viernes, 17 de octubre de 2014

¡Ah secreto!



Mientras tanto, una extraña devoción iba surgiendo dentro con mil rezos cargados de dolor y llanto, de mezcla azucarada y sonar a música, que calmaba el alma de baladas cargadas de dolencia.
Andaba ya descalza y en buena compañía.
Abrigada la tristeza sobrevolaba el mar llenándolo de lágrimas. Era una paz envolvente que calentaba mi hogar de las heladas del invierno.
¡Ah secreto! Volvía a caminar por valles eternos cargados de fuerza donde el viento del sur, cálido y ardiente, llamaba a mi ventana. De nuevo, como tantas veces, lo encontraba y secaba sigilosamente la lluvia que llenaba mi rostro.
Me mostraba su eterna misericordia. ¿No era sino Dios?

+Capuchino de Silos 


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