viernes, 6 de junio de 2014

Sobre fines y medios

Me ha parecido tan oportuno el texto que le he pedido permiso a su dueño para copiarlo

"En estos días previos a Pentecostés —que constituyen la novena madre de todas las novenas— la Iglesia pide que venga el Santo Espíritu divino. Lo pide de mil modos, con cientos de matices y gran variedad de formatos. Todos lo pedimos: ¡Ven Espíritu, ven!

Pero.

Las súplicas suelen, más o menos, emplantillarse en una estructura genérica que se forja así: Te pedimos, Señor, que envíes desde el Cielo tu Espíritu para que ……….. y en esos puntitos se completa la súplica. Para que nos inflame en el amor divino, para que nos ilumine con un rayo de su Luz, para que enderece lo torcido, caliente lo frío, gracilice lo rígido y larguísimo etcétera. Y esto es fabuloso.

Pero.

Pero el peligro es que el flujo de la súplica vierta todas sus aguas hacia el circunstancial de fin de la oración: para que tal cosa. Y torne así el pedido del Espíritu instrumental, funcional a eso. Y no un fin en sí. Como en la vida cotidiana podemos pedirle a un tercero: ¿podrás mandarlo a Fulano para que me arregle el calefón? Toda la fuerza gravitatoria, la fuerza intencional recae sobre la acentuada ó de calefón. Fulano es grave.

Y eso es grave.
Es bueno que en estos días caigamos en la cuenta de que “la adquisición del Espíritu Santo de Dios” —en nevada y feliz expresión de san Serafín— no es medio: es fin. No es medio: es fin. De nuevo: no es medio: es fin. Es el fin más final que cabe imaginar. Es aquello más allá de lo cual, nada. Es la estación terminal del tren. Es el fondo inescarbable de todo cuanto el hombre puede suplicar, anhelar, desear, suspirar, pretender, buscar, procurar.

Pues antes y más que ser Dador de dones es Él mismo el Don, su nombre más propio. Y para ese fin de amor hemos sido creados: para adquirir el Espíritu Santo.
De algún modo vale invertir todas las plegarias (sin por eso creer erróneas su versión usual, aclaro), y pedirle a Dios que emita desde el Cielo un rayo de luz para adquirir el Espíritu Santo; que nos otorgue descanso y tregua en la fatiga para adquirir el Espíritu Santo; que lave lo sórdido, riegue lo reseco, sane lo enfermo… para adquirir el Espíritu Santo. Pues el repliegue de la Presencia de su Persona en lo íntimo del corazón de sus fieles es el Bien Absoluto, sinsuperable, inmejorable, inaumentable.

Envíalo, Señor Jesús: no nos dejes huérfanos; danos Tu Espíritu. Y eso nos basta. Que venga a nosotros y con nosotros permanezca hasta Tu retorno. Amén."

Diego De Jesús



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