vi muerta. Me vi en ese último día de mi vida en el que el Señor me llamaba para presentarme ante Él. Es curioso, no me dio miedo morirme; sin embargo, había una cosa que me entristecía bastante. Me veía muerta pero no quería verme de por vida en un cementerio. ¡No! No quería verme en un cementerio. Oh ¡qué horror!
Ya hace años sembré un ciprés en el jardín de casa por si llegaba el momento; pero no... Nunca me pareció sensato quedarme en ese lugar.  El ciprés creció y creció y está precioso, está  grandioso, subiendo las dos plantas de la casa; pero no. La casa con el tiempo se vendería y a lo mejor me tiraban a un estercolero. ¡Qué sé yo! No era el mejor lugar. No.
Y es que un cementerio es tristísimo; es muy triste de por sí, por eso no quiero ir allí; además, un cementerio es muy gris y el color gris nunca me gustó. Blanco o negro, pero gris, nunca. Había otra cosa: el que visita un cementerio llega sin vida o el que llega con ella, llega llorando acompañando al difunto; y me daba mucha tristeza, ¡mucha! ver el sufrimiento de mi gente que sufriría, digo yo, al separarse de mí. ¡No! Al cementerio: no.
La cosa es que no me veía de esqueleto deslucido durmiendo el sueño de los justos en un lugar tan triste.
Y como soñar no cuesta nada, quise de momento, que me llevasen para siempre a una iglesia.
Una iglesia era un perfecto lugar para quedarme de por vida porque es alegre. En ella hay Misas, bautizos, comuniones, bodas, confesiones, y lo más importante: siempre estás con Dios nuestro Señor.
También había una cosa más: yo no sé dónde voy a ir cuando muera: ¿al Infierno?, espero no ir ni de visita. ¿Al  Purgatorio? ¡Eso es lo más posible!; pero en una iglesia tenía la seguridad de estar con Dios siempre, siempre, siempre, a no ser que se hundiera o la quemasen como antaño, pero iba a estar al lado de Dios gustase o no a San Pedro.
Sería incinerada, eso sí, para no ocupar espacio. El espacio, hoy día cuesta mucho dinero que yo, ahorrado, no dispongo. Tengo un sueldo pequeño mensual que me da mi marido y con él tengo un pequeñito ahorro. Lo entregaría íntegramente y mi sueldo seguiría corriendo a la parroquia mes a mes hasta que muriese el párroco. Eso lo tendría que puntualizar bien en el testamento y con la opinión del cura párroco que, generalmente, es duro de roer.
Tendrían que levantar una loseta, delante del altar del Niño Jesús y cuidadosamente me guardaran en el hoyito; que echaran cemento encima y sólo bastaría terminar el trabajo con una cruz griega si la loseta fuese cuadrada y si rectangular, con cruz latina. Sin más. Así de fácil.
Feliz estaría de pensar que de cuando en cuando alguien al “pisarme” rezara un poquito y yo, mientras tanto, feliz con el Señor en la gloria de la iglesia.




+Capuchino de Silos



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viernes, 30 de octubre de 2015

Cómo iba a dejar de amarlo...



¡...si llegaba el consuelo reparador como un regalo caído del mismo cielo! ¿Para qué desear lo terreno si se podía alcanzar lo más alto?  Era un bálsamo que purificaba las rendijas más íntimas; llegaba, y ninguna cosa más quería. Todo quedaba limpio y nada más faltaba; así que no había que desesperar. Sí, esperar, confiar y seguir esperando y sirviendo; ¿hasta dónde?  Hasta lo más insignificante que nos pudiera parecer. Era alcanzar lo que creías no podías ganar nunca. No era difícil, pues alguien empujaba y empujaba, y te ayudaba hasta conseguir la meta deseada. Nada era más fácil.Todo se ganaría si todo lo dejábamos en sus manos. Cualquier cosa, por importante que fuese, sería nada si no contábamos con Él para recibir ese prodigio divino que nos llega como regalo. Si desechábamos todo, ganábamos  lo que creíamos que estaba fuera de nuestro alcance para ganar lo más grande.  
El Sol sale para todos igual, pero, ¿nos paramos un minuto para darnos cuenta que el Sol sale para todos igual? ¿Nos damos cuenta que brilla con todo su esplendor iluminando nuestros más íntimos recovecos? Con ese sol, el auténtico Sol, todo se hace claridad; queda nuestro hogar transparente y nítido como el cristal más hermoso recién hecho; con tanta luz que brilla como el mismo oro. Es su amor que se derrama a manos llenas para que entendamos ese bello milagro y sus más profundas verdades. ¡Bendito sea!



+Capuchino de Silos
 


miércoles, 21 de octubre de 2015

¡Cómo iba a dejar de amarte!



No quería más que su infinita gracia para hacerlo. Al paso iría recogiendo todos esos pequeñitos tesoros que van apareciendo en mi jardín para entregárselos. ¡Qué horrible hubiera sido no haberle podido dar  nada! Deseaba recibirle en mi pequeña casa toda limpia y desempolvada; retirando y desechando lo inútil e innecesario. Que fuese un lugar diferente y radiante. Quería desligarme de todas las cosas terrenas, cosa bastante difícil para una pobre soñadora de deseos todos mundanos. Lo más insignificante puede ser especial para mí. Oh Dios mío, cómo podría depositarte mi casa, mi jardín para hacerlo firme como una roca y que no pudiera hundirse en el fango y en la miseria.
Todo fue serenidad, sosiego, silencio y dulzura cuando lo recibí; nada entorpecía esos deliciosos minutos. Cuando se obedece, todo llega y deleita como el mejor manjar.




+Capuchino de Silos


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