sábado, 29 de noviembre de 2014

En Adviento


Tu voz me llega clara y ¡tan velada!
que prendes la llama que en mí habita.
Sí, celeste amor, disfruto de contento;
ni bosquejo la calzada, ni musito,
sin ver nada, sigo el sueño con ensueño.

Me hablas, sí, me hablas poco a poco
esplendorosa señal como destello,
brillante, radiante, dorada estrella;
atrápame el albor, atrápame la cruz,
que salva, que redime y me desata.

 
+Capuchino de Silos


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