miércoles, 17 de diciembre de 2014

Canto sin cantar.



No lo esperaba, pero me llegó el constipado. Con mucha fiebre y una tos aburridísima  que despierta a mi marido en la noche. ¡Pobre! Y me acuerdo del día que nos casamos... “en la salud y en la enfermedad...” ¡Sí! Eso es así, y espero que lo siga siendo por muchos años. No me quiero separar de él; ni en estos momentos tan molestos  para los dos. También me acuerdo del pobre cura de la parroquia que oficia la Santa Misa. Hace unos días el pobre estuvo más o menos como yo y aun así celebraba con un recogimiento que sobrecogía y que elevaba sus oraciones a Nuestro Señor en todo instante. Es verdad que el Señor lo tiene bien sujeto de la mano.
Anoche, en ese molesto letargo que da el resfriado, me preguntaba cómo estaría la luna el día del nacimiento de nuestro Niño, porque la luna es la verdadera luz que refleja el Sol que nos va a nacer dentro de unos días. 
Ahora, de nuevo, el pajarillo que cada día ronda por el jardín me trae en su pico ese canto que necesito para poderle rezar. Lo dejo a los pies del Niño.

Y cada día
dejándome descansar
sigo amando.




+Capuchino de Silos




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